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Director Propietario: Rev. Dr. Rubén Orlando Contreras Año 2 Nº 24 - Septiembre 2007 Reg. de Prop. Intelectual RPI Nº 552536 DISTRIBUCION GRATUITA
Costo Humano del VIH/SIDA
Por el Rev. Dr. Francois Sieberhagen
Sizakele Nhlabatsi, responsable por su familia a los 17 años

SWAZILANDIA (LaBibliaWeb.com /SBU) - "Cuando tengo que decidir lo que vamos a comer, es cuando entonces echo mucho de menos a mi mamá", dice Sizakele Nhlabatsi, de diecisiete años de edad. "Tengo que cuidar a mis tres hermanos y a mi hijito de cuatro años", explica en una entrevista que le hicieran para la producción de la versión en lengua siswati de la película para levantar toma de conciencia de las Sociedades Bíblicas Unidas, ¿Dónde está el buen samaritano hoy?

La historia de Sizakele es muy común entre las familias africanas dirigidas por jovencitos. Su padre murió en 2000 y la mamá en 2004.

"Cuidé a mi madre durante su enfermedad. Cuando murió, mis hermanos quedaron a mi cuidado. Quedé embarazada poco después de que ella muriera". Es evidente que hay muy poco apoyo disponible para los adolescentes que caen en la edad adulta debido a la epidemia del VIH/SIDA. "Cuando murió mi mamá, varias personas de la iglesia nos trajeron ropa. La comunidad no nos brindó mucha ayuda, aunque recibimos del gobierno semillas de maíz".

Sus preocupaciones son inmediatas. "Las escuelas abrieron hoy nuevamente, pero no estoy segura de que acepten a mis hermanos. No tenemos con qué pagar las pensiones escolares, y dependíamos de una subvención que da el gobierno a huérfanos y niños vulnerables. Dejaron de dar esta ayuda, por eso mis hermanos tendrán que dejar la escuela. Yo no pude terminar la primaria y no quiero que a ellos les pase lo mismo".

La casa donde viven queda en un poblado montañoso llamado Siyendle, que domina un valle de incomparable belleza. Descansa en un camino estrecho de tierra, y durante la estación lluviosa solamente puede llegarse en vehículos de doble tracción. Con el cultivo de verduras obtiene un escaso ingreso.

"Vendo las verduras que cultivo en el jardín, pero es muy difícil conseguir semillas de muchas de ellas. Este año apenas puedo vender repollos.

"Mi vida habría sido muy diferente si no hubiera perdido a mis padres. Habría terminado la escuela. No hubiera quedado embarazada, porque ellos me habrían cuidado y no me habrían robado mi niñez".

Y no son únicamente los jóvenes cuyas vidas han quedado destruidas por el VIH/SIDA en Swazilandia y en muchos otros países de la región. Gogo Selina Ginidza tiene más de noventa años, y es muy frágil, y ella, también, ha quedado al cuidado de niños porque otros miembros de la familia murieron de VIH/SIDA.
Enterró a sus propios hijos y a sus nietos, y ahora tiene la responsabilidad de cuidar cuatro bisnietos.

"Pareciera como que si el Señor se hubiera alejado de nosotros como familia y de mí", admite. "No podré morir en paz porque no sé quién cuidará de los niños cuando muera".

Al igual que Sizakele, la señora Ginidza tiene preocupaciones inmediatas. "Estoy preocupada hoy porque es posible que no acepten a los niños en la escuela porque no podemos pagar las pensiones, y ya dejaron de dar la subvención. El mayor ya regresó de la escuela: lo devolvieron porque no podemos pagar. "Recibo una pensión del gobierno, pero para mí es una lucha ir cuesta abajo hasta el punto de recolección. Sobrevivimos porque tenemos una pequeña huerta que produce suficiente para vender. También tenemos otras pequeñas faenas agrícolas a las que van los mayorcitos".

Apoyar a personas como las de estas dos familias se ha convertido en la prioridad de la Sociedad Bíblica de Swazilandia, aunque sus recursos son muy militados frente a un reto tan enorme: de una población de 1,4 millones, se calcula que unas doscientas veinte mil personas viven con el VIH/SIDA.

"El hecho de que tanta gente lucha no puede pasarse por alto", dice la secretaria ejecutiva Sphiwe Ngwenya. "Cómo quisiéramos hacer más, algo tangible que marcara una verdadera diferencia".