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Por Lluís Amiguet
La Vanguardia
Tengo 63 años: lo peor de hacerte mayor
es que das por seguras demasiadas verdades: es
cuando necesitas nuevas preguntas. Nací
en Derby: mi padre mecánico me regaló
un juego de química... Y aún me
divierte jugar. Casado, cuatro hijos; uno, tetrapléjico
por un accidente, me anima a seguir investigando.
Participo en el Campus Excelencia
-¿La investigación se puede planificar?
- Si yo fuera ministro de Ciencia, buscaría
a gente entusiasta con proyectos interesantes;
les daría el dinero justo para que no pudieran
hacer nada más que investigar y les dejaría
trabajar diez años para sorprendernos.
- Parece una buena política.
- Se suele creer que, para llegar muy lejos, tienes
que apoyar la investigación básica;
pero si quieres resultados más inmediatos
y rentables, debes apostar por la aplicada...
- ¿Y no es así?
- A menudo, los descubrimientos más rentables
se han hecho a partir de preguntas muy básicas.
Así nació la gigantesca y billonaria
industria biotech estadounidense para la que trabajo.
- ¿Cómo nació?
- La biotecnología surgió cuando
gente apasionada se empezó a preguntar
si podría clonar genes y empezó
a estudiarlos y a intentar purificarlos.
- Toda una aventura.
- Sí, pero nadie esperaba hacerse rico
con esas preguntas. Era difícil obtener
fondos para investigar las respuestas hasta que
Nixon lanzó la guerra contra el cáncer
en 1971.
- ¿Fue científicamente productiva?
- Permitió, con una enorme cantidad de
fondos públicos, mucha investigación,
como la mía, que no servía directamente
contra el cáncer, pero fue útil
para entender los mecanismos que permiten la vida.
- ¿Qué descubrió usted?
- Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por
el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico
y el mecanismo de gen splicing (empalme de genes).
- ¿Para qué sirvió?
- Ese descubrimiento permitió entender
cómo funciona el ADN y, sin embargo, sólo
tiene una relación indirecta con el cáncer.
- ¿Qué modelo de investigación
le parece más eficaz, el estadounidense
o el europeo?
- Es obvio que el estadounidense, en el que toma
parte activa el capital privado, es mucho más
eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular
avance de la industria informática, donde
es el dinero privado el que financia la investigación
básica y aplicada, pero respecto a la industria
de la salud... Tengo mis reservas.
- Le escucho.
- La investigación en la salud humana no
puede depender tan sólo de su rentabilidad
económica. Lo que es bueno para los dividendos
de las empresas no siempre es bueno para las personas.
- Explíquese.
- La industria farmacéutica quiere servir
a los mercados de capital...
- Como cualquier otra industria.
- Es que no es cualquier otra industria: estamos
hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las
de nuestros hijos y millones de seres humanos.
- Pero si son rentables, investigarán
mejor.
- Si sólo piensas en los beneficios, dejas
de preocuparte por servir a los seres humanos.
- Por ejemplo...
- He comprobado como en algunos casos los investigadores
dependientes de fondos privados hubieran descubierto
medicinas muy eficaces que hubieran acabado por
completo con una enfermedad...
- ¿Y por qué dejan de investigar?
- Porque las farmacéuticas a menudo no
están tan interesadas en curarle a usted
como en sacarle dinero, así que esa investigación,
de repente, es desviada hacia el descubrimiento
de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican
la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría
que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.
- Es una grave acusación.
- Pues es habitual que las farmacéuticas
estén interesadas en líneas de investigación
no para curar sino sólo para cronificar
dolencias con medicamentos cronificadores mucho
más rentables que los que curan del todo
y de una vez para siempre. Y no tiene más
que seguir el análisis financiero de la
industria farmacológica y comprobará
lo que digo.
- Hay dividendos que matan.
- Por eso le decía que la salud no puede
ser un mercado más ni puede entenderse
tan sólo como un medio para ganar dinero.
Y por eso creo que el modelo europeo mixto de
capital público y privado es menos fácil
que propicie ese tipo de abusos.
- ¿Un ejemplo de esos abusos?
- Se han dejado de investigar antibióticos
porque son demasiado efectivos y curaban del todo.
Como no se han desarrollado nuevos antibióticos,
los microorganismos infecciosos se han vuelto
resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez
había sido derrotada, está resurgiendo
y ha matado este año pasado a un millón
de personas.
- ¿No me habla usted del Tercer Mundo?
- Ése es otro triste capítulo: apenas
se investigan las enfermedades tercermundistas,
porque los medicamentos que las combatirían
no serían rentables. Pero yo le estoy hablando
de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura
del todo no es rentable y por eso no investigan
en ella.
- ¿Los políticos no intervienen?
- No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los
políticos son meros empleados de los grandes
capitales, que invierten lo necesario para que
salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran
a los que son elegidos.
- De todo habrá.
-Al capital sólo le interesa multiplicarse.
Casi todos los políticos - y sé
de lo que hablo- dependen descaradamente de esas
multinacionales farmacéuticas que financian
sus campañas. Lo demás son palabras...
Gentileza
de C J Lazor clazor@ciudad.com.ar
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