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Danielle Mitterrand, pidió no permitir que el presidente Evo Morales sufra "la misma suerte" Salvador Allende

La ex primera dama de Francia, Danielle Miterrand, afirmó que la "democracia boliviana corre un peligro mortal" y pidió no permitir que el presidente Evo Morales Ayma sufra "la misma suerte" que el ex mandatario de Chile, Salvador Allende.

(ABI).- La ex primera dama de Francia, Danielle Miterrand, afirmó que la "democracia boliviana corre un peligro mortal" y pidió no permitir que el presidente Evo Morales Ayma sufra "la misma suerte" que el ex mandatario de Chile, Salvador Allende.

"Las grandes orientaciones políticas de este Gobierno han sido aprobadas masivamente por referéndum antes de la elección en donde el presidente Evo Morales ganó por más del 50 por ciento de votos. Hoy llamo a nuestros dirigentes y a nuestros grandes órganos de prensa porque las democracias se deben a asistencia mutua", señala un comunicado publicado este domingo.

La viuda del ex presidente francés Francoise Miterrand, y también presidenta de la Fundación France Libertés, activista de causas sociales, defiende en la solicitada las reformas y el proyecto constitucional impulsado por Morales y critica a sus opositores.

Miterrand remarcó que una nueva Constitución en Bolivia es necesaria porque la actual data de 1967, una época en que las poblaciones indígenas "vivían totalmente excluidas de toda ciudadanía".

También aseguró, que en las regiones ricas del país, como Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, renacen "amenazas separatistas", pero además estas "rechazan el juego democrático y no quieren pagar por las regiones pobres".

Señaló que grupos "de activistas neofascistas y bandas de paramilitares subvencionadas por la gran burguesía y ciertos intereses extranjeros, instalan un clima de miedo en las comunidades indígenas". También indicó que la desinformación puede "matar" la democracia y rechaza que Evo Morales sea calificado como un "dictador" o esté a la cabeza de "un sindicato de traficantes de cocaína".

¿Vamos a esperar que Evo Morales corra la misma suerte que Salvador Allende para llorar sobre la tumba de la democracia boliviana?", cuestiona Miterrand en su comunicado, citado por Efe, al remarcar que la "democracia vale para todos o no vale para nadie"


Carta abierta a los dirigentes europeos Por Danielle Mitterrand (*)

Tal como Europa lo ha aprendido y cruelmente pagado, la democracia necesita ser vivida sin cesar, reinventada, defendida tanto en el interior de nuestros países democráticos como en el resto del mundo.

Ninguna democracia es una isla. Las democracias se deben asistencia mutua. Hoy hago, por eso, un llamado a nuestros dirigentes y a nuestros grandes órganos de prensa: sí, lo afirmo, la joven democracia boliviana corre un peligro mortal.

En 2005, un presidente y su gobierno son ampliamente elegidos por más de 60 por ciento de los electores, a pesar de que una gran parte de sus electores potenciales, indígenas, no están inscritos en las listas electorales, puesto que ni siquiera poseen estado civil.

Las grandes orientaciones políticas de este gobierno fueron masivamente aprobadas por referéndum antes incluso de esta elección, y, en especial, la nacionalización de las riquezas naturales en vistas de una mejor redistribución, así como la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

¿Por qué es indispensable una nueva Constitución? Por la razón muy simple de que la antigua data de 1967, cuando, en América Latina, las poblaciones indígenas (representaban en Bolivia 75 por ciento de la población) se hallaban totalmente excluidas de cualquier ciudadanía. Los trabajos de la Asamblea Constituyente boliviana han sido, desde sus orígenes, constantemente trabados por las maniobras y el boicot de las antiguas oligarquías, las cuales no soportan perder sus privilegios económicos y políticos.

La oposición minoritaria extrema el cinismo hasta disfrazar su rechazo a la sanción de las urnas bajo la máscara de la defensa de la democracia. Reacciona con el boicot, las agresiones en la calle, la intimidación de los responsables electos, en la estricta continuidad de las matanzas perpetradas a civiles desarmados por el ex presidente Sánchez de Lozada en 2003, quien, por otro lado, sigue perseguido por sus crímenes y refugiado en Estados Unidos.

En favor de un caos cuidadosamente instrumentado, renacen las amenazas separatistas de las regiones más ricas, que rechazan el juego democrático y no quieren "pagar por las regiones más pobres".

Grupos activistas neofascistas y bandas paramilitares, subvencionadas por la gran burguesía boliviana y ciertos intereses extranjeros, instalan un clima de miedo en las comunidades indígenas. Recordemos en qué terminaron Colombia y Guatemala, recordemos sobre todo la democracia chilena, asesinada el 11 de septiembre de 1973 después de un proceso idéntico de desestabilización.

Se puede matar una democracia también por medio de la desinformación. No, Evo Morales no es un dictador. No, no es la cabeza de un cártel de traficantes de cocaína. Estas imágenes caricaturescas se hacen circular en nuestros países sin la menor objetividad, como si la intrusión de un presidente indígena y la potencia creciente de ciudadanos electores indígenas fuesen insoportables, no sólo a las oligarquías latinoamericanas sino también a la prensa bienpensante occidental. Como para desmentir aún más la mentira organizada, Evo Morales hace un llamado al diálogo, rehúsa hacer uso del ejército y pone incluso su mandato en la balanza. Solemnemente llamo a los defensores de la democracia, a nuestros dirigentes, a nuestros intelectuales, a nuestros medios de comunicación. ¿Vamos a esperar que Evo Morales conozca la suerte de Salvador Allende para llorar sobre la suerte de la democracia boliviana? La democracia tiene valor para todos o para nadie. Si la amamos en nuestra patria, debemos defenderla por todos los lugares donde esté amenazada. No nos toca, como algunos lo pretenden con arrogancia, ir a instalarla en otras naciones mediante la fuerza de las armas; en cambio, nos toca protegerla en nuestro país con toda la fuerza de nuestra convicción y estar al lado de aquéllos que la han instalado en su nación.

(*) Fuente, La Jornada, México, 23 de diciembre, 2007.