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PROLOGO Libro La CGT y el Sindicalismo Latinoamericano
 


Prólogo
Por Víctor De Gennaro

Hacia un debate sin temor ideológico

La memoria de los hombres es base para el desarrollo de la personalidad y de la identidad. De la misma manera para todos los pueblos la búsqueda de la identidad exige la defensa y recuperación de la memoria histórica.

No es casual que las políticas represivas apunten a evitar que tomemos contactos con ese pasado determinante, tratando de suprimirlo con el olvido.

Para saber adonde vamos, delinear los perfiles del futuro, elegir propuestas alternativas, se hace necesario conocer de dónde venimos.

Para definir la propia identidad nacional popular y revolucionaria, deberemos reconocernos como parte de esa historia.

Es imprescindible romper el falso esquema de que cuando nos incorporamos a la construcción popular, la historia recién comienza. Más de cien años de nuestro movimiento obrero transitando y practicando distintas vías, alternativas, que se sintetizan hoy en propuestas concretas, nos marcan claramente lo contrario.

Este sustrato, es lo que una y otra vez impidió la tergiversación de su destino, ante las políticas que trataron de integrarlo, comprarlo, o reprimirlo.

Esa es la importancia de buscar, husmear, reflexionar, sobre historias que tratan de ser ocultadas.

Una de esas historias, trascendente y fundamental, es la historia de un intento, que se denominó "ATLAS", expresión de la voluntad latinoamericana, resultante de una actitud claramente antiimperialista.

Allí, tal vez esté la esencia para constituirse en protagonista principal, en lo nacional como en lo internacional, de una revolución popular y con sentido continentalista.

La política internacional, es la consecuencia inexorable de las definiciones de la política nacional. Es la coherente práctica, en un plano más extenso, de la visión ideológica y política aplicada en el campo de lo nacional.

No es posible ser autónomo, latinoamericanista, ni expresar internacionalmente deseos de liberación, sino se ejercita en la práctica cotidiana en el marco nacional una vocación orientada en el mismo sentido.

Quien piensa en la aceptación de las pautas del sistema, de su integración al capitalismo como sistema de vida, será a no dudarlo, vertiente de las expresiones profesionalistas, "amarillistas" o meramente reivindicativas.

Aquéllos aceptan que su base de sustentación, no son los trabajadores sino la legalidad que emana de los poderes.

No es extraño pues, una política internacional con los mismos parámetros, donde lo fundamental será alinearse donde esté el PODER; no importa cuál ni para qué, sino la legalidad de los que mandan.

Por otra parte, quienes creen que es imprescindible superar al sistema de la explotación del hombre por el hombre, y que conscientes de la dependencia de nuestras naciones del Tercer Mundo, aspiran a transformar la realidad de la injusticia social, sostendrán con fortaleza, una política propia no alineada, y donde lo principal es encontrarse con los demás pueblos explotados del mundo.

En el movimiento obrero argentino han coexistido durante toda su historia distintas corrientes, expresiones del pensamiento. Se han destacado, como en la mayoría de los planos de la vida nacional, dos grandes vertientes.

Aquéllos que han entendido como su prioridad la legalidad de los de arriba, para "legitimarse" con los de abajo, y aquéllos que sustentaron que la legitimidad de los de abajo, la organización y fortaleza de los trabajadores puede ir transformando la legalidad de los de arriba.

Esta constante está inmersa dentro de esa gran confrontación entre lo nacional y antinacional; por un lado, los que miran el país desde afuera, y por otro los que reconociendo las complicaciones del mundo, miramos a éste desde nuestro propio designio.

Es en síntesis, el debate permanente de un sindicalismo de un país dependiente, en la búsqueda de su modelo definitivo.

Algunos, creyendo en la posibilidad de transferir modelos de los países centrales en forma automática, pero sin romper con la base de dependencia que es la causa justamente de esta injusticia que padecemos;

Es como creer que se puede distribuir más equitativamente la riqueza en nuestra patria, sin tocar los intereses de esos señores que han logrado profundizar sus actitudes imperiales.

Es cierto el mayor nivel de vida y participación de los trabajadores de los países centrales; pero el sustento de ello debemos buscarlo también en el drenaje de divisas, de las cada vez más concentradas transnacionales en detrimento de nuestros pueblos.

No es atípico ver, cómo algunas de ellas son capaces de aceptar no sólo la actividad gremial sino hasta la cogestión de sus empresas "ALLÁ", mientras en el Tercer Mundo no quieren reconocer a una comisión interna, o consideran, "socializante", dar información semestral sobre la marcha de la empresa.

Sólo se realiza auténtico protagonismo cuando se puede discutir libremente la distribución equitativa de la riqueza que generamos; y sólo seremos protagonistas principales no aceptando las reglas del juego impuestas.

Para los trabajadores argentinos, el sistema capitalista no es nuestro fin. No aceptamos ni aceptaremos la explotación del hombre por el hombre, ni como modelo ideológico, ni político, ni económico. Y es así, porque no aceptamos la marginalidad, la miseria ni el holocausto mundial como destino para la humanidad.

Para nosotros todavía es creíble y posible, la revolución nacional y popular, la gestación de un sistema basado en la solidaridad y en la justicia social, alumbrando al futuro una sociedad en que exista una sola clase de hombres: los que trabajen.

Esta construcción es necesario certificarla, y se hace imprescindible, profundizarla y debatirla desposeyéndonos de todo prejuicio. Debemos romper con cualquier tipo de dogma o trauma que nos haya quedado -como consecuencias de la aplicación sistemática de la represión no sólo física, sino de la represión intelectual, y la ejercida contra nuestra voluntad de poder y a nuestras ansias de liberación, a que fuéramos objeto durante largos años.

Y en este aspecto, recorrer la historia del intento de una voluntad latinoamericanista y revolucionaria que manifestaran los trabajadores argentinos a través de ATLAS, durante la década del 50, y el desarrollo de los acontecimientos posteriores, a través de estas páginas, implica no sólo una posibilidad sino una necesidad.

En esto, y cuándo aún nosotros debemos superar nuestros temores para profundizar en nuestro pasado, mucho más hay que animarse a superar para escribir parte de él.

Es justo reconocer en el compañero Daniel Parcero, esa voluntad férrea de hurgar, por desmitificar, y consecuentemente aportar no sólo hacia atrás, sino fundamentalmente con una actitud militante de cara al futuro.

Este trabajo es coherente con la necesidad de profundizar, y llevar adelante un debate sin temor ideológico ni político, y que urge no solamente en el campo sindical, sino en todos los ámbitos que hacen al modelo de sociedad que queremos construir.

Este es un debate que exige terminar con las dilaciones.

Es justo alentar entonces, y reconocer, a quiénes se animan a contribuir a este desafío que tenemos los sectores del campo nacional y popular.

Ha llegado el momento de no delegar más, para que otros nos resuelvan los problemas propios. No es posible seguir planteando la unidad del campo nacional y popular, sin ser capaces de dar nosotros mismos los pasos fundamentales para realizarla.

Tampoco es posible plantearse la unidad latinoamericana como un factor central de política para nuestros pueblos, sin ser capaces de comenzar a construirla a partir de actos cotidianos.

La unidad latinoamericana no la van a hacer los gobiernos por nosotros. No es tampoco la que intentan las transnacionales, unificando mercados, explotando nuestras riquezas naturales, vendiendo cada vez mejor sus nuevos productos tecnológicos, "rompiendo" las barreras para continuar haciendo pingües negocios.

La unidad latinoamericana se funda en algo más que la unificación de los mercados, y es en la unidad de los pueblos. Y esto es real cuando comienzan por unificarse las organizaciones intermedias. Cuando asumen criterios comunes frente a una crisis que es común, siendo conscientes de que quien nos mantiene en el atraso y la dependencia es un enemigo común.

El conflicto de Malvinas ha sido una experiencia insoslayable. Desde ese apagón de Caracas, la movilización de Perú, el paro de solidaridad de los trabajadores, nos demostró a las claras cuál era la lectura que daban nuestros pueblos al sentido de Unidad Latinoamericana.

Esa unidad sólo necesita de dirigentes capaces de colocarse a la altura de ella y conducirla. Si se pensara que esta posibilidad es cierta; que es posible enfrentar y derrotar a este flagelo que nos viene condicionando, el día de nuestra liberación estaría más" cercano.

Si asumiéramos en toda su extensión los condicionamientos a nuestra perspectiva histórica, como lo es el endeudamiento externo, o la implantación sistemática de las doctrinas de la seguridad nacional, entenderíamos claramente que el "interamericanismo" que muchas veces nos plantean algunos, ha sido un garrote ante nuestras aspiraciones.

Bolívar sentenciaba hace más de cien años, "de no haber unidad latinoamericana, ese gigante que crece en el norte terminará por devorarnos a todos". Es la concreta realidad que vivimos en nuestros días.

Queda claro, es menester no sólo manifestar a nivel nacional e internacional lo que quisiéramos que fuera. Es hora de comenzar a construir la fuerza que lo haga posible.

En este aspecto, el debate a que aportan las páginas de este libro, servirá de base, como una contribución, en la determinación de transitar caminos alternativos a los que los trabajadores argentinos no estamos dispuestos a renunciar.

10.6.87 en el CD.C. de ATE

 

Por Víctor De Gennaro

Secretario General Asociación Trabajadores del Estado - Consejo Directivo Central