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Muy
pocos científicos cuestionan ya la realidad
del cambio climático. Los estudios más
recientes identifican diversos extremos climáticos
y pruebas que incluyen cambios en los vientos,
las precipitaciones, la salinidad de los océanos,
el hielo marino o las capas de hielo. Hoy, en
Argentina, nos encontramos ante fenómenos
naturales extremos como la sequía o las
lluvias torrenciales se harán más
frecuentes y las temperaturas podrían subir
hasta 8º C a finales de siglo. Para frenar
este problema, los expertos recomiendan tomar
desde ya medidas drásticas en el actual
modelo energético, y reducir la emisión
de gases de efecto invernadero (GEI).
El
AR4, último informe del Panel Intergubernamental
sobre Cambio Climático (IPCC), publicado
a principios de febrero del presente año,
asegura que el cambio climático ya está
afectando al planeta y lo va a seguir haciendo
sino se toman medidas urgentes para reducir las
emisiones de GEI. El IPCC fue creado en 1988 por
las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica
Mundial (OMM) tras detectar el problema del cambio
climático mundial, y sus informes son,
cuando menos, independientes.
La
concentración atmosférica de dióxido
de carbono (CO2), el GEI más importante,
es la más alta de los últimos 650.000
años y un 35% más alta que antes
de la revolución industrial. Dependiendo
de la cantidad de GEI que se emita, el IPCC cree
que durante este siglo la temperatura mundial
podría incrementarse entre 1 y 6,3º
C. Para las próximas dos décadas,
todos los escenarios apuntan a un calentamiento
de 0,2º C.
Por
su parte, el pasado octubre, el conocido como
"informe Stern" sacudió también
la opinión pública internacional.
Por primera vez un gobierno, el británico,
encargaba un estudio a un economista, Sir Nicholas
Stern, para cuantificar las repercusiones del
cambio climático en la economía
mundial.
El
informe asegura que, de seguir como hasta ahora,
el nivel de GEI podría triplicarse a finales
de este siglo, lo que podría representar
pérdidas de hasta el 20% del PIB mundial,
afectando especialmente a los países más
pobres: inundaciones, aumentos del nivel del mar,
deshielos, sequías, hambrunas, movimientos
migratorios masivos, falta de agua potable, problema
que en el presente año ya a ocurrido en
nuestro país, en la Provincia del Chaco
y Neuquén, transformación de zonas
cultivables en tierras secas y estériles,
etc. Según el economista británico,
durante las próximas décadas podría
producirse una situación similar a la de
las grandes guerras mundiales, algo realmente
para tener en cuenta..
Sin
embargo, el informe aseguraba que con una inversión
anual del 1% del PIB mundial se evitarían
las peores consecuencias. No es de extrañar,
por tanto, que diversas aseguradoras estadounidenses,
como Allstate, o europeas, como Swiss Re y Munich
Re, estén ya calculando los riesgos para
aumentar los precios de sus pólizas o negarse
a dar cobertura en las zonas de más peligro.
Estados
Unidos, principal emisor de GEI, sigue sin firmar
el Protocolo de Kyoto, y su presidente continúa
reacio a reconocer el problema. Sin embargo, George
Bush cuenta cada vez con menos apoyos en su país.
Pesos pesados del Congreso norteamericano, como
el republicano John McCain o el demócrata
Joe Biden, participaban recientemente en un coloquio
para dejar bien en claro que no todos los políticos
de su país avalan la decisión del
Ejecutivo de Bush. Asimismo, la sociedad científica
más importante del mundo, la Asociación
Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS en
sus siglas inglesas) publicaba recientemente su
primer consenso sobre el calentamiento global,
al que calificó como una "evidencia
científica clara" y una "progresiva
amenaza" para la sociedad.
Asimismo,
el documental "Una verdad incómoda",
del ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al
Gore, está avivando en los últimos
meses el debate, no sólo en su país,
sino en todo el mundo. Según Pedro Gómez
Romero, experto en energía y nuevos materiales
del CSIC, "salvo unas pocas afirmaciones
categóricas que los científicos
formularían con matizaciones por formación
o deformación profesional, es esencialmente
correcto." Por el contrario, Xavier Sala,
catedrático de la Universidad de Columbia,
se basa en los últimos datos del IPCC para
considerarla una película exagerada y alarmista,
y le recuerda a Gore que tampoco hizo caso a los
científicos en su época de vicepresidente.
Pero,
la realidad de todo esto es que, no necesitamos
películas informativas para darnos cuenta
de estos hechos, ya sea en el mundo o en nuestro
propio país, donde ni los políticos
ni desde le gobierno mismo, se hace nada para
paliar esta gravísima situación,
teniendo en cuenta los más de siete millones
de argentinos que padecen situaciones extremas,
en el Gran Buenos Aires, como la cuenca del Plata-Riachuelo,
para nombrar algunas, donde lo único que
se escuchan son promesas que nunca llegan a cumplirse.
Lejos
estamos, de retornar a aquellos días, en
que el hombre se gozaba de vivir en el Paraíso
Terrenal, hoy convertido en el gran basural.
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