Por Julian Licastro -
Actualmente es Embajador argentino en la Junta
Intermericana de Defensa en la ONU
“Mi
destino es la resistencia de las convicciones.”
Artigas
Una
personalidad de país con carácter
propio
Una
comunidad se constituye por su sentido de pertenencia.
Si éste no se manifiesta, priva un estado
de indiferencia societaria que acumula frustración
y a veces estalla como divisionismo, porque
expresa un sentimiento de impotencia organizativa,
un espíritu autodestructivo, que niega
la esperanza de realizar un destino común
de evolución social.
La
comunidad, pues, para serlo de verdad, necesita
los llamados de convocación que apelan
a los principios de unidad y de acción
de sus ciudadanos. Estos llamados orientadores
proceden de voces nacionales2 que no surgen
casualmente, sino resultan de inspiraciones
y trabajos que se proponen captar los anhelos
profundos de un pueblo, con una construcción
aún pendiente de su propia personalidad
definida.
Estas
voces, que deben sobrevivir aisladamente, por
el peso negativo de la esperanza oculta o negada,
no se piensan sin embargo solas, sino en el
coro de la razón comunitaria, que avanza
lentamente, pero con el secreto victorioso de
la masividad. Allí donde las ideas pueden
madurar contenidas en una cultura de conjunto,
y esperar activamente el logro de su evidencia
con frutos ciertos para todos.
Así
la comunidad se hace nación, porque aspira
a la dignidad y a la grandeza, virtudes que
surgen de una personalidad de país con
carácter propio; ya que la esencia de
una nación auténtica tiene inscripto
algo más que un simple
1Senegaglia,
Francisco: Los Artigas, Edit. Azulpluma, Mar
del Plata, 2009. En esta novela histórica
el autor destaca la figura de José Gervasio
de Artigas como el primer prócer rioplatense
en concebir la libertad política en comunión
con la equidad social, planteando la integración
federal de una república de iguales.
2Homenaje
a Leopoldo Marechal, Jorge Scalabrini Ortiz,
Arturo Jauretche, Juan José Hernández
Arregui, José María Rosa, Abelardo
Ramos, Rodolfo Puigróss y Fermín
Cháves.
programa
político: esto es un plan de vida trascendente.
Luego cada ciudadano y ciudadana con total derecho
a sus decisiones personales, expresará
tal trascendencia en el marco de su familia,
su trabajo, su profesión, su arte, pero
siempre con la plenitud que únicamente
otorga un país que se realiza.
Fortalecer
nuestras convicciones fundantes
En
el dilema existencial de una comunidad incompleta,
no hay peor dolor intelectual que la memoria
histórica de la nación frustrada,
que todos sienten, pero suelen expresar con
propiedad los pensadores nacionales. Ellos siempre
se hallan en diálogo fecundo con el pasado,
para advertir las causas de retrocesos y demoras;
y a la vez en lucha con una terca realidad,
que no admite la viabilidad del proyecto nacional,
en tanto lo desmientan nuestra propia ignorancia
e intemperancia.
Pero
pensar es el don humano más importante,
y debe desarrollarse tenazmente, con libertad
y responsabilidad para construir nuestras convicciones
fundantes. Ellas hacen su aporte a la garantía
del futuro, porque son más fuertes que
las derrotas circunstanciales que les inflige
el poder dominante. Un poder que se gasta en
los ciclos cortos de la historia, frente a los
ciclos largos, sin tiempo mensurable, de las
luchas de resistencia que, con diversas formas,
libran los pueblos protagonistas hasta su liberación.
Para
esa instancia, finalmente anónima porque
es de todos, debemos sumar nuestras convicciones;
aquellas que forjamos con vivencias y experiencias
militantes; aquellas que imaginamos como base
de un idealismo posible, no ingenuo, capaz de
aceptar la realidad como es, sin renunciar a
transformarla en el sentido de los valores profesados.
Un trabajo de acumulación de esfuerzo,
dentro del límite de lo personal y grupal,
que sabemos se agranda por el compromiso y la
inclusión de las nuevas generaciones.
Vocación
y sentido de misión
La
clave de una militancia válida es no
consumirse en las rencillas cotidianas en donde
prevalecen los mediocres. Por el contario, para
estar cerca de los grandes objetivos,
debe pensarlos y convivir con ellos como si
fueran realidades en curso y no meras abstracciones.
Esto implica dar vida al llamado de una vocación
personal innata, y participar de los ámbitos
de excelencia en función de una misión
a cumplir. Sin esta condición imprescindible,
la militancia se extingue, o se degrada al beneficio
material individual y vergonzante.
La
gran política se interrumpe en la escena
partidista, cuando la corrupción hiere
a la democracia, que es el arte de velar por
los principios y los intereses del pueblo y
no de los círculos de influencia y de
presión. Pero la gran política
prevalece cuando recoge la cosecha de convicciones
sembradas por el camino de su trayectoria. Ideas
y sentimientos compartidos, hechos doctrina
sencilla y práctica, que persisten por
encima de la mala praxis de los dirigentes incapaces
o venales hasta que, en manos de un liderazgo
orgánico, encuentran el momento fértil
de abrir perspectivas de conjunto.
En
los pueblos jóvenes la historia suele
ofrecer esta oportunidad varias veces, al ritmo
de las generaciones que acceden al pensamiento
nacional, al sentirse atraídas irresistiblemente
por el sentido de historicidad de los pueblos.
Sentido de identidad cultural y social que los
pueblos generan y fortalecen cuando se van reconociendo
en una misma gesta épica con todas sus
luchas, victorias y derrotas.
La
evolución de la conciencia nacional
Desde
esta perspectiva siempre se comprende la
razón de ser de un pueblo verdadero:
con identidad cultural, conciencia nacional
y proyecto estratégico. Categorías
que no pueden desconocerse, so pena de caer
en una decadencia prematura, porque no conoció
ningún apogeo. Es la contradicción
de un no-pueblo sin presencia vital
ni creativa. Una formación imperfecta
de lo gregario que desperdicia su espacio geográfico
y su tiempo histórico, y cuya sola posibilidad
subleva el espíritu y justifica toda
rebeldía.
Ayudar
a formar conciencia es ordenar conceptos generadores
de acción en un contexto de construcción
nacional, de manera que manifiesten y transmitan
los valores esenciales para la comunidad, con
fuerza para perdurar en el tiempo como símbolos
significantes de sus contenidos éticos
y estratégicos. Así estos valores,
correctamente encarnados y predicados, podrán
influir de modo concreto en nuestras percepciones
y comportamientos colectivos, ayudándonos
a decidir el destino.
Los
valores dan sentido a la vida personal y comunitaria,
y el entramado de los sentidos determina la
cultura; por eso la comprensión y el
examen de los valores propios fomentan la pertenencia
y profundizan el arraigo, definidos éstos
en el nosotros con legítimo
orgullo y dignidad. Es la base sólida
para una integración continental plena,
que no implique sin embargo confusión
ni debilitamiento de los lazos solidarios primordiales.
Es
preciso entonces centrar la atención
en los valores para pensar el pensamiento estratégico,
definiendo y defendiendo los intereses legítimos
y los objetivos necesarios, que se derivan del
plexo ideológico del proyecto nacional
y su confluencia regional en suramérica.
Desde esta posición, hay que dirigir
una mirada inteligente al mundo que nos rodea,
para percibir sus desafíos y captar sus
posibilidades y oportunidades, resolviendo por
nosotros mismos; con una concepción original
no exenta de la búsqueda de consenso,
pero alejada definitivamente del alineamiento
automático al hegemonismo
 |
| Julian
Licastro |
| Actualmente
es Embajador argentino en la Junta
Intermericana de Defensa en la ONU
|
|