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El
tiempo cercenaba como un enorme cuchillo afilado
el camino a transitar. Había una necesidad
interna e inquietante que debía llevar
a cabo para incluir en este libro dedicado a la
Comunidad de Afrodescendientes y afroreligiosos
americanos: conocer e investigar sobre la Capilla
de los Morenos en la Ciudad de Chascomús,
situada en la Provincia de Buenos Aires (Argentina).
Su historia y permanencia en este siglo, gracias
a los Chascomunenses pero mucho más a la
Familia Luis, afrodescendientes que continúan
_entre generaciones_ cuidando el templo que otrora
don José Antonio Silva, presidente de la
Nueva Hermandad de Morenos, fundara gracias a
la donación de un solar cedido por el municipio
de Chascomús en el año 1862.-
Una
mañana de septiembre del año 2005
pude concretar esa visita postergada. Llegue,
cerca del mediodía a las calles Lamadrid
y Venezuela y allí, sobre un madero un
cartel "CAPILLA DE LOS NEGROS lugar Histórico
Nacional" me indicaba que había llegado
al punto más deseado. En el solar, se construyó
el templo de 16 metros de largo por 5 de ancho,
que consta de paredes de ladrillos, pintadas de
blanco, un techo de chapas a dos aguas (antiguamente
de paja) y el piso de tierra.
La
historia cuenta que en ese lugar se refugiaron
los heridos que combatieron contra Prudencio Rosas.
A pocos metros se encuentra un monolito donde
se guardan las cenizas de aquellos hombres que
dejaron sus vidas en la batalla de Chascomús:
los "Libres del Sur". Funcionó
como lazareto o casa del socorro durante las epidemias
fiebre amarilla, cólera y viruela que azotaron
a todo el pueblo.
El
frente mantiene el viejo estilo colonial. Un débil
cerco y una puertita de alambrado cuidado, dividen
el predio. Al ingresar recorrí todo el
templo por fuera acariciando cada pared como un
bello y ansiado tesoro. Una bandera Argentina
estaba flameando en un mástil hacia el
frente izquierdo y sobre la pared del frente,
al lado del portón, una placa cuya inscripción
recuerda a "Doña Eloísa G.
De Luis".
Sobre
el césped otra placa con el siguiente encabezamiento:
CAPILLA
DE LOS NEGROS
Reliquia
histórica de la Hermandad de los Morenos.
El solar fue donado en 1862 por la Corporación
Municipal para depósito de sus objetos
festivos y religiosos, transformándose
luego en capilla. Sirvió además
como lazareto en las epidemias de cólera,
fiebre amarilla y viruela en el siglo pasado.
Homenaje
en el Bicentenario de Chascomús 1778 -1978
Sobre
la misma pared, hacia su lado derecho, otra placa
de mármol con la siguiente inscripción:
"CAPILLA
DE LOS NEGROS FUE DERRIBADA POR EL CICLON DEL
7 DE ABRIL DE 1950 LA MUNICIPALIDAD, EL REINO
DE LA AMISTAD, VECINDARIO, LA REPARAN PARA MANTENER
EL ACERVO TRADICIONAL DE ESTE PUEBLO CHASCOMÚS,
16 DE NOVIEMBRE DE 1950 AÑO DEL LIBERTADOR
SAN MARTÍN"
Abro
cuidadosamente la vieja puerta de madera pintada
en color verde. Desde allí observo el ambiente
lúgubre donde resaltan viejas fotos y estampitas
de santos católicos. Una gran cruz, cuidadosamente
centrada en la pared del fondo. Hacia el lado
derecho hay otra puerta y hacia la izquierda el
pequeño altar con entablado de madera cubierto
con un mantel blanco donde posan imágenes
de santos católicos y algunos rosarios
y flores artificiales. Me dejo llevar por el olor
a humedad, un aroma distinto, diferente... Quizá
es el efluvio de las ánimas custodias que
intentan vincularse con los mortales y de este
modo hacen sentir su permanencia en el lugar.
Allí se alberga la historia de un pueblo
agradecido a la "Hermandad de Morenos Bayombe
de Invenza", a su loable calidad humana y
la alegría que estos negros _otrora_ entregaron
a toda la comunidad chascomunense.
Sobre
una mesita sin lustre y con signos de desgaste
y polvo acumulado, unos viejos cuadernos permanecen
como testimonio de los visitantes que se acercan
a contemplarla. Está adornada con flores
de tela y plástico, pequeñas imágenes
y estampitas finamente acomodadas. En una pared
lateral, hay una ventana con unos delicados visillos
blancos que dejan penetrar la luz del sol, mientras
proyecta una corona especial a un gran retrato
de doña Eloísa que posa serenamente
en un pequeño sagrario. Un cartel improvisado
de cartón pende de un clavo entre las imágenes
de San Cayetano y Ceferino Namuncurá y
cuya inscripción: "...COOPERE PARA
SU MANTENIMIENTO", letra, que seguramente,
debe pertenecer al último descendiente
de Doña Eloísa, su hijo LUIS.
Por
una pared interna del frente, hacia el lado izquierdo
de la puerta, encontré una pequeña
foto, colocada al paso. No tenía marco
y se encontraba algo deteriorada por el tiempo.
Debo confesar que mi emoción fue inmensa
porque comprendí que la "Saudosa"
Gladys Mallorca, sacerdotisa del Candomblé
de Këto y quien fuera en vida Presidente
del Ilë Asé Osun Doyo en Villa Tesei,
Provincia de Buenos Aires, merece el privilegio
de ser recordada en el cuasi único monumento
o templo cuya posesión fuera de esos morenos
bonaerenses. Un lugar que le pertenece.
Espacio
que ha ganado a través del trabajo incansable
por la religión afro y para brindar, a
través de su corta pero fructífera
vida, un Templo modelo en la República
Argentina donde funciona el "Instituto de
Estudios Históricos Osun Doyo".
Gladys
hace tiempo abandonó este Ayé y
nos dejó su hermoso legado. Bendecida por
los Orixás y por su Mae Oxum, subió
al Orúm. Ahora, en otro plano, está
con nuestros ancestros, entre esas ánimas
celosas y guardianas a las que hoy en día,
los religiosos afroamericanos reverenciamos.
Continué
mi pequeña recorrida por el viejo templo.
Me senté en unos de los bancos de madera
y debajo una gran alfombra verde, desgastada,
dejaba ver el piso de tierra. Me entregué
a la reflexión y con los ojos cerrados
mi imaginario jugó con sensaciones, aromas
y presencias que me transportaban a otra dimensión.
Estaba en paz. Me sentí contenida y acompañada
por esos espíritus que en silencio, me
alentaban a continuar mi búsqueda. Tuve
la sensación que mis fibras más
íntimas percibían los hechos pasados,
plasmados en cada rincón del viejo templo,
que, otrora, abrigara las esperanzas en el canto
y el dolor de aquellos y muchos otros negros.
Cada plegaria ascendió al Orúm,
pero aún el viejo templo acuna en sus entrañas
el eco quejumbroso de sus historias entre sus
muros y santos.
Depositarios
de la Capilla de los Morenos
Rosa
Gorostiazu
Luciano soler o Alsina muere en 1890
Etelvina Soler de González (hija de Luciano)
Madre de doña Eloísa
Guillermina Eloísa González Soler
(doña eloísa)- 14-11-1990
Leticia (hija de Doña Eloísa, fallecida)
Luis (actual cuidador)
Don
LUIS: celador de su cultura y sus ancestros
Una
breve conversación con Luis me ilustra
sobre su madre, la capilla y de un pueblo que
no admite cambios en su estructura socio-cultural.
La aceptación y el reconocimiento de los
lugareños hacia los "Morenos Bayombé
de Invenza". Los recuerdos de este hombre
afrodescendiente que mora en el lugar acompañado
de santos y el recuerdo a sus muertos.
Al
preguntarle sobre su vida, su infancia, pasó
a contarme que Doña Eloísa no era
una mujer que hablara mucho con sus hijos. Eran
10 hermanos. Su padre era un español que
con sus propias manos construyó la casita
de madera y chapas donde vivió junto a
su familia en la parte posterior del templo y
ayudó al mantenimiento del mismo.
Al
preguntarle por las costumbres de su madre, me
comentó que la recordaba como una mujer
muy agradable, cariñosa y a la vez severa
con sus decisiones. Que cuando los mayores se
juntaban ellos (los niños) quedaban en
un cuarto separado. "... No hablaba mucho
con nosotros porque en esa época era así..."
_dice Luis. "...ayudaba a mi padre en todo
y a los vecinos. La que más sabía
de esta historia era mi hermana Leticia, que al
irse mamá, ella quedó a cargo, pero
al poco tiempo también falleció.
Así es como yo soy el último en
cuidar este templo. Mamá aquí siempre
fue muy querida y estaba dispuesta a contarle
a todo visitante la historia de la Capilla .."
(Sus ojos estaban llorosos. La mirada perdida
indicaba la necesidad de capturar la imagen de
su madre y con ello, sus recuerdos, su infancia,
ante esto su voz se quebraba).
Don
Luis es un personaje moreno, alto, cabello encanecido,
de manos rudas, andar cadencioso. Todavía
lo recuerdo parado sobre un caminito de cemento
entre plantas y árboles bajo un cielo diáfano
donde el graznido de los pájaros eran únicos
testigos de este encuentro.
Desde
hace más de dos siglos los carnavales en
Chascomús fueron coronados con el candombe
y los desfrenados tambores que los morenos del
lugar hacían redoblar entre luces, colores,
cantos y una danza increíble que contagiaba
a los concurrentes. Los autores: "Los Negros
Alegres" cuyo fundador fue Luciano Alsina,
abuelo de aquella morena que otrora se luciera
con su danza por las calles chascomuneneses y
que a lo largo de casi 1 siglo mantuviera este
ritual carnestolengo: Eloísa González
de Luis. Cuenta el escritor Alejandro Isusi, que
"... a la hora de la siesta salía
la comparsa de los "Negros Alegres"
metiendo batuque por las calles pacíficas,
con sus estandartes de colores chillones, sus
alaridos, sus músicas y coros..."
Estábamos
con Luis ese mediodía conversando sobre
su vida. Escuchaba absorta y muy emocionada. Me
contó sobre el día que el ciclón
derribó parte de la capilla, su madre lloró
muchísimo y los vecinos comenzaron a acercarse
para consolarla y luego formaron una comisión
y junto con el municipio ayudaron a reparar la
capillita. Dice Luis: "...ayudo en lo que
puedo. Trato que todo esté en orden, que
todos se vayan conformes y que los santos, mi
madre y mis abuelos estén en paz...".
Terminamos
nuestra conversación, un fuerte apretón
de manos selló una despedida con una promesa
de retorno hacia la morada de los últimos
esclavos y afrodescendientes que poblaran la ciudad
desde los finales del siglo XVIII.-
Texto
extraído del Libro: "Lágrimas
Negras"
Breve Historia de la Esclavitud, sus consecuencias
en el Río de la Plata
Autor: Indiana A. Bauer
(Yalorixá Indiana de Yemanjá Bomi)
Derechos Reservados Año 2007
Buenos Aires - Argentina
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