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Libro La CGT y el Sindicalismo Latinoamericano
 


A MANERA DE INTRODUCCIÓN
Por Daniel Parcero

El actual modelo de encuadramiento obrero regional es de dominación y sometimiento

Lo que define el modelo que se dice perseguir, se enuncia en el resultado de las acciones emprendidas.

Obvio es, que la historia de las vinculaciones de nuestro movimiento obrero organizado, con organizaciones sindicales supranacionales, no empieza en 1952, época a partir de la cual comienza a tratarse el tema en el presente volumen.

Hacia 1929, tres centrales obreras actuarán y medirán sus fuerzas en el ámbito del movimiento obrero de nuestro país. La Federación Obrera de la República Argentina -FORA-, de tendencia anarquista; la Unión Sindical Argentina -USA-, de tendencia sindicalista; y la Confederación Obrera Argentina -COA-, de corte socialista-reformista, y que llegara a agrupar 80.000 afiliados de los cuales el 90% provenía de la Unión Ferroviaria. La COA, de corta existencia, se afiliará a la internacional de Amsterdam.

Para 1930, con excepción de los anarquistas, la dirigencia sindical llegó a un acuerdo en constituir una sola central obrera. Estará compuesta por dirigentes socialistas y comunistas antiyrigoyenistas, que recibirán con simpatías el advenimiento del "uriburismo", y verán pasar de manera claudicante los años de la "década infame".

Llegado 1936, una serie de gremios decidirán desconocer aquella dirección. Ferroviarios, municipales, trabajadores del estado y mercantiles entre otros gremios conformarán la nueva conducción obrera. Esta, se incorporará a la Internacional de Amsterdam, y dos años más tarde la central de los trabajadores participará como miembro fundador del Congreso realizado en México, donde queda conformada la Confederación de Trabajadores de América Latina -CTAL-, de orientación prosoviética.

En 1942, en medio de insuperables disidencias, durante la celebración de su II Congreso, se fraccionará la central única. En la CGT N° 1 confluirán sindicalistas y socialistas, y en la CGT N° 2, los comunistas.

Pocos meses más tarde se producirán hechos que comenzarán por transformar la sociedad argentina. Con la revolución del 4 de junio, y la designación de Juan Domingo Perón en la Secretaría de Trabajo, comenzará un ciclo cuyo eslabón central lo configurará el 17 de Octubre de 1945, y el posterior resultado abrumador de las elecciones del 24 de febrero de 1946.

El gobierno peronista, será el primer gobierno nacional que asume con el masivo apoyo de los trabajadores e impregna a su vez, a ese proletariado en ascenso, de una concepción profundamente nacional y latinoamericana.

Más allá de las inclinaciones ideológicas de las direcciones obreras, que vieron en “la revolución de los coroneles” al enemigo fascista -y no obstante haberles ofrecido sus servicios-, los trabajadores, como también destacados dirigentes sindicales surgidos del socialismo y el comunismo, y que fueran testigos de la entrega más descarnada de nuestras potencialidades al extranjero en épocas de la "dorada oligarquía", habiendo ya por entonces tomado posiciones nacionales, asumirán el peronismo.

Ya con antelación a 1945, el socialismo cipayo se encargará de utilizar las páginas de "La Vanguardia" -órgano del PS-, publicando la lista de los "traidores" y "colaboracionistas" que mantenían una íntima relación con la Secretaría de Trabajo y Previsión. El mismo Angel Borlenghi, secretario general del gremio de Empleados de Comercio, de origen socialista -y que fuera convocado por el peronismo a ocupar el Ministerio del Interior-, denunciará años más tarde que, "los socialistas se encontraban divididos en obreros e intelectuales. Los obreros socialistas -dijo- preocupados por los problemas del taller, la fábrica, la oficina, y el trabajo, coincidimos con Perón".

La tradicional dirigencia política de la ciudad-puerto, así como los burócratas que se sostenían en las direcciones de los gremios cuyo activo militante lo constituían extranjeros, trabajadores bien remunerados, y que no se desempeñaban como obreros, no terminarían por comprender la transformación que se perfilaba. Es más, intentaron sembrar en el seno de la clase trabajadora el divisionismo y la confusión, actuando como fuerza de choque y siendo aplastados por los acontecimientos.

El Estatuto del Peón, los Tribunales de Trabajo, el aguinaldo, las vacaciones, las mejoras salariales, inspiradas y puestas en marcha desde la Secretaría de Trabajo, habían despertado a la somnolienta sociedad vacuna y pastoril con un descubrimiento que los apabullaba: "los cabecitas negras" no sólo existían, sino que además avanzaban vertiginosamente como parte integral de la sociedad. Irrumpían en el escenario político-social, y no sólo venían a reconocer obligaciones, sino que venían a compartir su cuota de derechos, y de participación correspondiente en el sistema distributivo nacional.

Este acontecimiento ponía exaltados hasta la enervación, a los "civilizados" que se veían amenazados por la "turba del lumpenproletariat". Les significaba, una reedición de la "barbarie".

En realidad se trataba de un nuevo proletariado en ascenso, que no sólo les quitó el sueño sino que, reclamó y obtuvo otras porciones del beneficio negadas hasta entonces.

Podrá sin duda enunciarse que la nueva dirigencia sindical sostendrá rasgos de menos combatividad, respecto a la etapa que le precediera, pero esto obedece a las nuevas condiciones sociales que a simple vista se advertían.

Las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores, y una más justa distribución de los beneficios y sacrificios comenzaba por encaminar al país por el sendero de la Justicia Social. Y esto corrió para todos.

Perón, gobernó no solamente para los trabajadores, sino para todas las clases sociales nacionales. Y este rasgo “bonapartista”, que caracteriza a la conducción política del caudillo popular, dejará verse como un "bumerang", cuando la reacción comienza por presionar hasta derrocarlo.

Desde un principio, y con antelación al 17 de Octubre, la gran masa laboriosa de "los descamisados", debió soportar todo tipo de injurias y gestos de soberbia provenientes de las minorías "pacatas". Se trataba en realidad, de que el sistema de los "justos" comenzaba a desmoronarse. La balanza tendía a equilibrarse. La Justicia Social se convertirá en la aurora de los humildes.

El Partido Laborista de Luis Gay -telefónico- y Cipriano Reyes -frigoríficos-, en las jornadas previas a las elecciones del 46, cumplirá un importante rol en lo referido a la propagandización proselitista. Pero su aspiración iba más allá; el objetivo se encontraba en constituirse en el partido de la clase trabajadora. En sus filas militarán sindicalistas como José Andreotti -metalúrgico-, Pedro Otero -municipales-, Luis González –Unión Ferroviaria-, entre otros.

Hacia fines de 1945 el laborismo había extendido una red nacional propagandística, y frente a la gran maquinaria montada por las clases dominantes, desde el sector del trabajo, habría de contrarrestarse la acción, montando un revolucionario sistema de organización.

Una vez triunfante, Perón disolverá el Partido Laborista con el firme propósito de evitar que el monopolio de su dirección, estuviera en manos de sindicalistas. Para el líder popular, la participación de los sectores del trabajo en las tareas de la revolución nacional iniciada, no debían conjugarse independientemente de ésta. Perón asignaba a los trabajadores la función del movimiento y no la del partido. Esta tesis, fue fundamentada por el propio líder en la posibilidad de una infiltración ideológica de carácter imperialista, por vía de los sindicatos.

La experiencia del Partido Laborista culminará con la incorporación de sus afiliados al Partido Unico de la Revolución, más tarde Partido Peronista, y al que también confluirán hombres provenientes de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina -FORJA- quienes rescatando lo mejor de la tradición del radicalismo yrigoyenista, se fundirán junto a la masa laboriosa en la gloriosa jornada del 17 de Octubre de 1945.

A partir de febrero de 1946, el movimiento obrero argentino se incorporará masivamente a la vida institucional del país. Dirigentes y militantes sindicales pasarán a ocupar funciones públicas. Además del ya mencionado Borlenghi, José María Freiré -vidrio- se hace cargo de Trabajo y Previsión; Juan Atilio Bramuglia -abogado de la Unión Ferroviaria- es nombrado Ministro de Relaciones Exteriores, Juan Unamuno -bancario-, será Presidente del Banco Hipotecario Nacional, José Gago -bancario-, Intendente de la ciudad de Buenos Aires, así como otros fueron vice gobernadores.

En 1947 la Confederación General del Trabajo, mostraba aún cierta autonomía respecto al gobierno. Por entonces, la secretaría general era ocupada por Luis Gay, quien de tiempo atrás, mantenía relaciones amistosas con dirigentes de la AFL-CIO (Congress of Industrial Organizations y American Federation of Labor) y con el propio Serafino Romualdi. Invitados por el mismo Gay, y ante la iniciativa del sindicalista norteamericano de estudiar la posibilidad de crear una central obrera internacional, capaz de contrarrestar la acción de la CTAL, una comitiva llegará a la Argentina. La intención de la delegación iba encaminada a incorporar a nuestro movimiento obrero al juego de la bipolaridad, es más, tratando de captar a las organizaciones sindicales que habían permanecido al margen de la constitución de la nueva CGT. Las intenciones de explorar el territorio sindical argentino serán confesadas por Romualdi en una audiencia concedida por el gobierno democrático, al propio Perón, quien poniendo fin rápidamente a la conversación, lo expulsará del país.

Para Gay, fue la gota que faltaba para ser acusado de conspiración contra el Gobierno y en concubinato con el imperialismo, y destituido de la Confederación General del Trabajo. Asumirá la secretaría general Aurelio Hernández -trabajadores de la sanidad- y posteriormente ascenderá José Espejo –trabajadores de la alimentación-. A partir de este momento la CGT será confesionalmente peronista: "...los sindicatos son de Perón".

¿Habrían dejado de ser las conducciones obreras, representantes de sus bases ante el Gobierno, para convertirse en representantes del Gobierno ante las bases? Sin duda, algo de esto había sucedido. Es más, en vísperas a las elecciones nacionales de 1952, la central obrera dará su público apoyo al peronismo.

Será esta misma CGT, profundamente imbuida del pensamiento rector de su líder: la tercera posición, que impulsará hacia 1952 el proyecto sindical continentalista que significará la Asociación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas -ATLAS-.

Las contradicciones y limitaciones de la conducción cegetista, íntimamente emparentada al Gobierno, implicará que en 1955, no se encuentre al frente de la CGT una conducción a la altura de las circunstancias, como asimismo, que al caer el peronismo y una vez intervenida la ATLAS -huérfana de apoyo político que le diera el Estado- ésta última, sucumbiera en poco tiempo.

Perón, se había negado a encabezar una guerra civil. Más de 9.000 dirigentes fueron encarcelados y sus organizaciones intervenidas con la anuencia y colaboración de comunistas y socialistas amarillos.

Con Perón en el exilio, y la dictadura fusiladora en el poder, desde la misma resistencia peronista surgirán cuadros que se pondrán al frente de esas luchas y llegarán a conducir sus gremios, y hasta los destinos de la central obrera en sus distintas expresiones. Perón también conducirá desde el destierro, y la dirigencia sindical sostendrá aquella dependencia.

A partir de la caída de Perón, el sindicalismo entrará en una etapa que gira entre la presión y la negociación como en un círculo vicioso, y sin alcanzar a superar su papel reivindicativo y contestatario. La posibilidad de hacerlo, quizá, estuvo a punto de ser alcanzada cuando la voluntad popular, más allá de sus conducciones sindicales y políticas, expresó su repudio masivo al sistema imperante, durante las jornadas rebeldes que nacieran del interior del país en mayo de 1969. Pero, las direcciones sindicales temieron ser rebasadas por los acontecimientos de sus puestos burocráticos, creando un cerco entre el interior y la metrópoli, impidiendo su expansión. Por su parte el clasismo, históricamente divorciado del movimiento nacional, será aplastado por el resultado electoral.

El peronismo accederá nuevamente al poder político en 1973. Ni antes ni ahora, habría tiempo de estructurar una nueva experiencia continentalista desde el campo sindical.

Mientras, entre el ejercicio de la presión y la negociación que precediera al gobierno de José Cámpora, el imperialismo logrará penetrar en las entrañas mismas del sindicalismo argentino, sobre todo en el sector colaboracionista. Estos dirigentes, en la necesidad de asegurar y acrecentar el poder burocrático, aceptarán las regalías del norte.

El sindicalismo combativo, en la mayoría de los casos compuesto por gremios chicos y además por entonces intervenidos, por su parte, se mostrará más coherente respecto al mandato otrora asumido desde el peronismo en el poder y en cuanto al no alineamiento; por lo tanto leales al tercerismo.

Durante el nuevo período peronista, tanto, cuando "Cámpora en el gobierno y Perón en el Poder", como cuando el propio Gobierno del General Perón, los condicionamientos a que habían llegado los dirigentes sindicales comprometidos en gran número a la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres -CIOSL- a través de los Secretariados Profesionales Internacionales, ya habían limitado en cierta manera las posibilidades como para que el mismo líder intentara una nueva experiencia del tipo ATLAS. Esto hubiera significado desacreditar a determinados dirigentes, en medio de un país que se presentaba con conflictos mucho más agudos y que requerían especial atención de parte de un caudillo que venía viendo su muerte cerca.

En este sentido la suerte de nuestra CGT en cuanto a su alineamiento internacional, ya se encontraba echada. El viejo proyecto de un sindicalismo que se entronque en los lineamientos de la tercera posición no alineada como lo había planteado la ATLAS, será lapidado por la oligarquía y las fuerzas antinacionales y silenciado por la historiografía oficial.

Desde el sindicalismo, y desde entonces a esta parte, pocas voces levantarán aquellas banderas, sosteniéndolas en el tiempo con lealtad y coherencia.

Dirá el dirigente estatal Alberto Belloni, en su libro "Del anarquismo al peronismo": "En los países semicoloniales o influye el imperialismo, o influye la burguesía nacional sobre los sindicatos, a menos que estos últimos abracen el camino de un programa revolucionario y echen sobre la balanza de la política nacional, su inmenso peso".

No es la finalidad de este libro, brindar una recomendación en cuanto hacia cuál de las centrales internacionales debe encolumnarse nuestra CGT -si bien ahora se encuentra en la CIOSL-. Lo dijo Carlos Marx en 1848 "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". También lo dijo Juan Perón en 1949 "La emancipación de la clase trabajadora, está en el propio obrero". Se trata sí, de despertar conciencia en cuanto a la necesidad de que debemos producir los trabajadores el gran debate y, de cara a la historia, la realidad y el futuro.

No es cuestión de si la Central Mundial de Trabajadores, la CIOSL o la FSM, no es tampoco una cuestión de si socialcristianos, socialdemócratas pro imperialistas o comunistas-stalinistas. El tema pasa por una cuestión ideo-política, de si asumimos un compromiso de profundización dialéctica del proyecto histórico-político de la clase trabajadora, o si lo consideramos inviable para la construcción de un nuevo modelo de sociedad. De si vamos a resolver primero los problemas del democratismo burgués, la justicia liberal y la modernidad, o debemos primero, -afianzando el sistema democrático vigente-, a partir de la superación del viejo proyecto, encontrar las formas que posibiliten una mejor distribución de los ingresos, que nos permita acceder a una justicia social participativa, a un estado de libertad real y en las condiciones de modernidad que sean necesarias de acuerdo a nuestros intereses.

En este debate se encierra la cuestión nacional irresuelta aún por los argentinos, y es donde se encuentran las razones de nuestra dependencia. Una cuestión nacional que se mantiene inconclusa y vigente desde hace más de 150 años. Una cuestión nacional que, o bien la resolvemos los argentinos, o bien la resuelve el imperialismo por nosotros.

Y para terminar, la clase trabajadora, como eje fundamental del frente nacional, debe exigirse a sí misma un reajuste del papel de sus organizaciones de clase. Más allá de su acción como fuerza de presión dentro de los límites del sistema en el que le toca desenvolverse, debe fijarse perspectivas reales a partir de la hora actual, de cara al futuro inmediato; y donde el desafío desde su propio basamento popular, y desde la dependencia, implica levantar las banderas de lo nacional, popular, democrático, antiimperialista y revolucionario, íntimamente ligadas a las del socialismo autogestionario y no alineado, para el logro de la liberación social.

Dentro de este encuadre, un sindicalismo latinoamericano, independiente de los centros del poder mundial y vinculado estrecha e indisolublemente al Tercer Mundo, es posible.

Febrero 1987

 

Prólogo
Por Víctor De Gennaro -
Secretario General - Asociación Trabajadores del Estado - Consejo Directivo Central

Hacia un debate sin temor ideológico

La memoria de los hombres es base para el desarrollo de la personalidad y de la identidad. De la misma manera para todos los pueblos la búsqueda de la identidad exige la defensa y recuperación de la memoria histórica.

No es casual que las políticas represivas apunten a evitar que tomemos contactos con ese pasado determinante, tratando de suprimirlo con el olvido.

Para saber adonde vamos, delinear los perfiles del futuro, elegir propuestas alternativas, se hace necesario conocer de dónde venimos.

Para definir la propia identidad nacional popular y revolucionaria, deberemos reconocernos como parte de esa historia.

Es imprescindible romper el falso esquema de que cuando nos incorporamos a la construcción popular, la historia recién comienza. Más de cien años de nuestro movimiento obrero transitando y practicando distintas vías, alternativas, que se sintetizan hoy en propuestas concretas, nos marcan claramente lo contrario.

Este sustrato, es lo que una y otra vez impidió la tergiversación de su destino, ante las políticas que trataron de integrarlo, comprarlo, o reprimirlo.

Esa es la importancia de buscar, husmear, reflexionar, sobre historias que tratan de ser ocultadas.

continua