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La querella apeló hoy la resolución
de la jueza federal María Romilda Servini
de Cubría, que el viernes pasado sobreseyó
a las autoridades del Instituto de Menores Manuel
Rocca por la muerte del niño Germán
Medina. "Decir, como argumenta la jueza,
que no hay responsabilidad alguna porque se cumplieron
los reglamentos, memorandos y resoluciones administrativas,
porque se actuó conforme a la rutina, es
avalar que se encierre a su suerte en un calabozo
sin ventanas a un chico enfermo, para esperar
que se muera, así hay un expediente menos
y una celda libre para encerrar a otro",
dijo María del Carmen Verdú, abogada
de CORREPI que representa al padre de Germán,
José H. Medina.
Germán
Humberto Medina (16) estaba internado en el Instituto
Rocca a la espera de una plaza en alguna institución
terapéutica. No tenía causas penales
en trámite, sino una causa tutelar a raíz
de que sus padres, imposibilitados de pagar atención
privada, pidieron ayuda al juez federal de Morón,
Dr. Castelli. El juez remitió al chico
al Instituto con un oficio pidiéndoles
que le dieran especial resguardo, porque los informes
médicos indicaban peligrosidad para sí.
El
11 de enero de este año, Germán
amaneció colgando de una sábana
en el interior de la celda de aislamiento donde
lo encerraron "para resguardarlo". Una
asistente social describió al juez, un
mes antes de su muerte, el calabozo: "encontré
al menor en inhumanas condiciones de alojamiento,
en una celda de aislamiento de 3 por 2 m., oscura,
sin luz natural ni aberturas, sin luz artificial
durante el día, con una puerta de metal
ciega, sin más mobiliario que un camastro
sin almohada, con aire enrarecido y olor fuerte
y desagradable. Esas condiciones inhóspitas
ni siquiera serían adecuadas para lugar
de castigo".
Una
celda de aislamiento, un "buzón".
Esa fue la medida de seguridad adoptada para preservar
a un niño enfermo, que la noche anterior
a su muerte, dicen sus compañeros, le saltaban
las lágrimas y no respondía cuando
se le hablaba. El Dr. Badaracco, del Cuerpo Médico
Forense, había dicho apenas un mes y medio
antes que sus facultades mentales no eran normales;
que los análisis de orina comprobaron la
adicción química a la marihuana
y la necesidad de un tratamiento curativo; que
presentaba manifestaciones compatibles con psicosis,
con peligrosidad para sí, por lo que debía
ser ingresado a una institución para pacientes
"duales" (= con patología psiquiátrica
y adictiva a la vez).
La
jueza Servini concluyó que "el obrar
de las autoridades (del Instituto Rocca) no puede
tildarse de ilegítimo", porque hicieron
todo prolija y burocráticamente, respetando
los reglamentos, memorandos y demás normas
administrativas. Claro que recorta del análisis
que un niño de 16 años fue abandonado
en una celda maloliente y oscura cuando sabían
que presentaba una grave patología que
hacía temer por su integridad física
y su vida. A criterio de la jueza, no hubo delito,
porque se respetó la burocracia administrativa
del estado.
Los padres de Germán apelaron la resolución,
patrocinados por la Dra. María del Carmen
Verdú, de CORREPI (Coordinadora contra
la Represión Policial e Institucional),
quien dijo: "Hay responsables por la muerte
de Germán. El estado lo abandonó
para que muriera, y ahora, con este fallo, lo
vuelve a abandonar, confirmando que, para el gobierno
y los jueces, niños como él son
seres descartables".
La
querella sostiene que las actuales imputadas Claudia
de Simone y Liliana Lozano, autoridades del instituto,
no son las únicas responsables de lo ocurrido.
"Ellas
no pueden invocar una inexistente norma de 'obediencia
debida' para eludir su parte de la responsabilidad,
pero también deben ser procesados los funcionarios
de los cargos intermedios del CONAF (Consejo Nacional
de Niños, Niñas y Adolescentes)
y su director Gabriel Lerner, que fueron quienes
dispusieron el"tratamiento" que dieron
al chico".
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