“El
primer local peronista, que abren no era Unidad
Básica, y lo armo yo”
¿Cuál
era el marco histórico de los albores
de los años ´40?
Entonces,
íbamos a la barra, con la simple pretensión
de escuchar a estos tipos (oradores del cambio
político radical) y valía la pena
perderse la noche. Ese fue el movimiento en
la Capital y el otro se hizo en la provincia
de Buenos Aires. Este fue el Movimiento Revisionista
que encabezó Balbin (Ricardo) cuando
era muchachito. Nosotros estábamos en
los dos lados, pero ¿que pasó?:
ya estábamos peleando con los dirigentes
radicales de aquel momento porque como ahora,
no querían largar, eran siempre ellos.
Cuando se moría alguno, ponían
al hijo o al pariente. Entonces, nosotros, que
veníamos de atrás, muchachos jóvenes
nos cansamos. Aprovechando el Movimiento Revisionista
de Balbín, se hizo en toda la provincia
un Movimiento grande y de ahí nace, cuando
aparece Perón, la Unión Cívica
Radical Junta Renovadora. Ahí nos enganchamos.
¿Balbín
participó de la Junta Renovadora?
No.
El Movimiento Revisionista tenía como
cabezas a Balbín, Alejandro Leloir, de
Laprida -un bacanazo - y Salvador Cetrá,
de 25 cuando. Pero cuando llega Perón,
Leloir y Cetrá se vienen al peronismo
y nos arrastran a todos nosotros y Balbín
se queda. Esto lo hemos discutido 25 mil veces
y nunca nos pudimos poner de acuerdo. Nosotros
pendejos al lado de ellos. Pasaba
que Balbín, pasándose al Movimiento
Peronista, era un tipo que tenía algo
que perder. Perón todos los días
largaba algo, y todos los días, no sabíamos
dónde íbamos a terminar de parar.
¿Y
como fue su incorporación al peronismo?
Una
vez que estaba dentro uno se decía ¿pero
donde me metí?. Perón un día
sacaba una cosa y al siguiente salía
con otra. Y así montó todo el
Movimiento. Tuvimos la suerte que Perón
era un genio.
Balbín
no quiere venir. Yo lo justifico porque él
tenía mucho para perder. Ya era una figura,
El y Moisés Lebhenson. La historia se
escribe de una manera extraordinaria. La gente
no dice la verdad. Macanea mucho. Se dan por
sentadas, cosas que no existieron nunca. Pasa
de boca en boca y bueno...
¿Y
cuál es esa movida radical de cambio?
Cuando
Balbín no quiere venir al peronismo y
sí lo hacen Cetrá. Detrás
de ellos entramos nosotros; por ejemplo, Jorge
Pellerano, Adrogué; Antonio Bianculli,
de Avellaneda. Nosotros estábamos peleados
con el radicalismo y aprovechamos para formar
la Junta Renovadora. Presidente era Hortensio
Quijano. No nos fue mal, porque le encajamos
a Quijano en la fórmula presidencial
del ´46, que fue Perón-Quijano
.
¿Y
en Lomas cómo se organizaban?
Y
pusimos el primer Comité Peronista, pero
no Unidad Básica; era en realidad la
Unión Cívica Radical Junta Renovadora
Juan Domingo Perón, en la
calle Alvear 32, que era la casa del lechero
Leone, que me alquiló el primer local.
El como nosotros era también radical.
Y vean que casualidad, salgo electo diputado
provincial el mismo día que Perón
presidente, el 24 de febrero de 1946.
¿En
que orden estaba en la lista?
Dos
por la provincia. El primero era Cesar Bresa,
quien era el segundo de Bianculli; el tercero
fue Ratti, de Lobos. Yo lo puse a Ratti en tercer
lugar con el argumento siguiente. Dije: en
Lobos hay cuatro mil votos, había
a que ganar. Fuimos a la elección con
la boleta de la Junta Renovadora. Por eso les
dije a los muchachos: en Lobos hay cuatro
mil votos y si ponemos a este pibe, ganamos.
Era un chico jovencito, hijo Ratti. Yo había
hablado con el viejo, y más que con él,
con doña María, la mujer de Ratti,
porque era ella la que mandaba en realidad.
Mandaba
en el pueblo, allí no mandaban ni el
padre ni el hijo. En Lobos -les dije-
no existe la Unión Cívica Radical
y Ratti presidente. Están los ratistas
-como había Barcelonistas. (por Barceló
en Avellaneda), había Castristas (por
Manuel Castro en Lomas de Zamora), donde Castro
se llevaba todo- . La gente no era conservadora
era Castrista,Barcelonista. Allí eran
Ratistas. Lo metí y salimos los tres.
¿Alguna
huella de Perón por esos tiempos previos,
en la zona?
Inauguramos
el local que mencioné y a los quince
o veinte días lo trigo a Perón
por primera vez a Lomas de Zamora. Lo llevo
a un acto al que creí que no iba a venir,
pero me dijo yo quiero ir. Todavía
era coronel. Era el más inteligente de
todos los que estaban ahí, en el gobierno
de la revolución del ´43.
En
la avenida Rosales, en Escalada, los ferroviarios
(la Unión Ferroviaria) tenían
un local, donde iría a toda gente de
los talleres, era un cine. Hicieron una asamblea
y lo invitaron a Perón. Estaba en la
Secretaría de Trabajo, pero claro, no
sabían si Perón iba a ir. Yo estaba
en la intendencia de Lomas de Zamora, donde
fui Secretario durante tres meses -en la época
que el interventor de la provincia Buenos Aires
era el doctor Juan Atilio Bramuglia.
El
nombro al padrino del hijo, Augusto Suigo (radical
de la Junta Renovadora, con quien habíamos
hecho el lío de la separación
radical) comisionado municipal, y a mí-
. Perón pidió a la municipalidad
información sobre ese acto y yo personalmente
le llevé los antecedentes, al departamento
que tenía en la calle Posadas al 1400
en la Capital Federal. Cuando le expliqué
todo me dijo: yo quiero ir.
Los
Soler cuentan que en Lomas tuvieron la primera
Unidad Básica y se reunían alrededor
de un árbol que todavía está
en la casa...
Bueno
si. Fue en la calle Carlos Pellegrini al setenta
y tantos, que Soler tuvo una Unidad Básica
ahí, pero después. Yo estuve muchas
veces en esa Unidad Básica.
¿Dónde
lo encuentra el 17 de octubre del ´45?.
En
la Municipalidad, siendo Secretario. Recibí
toda la columna de descamisados que pasaba por
acá, estando en la municipalidad. Siempre
lo dije (aludiendo al 17 de Octubre). Lo cuento
en un libro de Perina. Discutí mucho
con Cipriano Reyes, quien fue amigo mío,
muy buen muchacho; tenía sus cosas, sus
reviros, era muy macaneador, macaneaba siempre
a favor de él. Una vez le dije vos
estás macaneando, porque él
publicó un libro titulado El 17
de Octubre lo hice yo. Eran macanas.
¿Y
quien lo hizo?
El
17 de octubre no lo hizo nadie. Ni Reyes, ni
la CGT, ni un carajo. Apareció Cipriano
Reyes en esos momentos, un poco antes, ya no
era gremialista, ni era un carajo, vivía
de la caza y de la pesca. Gremialista habían
sido los dos hermanos en la carne, del frigorífico
de Berisso. Una vez se armó una podrida
grande en una asamblea con muchos comunistas
y otra gente
eran gremios muy pesados.
Se armó un tiroteo de la gran puta donde
mueren dos hermanos de Cipriano Reyes. ¡La
que se armó!. Entonces Perón tuvo
que ir al velorio. Va a Berisso. Estaba Cipriano
y Perón lo tiene al lado... lo abraza.
Con eso levantó políticamente
y se enganchó en la lucha a favor de
Perón. Pero Cipriano nunca fue peronista.
¿Y
la lista para las elecciones del ´46?
Porque
Cipriano... miren
la cosa es así:
a Perón lo eligen Presidente de la República
el 24 de febrero del ´46; cuando Reyes
tenía la lista completa y donde era candidato.
Se mandó una de cowboy ...de la noche
a la mañana pasó a ser un personaje,
y creyó que tenía el sol agarrado
con la mano. Cipriano se mandó una frase
de la gran puta unos días ante un grupo
en la confitería a del Jockey Club de
la Capital, en Callao -nosotros teníamos
el Comité Central a media cuadra, donde
hoy está el Hotel República- y
a los diez minutos ya lo sabía Perón
que estaba en el tercer piso. La frase fue:
¡qué Perón ni que
Perón. El Movimiento ha superado al hombre,
como diciendo que Perón era una ruedita
más del Movimiento y no era el conductor.
La historia curso.
El
título que más me enorgullecees
el de traidor a la Patria
¿Podemos
recorrer sus cargos
diputado provincial
primero...?
Si.
Del año 1946 a 1948. Ahí comienza
mi carrera oficial dentro del peronismo, porque
había tenido antecedentes en el radicalismo.
Alcancé, siendo muy joven, a ser secretario
del Comité Marcos Grigera, que presidía
el doctor Garona, y fui presidente del Juventud.
Nosotros estuvimos, siendo radicales, desde
el año 1931. Ese año, el 5 de
abril, hacen la elecciones en la provincia creyendo
que las iba a ganar el gobierno, y resulta que
la ganan los radicales. La ganan la fórmula
Pueyrredón-Guido; y las anularon porque
no les gustó.
Por
entonces hubo 14 años de fraude y la
dirigencia no estaba a la altura de las circunstancias.
Se cansaron y terminaron por aceptar el fraude,
porque eso les permitía ingresar una
cantidad de diputados, unos 40 en todo el país,
por la minoría. Se sentían cómodos.
Ahí explotamos los muchachos jóvenes
y se armó el despelote de la Junta Renovadora.
¿Sabían
que fui director del Diario La Unión
dos años?. A La Unión la intervinieron
en el año 1950. Los dueños eran
Gritta y David Wosco y un comerciante de la
calle Laprida, Luis Vigo. Los tres eran amigos
míos. Vinieron a mi casa. Yo por entonces
era diputado nacional. Venían desesperados
por lo que les pasaba. Y yo la veo a Evita.
Andaba muy bien con ella. Para mí era
una hermana. Me quería con locura. Y
yo a ella. Le dije pasa esto.
¿De
que se trataba?
Evita
ya le tenía bronca a LA UNION porque
le habían llevado una postal de ella
con la camiseta de Boca y las tetas al aire.
Seguramente obra de los obreros del taller,
y claro que otra cosa eran los directivos. Alguien
había hecho circular aquello y les tomó
bronca.
Pero
el lío era por lo del año
del Libertador General San Martín,
por la omisión de publicar en cada edición
ésa disposición. Por lo que se
decide clausurarlo.
Entonces
le dije a Evita: mire son amigos míos.
Lindos amigos tenés vos me
contestó, y agregó: hace
lo que quieras. Pido por el levantamiento
del asunto y me dicen que no, que no se puede
levantar la clausura. No podemos clausurar
hoy y levantar mañana. Cámbienle
el nombre por una temporadita, hasta que pase
la bronca; y la otra condición para levantar
la clausura es que vos te hagas cargo.
Fue as que durante dos años salió
como El Regional. Fui en realidad, director
de El Regional, no de La Unión.
¿Algún
cargo que lo enorgullezca?
El
cargo que me enorgullece es el de traidor
a la Patria. Cuando se produjo la Revolución
Libertadora del ´55, a Perón le
arman el juicio Perón y otros por
traición a la Patria. Y uno de
los otros, era yo. Tengo muchos títulos:
embajador, ministro, diputado provincial, diputado
nacional. Pero ninguno de esos me gusta. A mi
me gusta el de traidor Patria.
Después
de ser diputado, fui embajador hasta 1955 en
Méjico. Fui Ministro de Gobierno de Oscar
Bidegaín en 1973. Dejé de ser
ministro ccuando coparon el Regimiento 602 y
mataron a un coronel y la familia. Y fui Gobernador
de la Provincia durante 72 horas. Nadie lo sabe.
Cuando renunció Bidegain en el 73, el
vice era Victorio Calabró. No se podían
ver. Calabró era presidente del Senado
y no le sacaba una ley ni por joda. Además
manejaba la parte gremial desde el Senado. Nosotros
estábamos en minoría. Cuando se
produce ese asunto de City Bell, me da la renuncia
a mí. Yo tenía que mandarla a
la Legislatura. Lorenzo Miguel y me dice No
Adolfo, porque la llevás, la van a aprobar
en dos minutos y lo tenés a Calabró
acá. ¿Y que querés
que haga? le digo. Mandásela
al Ministerio del Interior. Dame tiempo a hablar
con Perón y explicarle, me dice.
Lorenzo quería, y yo también que
no agarrara Calabró el gobierno. Queríamos
que el Poder Ejecutivo Nacional interviniera.
Pero ¿qué sucedió?. Mientras
estábamos se produjo que Balbín
se amiga con Perón. Todo junto. Fue cuando
se apareció en Gaspar Campos y saltó
el cerco (de la casa), yo qué sé
que carajo hizo. Y en una mañana habla
de la Provincia de Buenos Aires, estando Benito
Llambí (que era ministro del Interior)
con la renuncia de Bidegaín mano... Recuerdo
que el Diario El Día de La Plata me saca
un artículo de la gran puta, hablando
de la ignorancia del Ejecutivo, y que se yo
cuanto por haber mandado la renuncia al ministro
del Interior en lugar de hacerlo con la Legislatura.
Pensaban que no sabíamos. Y Balbín
le dice a Perón no ; mientras
que Perón decía vamos a
intervenir, Balbín insiste general,
no interrumpa el proceso constitucional. Para
que están sino los vices. Perón
quería andar bien con Balbín porque
en ese momento lo necesitaba y le hace caso.
Al otro día, la Legislatura aprobó
todo y 72 horas después vino Calabró.
Una
de las cosas por las cuales Lorenzo no quería
que Calabró fuera gobernador, era porque
los dos eran metalúrgicos. Era la interna
Unión Obrera Metalúrgica. Y Lorenzo
no quería que se le agrandara ninguno
de abajo.
En
ese tiempo los hombres fuertes eran Lorenzo
y Luis Guerrero; el día anterior a la
proclamación, la fórmula era Tomás
de Anchorena de General Belgrano y Guerrero.
Y Perón la da vuelta la noche anterior
en el Restaurante Nino. No le gustó nada
a Anchorena.
Bueno,
después de las 72 horas que dije, gran
reunión en el Salón Dorado; lectura
de la renuncia de Bidegain; la toma del poder
por parte de Calabró y estábamos
todos ahí. Cuando termina, me dan las
gracias los servicios prestados. Yo podía
haberme rajado y los dejaba porque rajaron todos.
El único que me quedé fui yo.
Sube Lorenzo Miguel le da un abrazo a Calabró.
No dije nada.
Yo,
ese día, tenía que irme a Mar
del Plata. Le había pedido permiso a
Calabró; le digo: mira tengo que ir a
Mar del Plata ¿puedo usar el avión
de la gobernación?. El lo autoriza.
El avión estaba preparado antes de pedirle
permiso. Me voy al aeropuerto y me lo encuentro
a Lorenzo que había ido con un helicóptero
de la Policía Federal; y le digo che,
que abrazo le diste a Calabró; estuviste
jodiendo tres días seguidos tratando
de ganar tiempo... y me dice ¿que
querés que haga?, ya había perido
. Lorenzo era intocable; un personaje.
Si
queremos hablar de otros personajes ¿
empezaría con Bidegáin?.
Mi
amistad con él nació cuando los
dos fuimos diputados nacionales. Estuvimos cuatro
años juntos. Eramos muy amigos, no solo
de la política. Compañeros de
banca
y del otro lado lo teníamos
al padre Filippo, un cura que era otro personaje
de leyenda.
Fui
muy amigo de Ricardo Guardo. Fui muy amigo de
Arturo Jauretche. Con él tengo muchas
anécdotas. De los cuatro años
de exilio hice una amistad con él. Alquilamos
juntos un departamento. Ibamos a conferencias
juntos. En el Uruguay, había un clima
muy malo hacia el peronismo, tanto o más
malo que el que había en Buenos Aires.
¿Por
qué?
Porque
Perón no se había manejado bien
en las relaciones con Uruguay. A raíz
de que le dió mucha cabida a los exiliados
opositores en aquel momento. Las relaciones
se pusieron tensas. Perón no cometió
un error sino que lo hizo porque quiso. Los
uruguayos que venían a Buenos Aires necesitaban
pasaporte, y el pasaporte no te lo daban tampoco.
Era simbólico eso. No había un
uruguayo de clase media que no tenga pariente
o un amigo en Buenos Aires. Durante cuatro o
cinco años no lo podían ver. Tenían
que ir al Paraguay y dar la vuelta.
Por
eso, cuando llegamos, la hostilidad era tremenda.
Y para colmo la Revolución Libertadora
lo designa a Alfredo Palacios embajador Uruguay.
Este acepta ser embajador de los militares.
Cosa rara. Pero había tanta bronca contra
Perón.
El
tipo nos hizo la vida imposible. Yo tuve un
problema. Casi el 90% de los que habíamos
entrado, lo hicimos de contrabando, de manera
que nadie sabía que existíamos.
El 10% habíamos entrado legalmente. Yo
no, porque había tenido un accidente
de aviación. Me había ido con
una avioneta del Club La Matanza que estaba
en el Puente 12; era un pajarito. Ibamos el
que manejaba (un polic a) y yo. El acelerador
del avión era un alambre. Cuando llegamos
tuvimos que aterrizar en el campo, y nos dimos
vuelta. No nos hicimos nada, pero tropezamos
el alambrado de un potrero
y a la mierda...intervino
la policía.
Entonces
tuve que pedir asilo político. Era un
día domingo. No hay nada peor que caer
preso un día domingo.
Estamos
hablando después de la Revolución
Libertadora. Y cuando salió el proceso
a Juan Perón y otros por traición
a la Patria, se empiezan a pasar la pelota;
el subcomisario dice: bueno, hablen al
ministro a la casa
. No
dice el comisario me van a mandar al diablo.
No, le repite el subcomisario hable,
porque le esta dando una noticia importante,
de lo contrario mañana le va decir porque
no le avisamos antes, y lo va a tener loco.
Lo convenció. Al rato paso y el tipo
hablando con el ministro, doctor Caamaño
-era del Partido Colorado- Después fue
amigo mío. La cuestión es que
el tipo lo llama al Ministro de Interior y le
explica. El ministro le dice (al jefe de policía
Hágale el prontuario, y métale
todos los datos, que constituya domicilio dentro
de la ciudad de Montevideo. Sáquele fotografías
y lárguelo, para que se presente mañana
en el ministerio del Interior.
Al
día siguiente me presento. Así
me dan asilo político: Artículo
primero (del Decreto) concédase asilo
político al ciudadano Adolfo Silvestre.
Artículo segundo, tómese por cárcel
la ciudad de Montevideo.
No
podía salir de ahí. El artículo
tercero me obligaba a fijar el domicilio y el
artículo cuarto era una bomba, decía
deberá presentarse dos veces por
día, a las 10 y a las 17, en el Departamento
de Policía para firmar la planilla de
presencia en la ciudad. Tenía que
ir todos los días. Al principio éramos
dos. Después se fue agrandando la lista
de la planilla.
Al
poco tiempo cuando los sargentos me veían
venir, me tiraban la lapicera para que firmara
donde lo indicaba mi nombre.
¿Y
su familia se adecuó?
Yo
tengo esposa (María Angélica Zaei)
y dos hijos. En aquella época cuando
me fui al exilio, tenía a mi hijo (se
llama exactamente como yo, costumbre de los
italianos de la baja Italia) que actualmente
es abogado y tenía cuatro años.
Y mi señora estaba embarazada de Marcelita,
ahora es diputada nacional.
Era
verano. Alquilaba un departamento, o casa, en
Carrasco o Pocitos. Entonces venían todos.
Durante el invierno mi mujer viajaba cada quince
o veinte días. Y ahí nace Marcelita,
en Buenos Aires. Yo a mi hija menor la conocí
cuando tenía veintiocho días.
Unos días antes del parto, viajó
mi mujer a Buenos Aires para que naciera en
Argentina.
Cuando
mi mujer llegó con los chicos, yo estaba
esperando la llegada del vapor de la Carrera
con Arturo Jauretche. Fuímos a Carrasco.
En frente nuestro, el chalet lo ocupaba el presidente
de la Suprema Corte de Justicia de Uruguay,
De Gregorio de apellido.
Y
el tipo, como Carrasco está a veinticinco
minutos de Montevideo, los días en el
verano viajaba hasta esa casa. En invierno vivía
en Montevideo. Nosotros habíamos alquilado
entre tres amigos platos, cubiertos, para doce
personas. Después a la noche teníamos
cuarenta tipos. Puchero de gallina a la mesa
y lo venían a hacer el que cuidaba todas
esas casas durante el invierno. Hacía
las compras y se encurdeleaba. Era el capanga
Antonio Leiva. Se había encariñado
conmigo. Enfrente habíaa unos galpones
de una empresa constructora donde tenían
material de madera de encofrado y vivía
en una casucha que había hecho con esa
madera. Y cuando nos teníamos que venir
dijo: No que se van a ir, y le explicamos
que no teníamos de que vivir y nos dijo
quédense acá yo le hago
una prefabricada al fondo. Como también
cuidaba la casa de De Gregorio, le dijo a la
señora que yo quería hablarle,
y le pedimos si podría prestar algunos
cubiertos. Si me dijo. Resulta que
Palacios nuestro embajador, lo venía
a visitar porque quería llevarse a su
secretario a Buenos Aires. Todos los domingos
venía a joderlo. Es así que a
nuestro capanga le pedimos que rondara
por el jardín, para saber cuando llegaba
Palacios, y poder saber de que hablaban.
Las
cosas del secreto, no se hablan en una habitación,
sino en el jardín. Palacios habló
muy mal de nosotros. Nos tenía una bronca
de la gran puta. Le dijo a la mujer señora
esos son ladrones, acá no están
por política, y ella no le dijo
que nos prestaba los cubiertos, pero sí
que éramos buenas personas. Palacios
cometió el error de decir que lo de los
fusilamientos del 56 y algo más, eran
macanas. La opinión del Uruguay se dio
vuelta en 24 horas. Al día siguiente
éramos Gardel. Cuando fusilaron a Valle,
a Cogorno; a Irigoyen, y a los otros, la gente
que antes nos escapaba, nos buscaba para charlar
en los cafés con nosotros.
¿Hay
quien dice que peronista se nace y quien, que
peronista hace: Adolfo Jorge Bianchi Silvestre
se hizo peronista?
Yo
venía del radicalismo, más, venía
del yrigoyenismo. Era Yrigoyenista. Yo había
leído mucho de Hipólito Yrigoyen
de chico. Me acuerdo el Colegio Nacional en
Buenos Aires, el primario en la Escuela Normal
de Banfield y el secundario en el Nacional Buenos
Aires, en el Nacional, en Bolivar y Moreno.
Ese era el colegio de Juvenilla, de Miguel Cané.
¿De
ah salieron los Montoneros, por lo menos algunos
que después fueron dirigentes?
Claro,
claro. Era un colegio muy superior a cualquier
otro. Inclusive se entraba a la Facultad sin
dar examen. Algo que llevaba uno o dos años
de preparación. Ibamos tres amigos de
aquí de Lomas: Iturrioz, Codegoni y yo,
y pasábamos dos veces por día
frente a la casa de Yrigoyen. El vivía
a pocas cuadras de Constitución. La casa
la demolieron, era Brasil 1039, cuando se hizo
la ampliación de la avenida 9 de Julio.
Nunca lo pude ver.
¿Siendo
yrigoyenista era más fácil hacerse
peronista?
Claro.
Porque la línea política nacional
pasa por Alem, Yrigoyen y Perón
¿Era
una incipiente continuidad?
Es
un poco extraña. Porque cuando nace el
Movimiento Peronista, en realidad empieza una
labor importante de Perón en la revolución
y luego va a Trabajo y Previsión. Farrell
era Presidente de la Nación.
Perón
empieza a hacer su obra importante con los gremios.
Ya se veía claro que había un
hombre talentoso, no eran macanas. Los milicos
generalmente no tienen mucho vuelo, salvo él.
¿Y
como aparece Evita en la vida de Perón
y la suya?
Con
el Ingeniero Julio Quinteiro, que vivía
en Alem al 800 de Banfield, y que fue ministro
de Sanguinetti, interventor en la provincia
Aires. Lo conocía un poco a Perón,
porque era capitán de la Marina retirado.
Un buen día me dice vamos a ver
a Perón al departamento Posadas, porque
todas las mañanas atiende un rato ahí.
Y le digo nos van a sacar disparando,
pero fuimos.
Esa
fue la primera vez cuando lo conozco personalmente.
Me enganchó con el grupo de asistentes
que Perón: el capitán Russo, el
mayor Estrada...
Y
aparece Evita. Fue cuando se produce el terremoto
de San Juan. Entonces tiene lugar una reunión
muy importante de todos los artistas de Buenos
Aires en el Luna Park. Se conforma una comisión
para colaborar en la reconstrucción de
San Juan. Perón los invita a viajar a
todos. Ahí apareció Evita.
Disculpe
la interrupción ¿Y la historia
sobre Libertad Lamarque?
Por
primera vez se inventa el asunto de la cachetada
de Libertad
Lamarque,
que nunca existió y fue un macanazo.
Lo que pasó es que estaba la plana mayor
de los artistas de primera línea sentados
frente al escenario y Perón iba a decir
un discurso. En un momento determinado Libertad
Lamarque se levanta del asiento y se va al baño
o no se donde, y Evita se sienta cuando ve el
lugar vacío; viene Libertad y le dice
rajá de acá este es mi asiento
y eso fue todo lo que pasó.
Ah
en el Luna Park Perón conoce a Evita.
Hay muchas versiones. Muchas son mentiras. La
gran mentira de Roberto Galán, por ejemplo.
¿Y
quien se la presenta al general, entonces?
A
Eva Perón se la presenta el coronel Imbert;
en aquel momento de la misma camada de Perón
y él lo había puesto como jefe
del Correo. La invita a éste asunto de
San Juan. Van todos. Cuando vuelven la invita
tomar contacto con él y empieza a salir
con Perón. Hay entonces un episodio que
pudo cambiar el mundo y la política argentina
de todos los tiempos.
Un
episodio importante
Un
episodio insignificante, porque es increíble,
como una cualquiera, de menor calidad, pueda
gravitar tanto en la vida de un pueblo.
Mientras
Perón está noviando con Eva, la
invita una noche a cenar. Perón no quería
mostrarse sólo con una mujer, y la llevaron
a La Cabaña. Va Mercante (después
gobernador de Buenos Aires) y un segundo de
Perón. Vale la pena acotar que todo el
Movimiento Peronista giró en torno a
Perón, Evita y Mercante. Mercante va
con una chica, Isabel Hirsch, que da la casualidad
era profesora de un colegio de los Soler (los
de la calle Pellegrini, donde luego funcionaría
la Unidad Básica, que comenté,
del padre de los Soler). Están cenando
Perón, Evita, Mercante, Rita Hirsch,
que era secretaria y algo más de Mercante-.
Así comenzó todo.
Además
en el Ejército le habían tirado
la bronca (a Perón). Nunca la tragaron
a Evita. Lo invitaron a Perón a que la
largara y se encontraron con un tipo que dijo
que No. Me caso y me caso
Esa
noche, que les cuento, la primera vez que salieron
-eso me lo contó Evita, no lo sé
de quinta mano- Evita se puso lo mejor que tenía
que no era mucho, y un sombrero que en ese tiempo
se usaba. Yo no se como era, porque nunca lo
vi. Le pregunté si era muy llamativo:
Y según como lo mires, me
dijo. Cuando llega Evita, Perón le hace
un chiste sobre el sombrero y a Evita no le
gusta nada. No dije nada, me la banqué
me cuenta, y continúa el relato: a
la mitad de la comida me vuelven a joder con
el sombrero y me dice (Evita), mirá,
faltó un milésimo de minuto para
que me levantara de la mesa, los mandara todo
al carajo, largara todo y me fuera. Si
eso hubiera pasado no hubiera existido Eva Perón.
Volvamos
a su relación con Perón...
Bueno.
Perón. Yo tuve la suerte de andar un
poquito alrededor de Perón. Anduve muy
cerca de Eva Perón; trabajé seis
años con ella. Cerca del coronel Mercante,
cuando yo era diputado provincial y él
gobernador. Quiere decir que tuve relación
con los tres, por separado. En el peronismo
de aquella época eso no existía.
Había un grupo que amigo de Evita. Había
un grupo que era amigo de Perón. Había
otro grupo que era amigo de Mercante. Salvo
los grandes bonetes, que eran amigos
de los tres. No el concepto que tenemos de un
amigo. Sino compartir cosas. Perón no
ten a amigos. Además no los quería.
¡Atenti pebete!. No se conoce a nadie
que diga, yo fu a tomar un café con Perón.
¿Ustedes escucharon a algún tipo
que haya dicho fui al cine con Perón?
El único amigo, según se quiera
ver, que fue al Luna Park con Perón fue
el mayor Oscar Aloé, que después
fue gobernador. Quien además fue quien
contaba los porotos en el regimiento donde estaba
Perón. Nadie puede decir que fue a andar
en bicicleta, a ver un partido de futbol con
Perón. Nadie. Y es cierto. No tenía
a nadie. Ni los quería. El tenía
sí amigos políticos. Inclusive
entre sus camaradas. Se respetaban. Pero no
había ese concepto de lo que nosotros
llamamos amistoso.
Esto
lo discutí muchas veces, con compañeros
diputados, senadores, que se decían amigos
y les decía no lo digas;
yo tenía la costumbre de desenmascararlos
a todos. En estas cartas (que muestra) dice
amigo. Si yo me la pillara que Perón
era amigo mío sería un boludo.
Perón
ten a costumbre, si vos le escribías
una carta y le decía General...
, era de contestar doctor fulano de tal
Si le ponías Compañero...
el te escribía Compañero
.
Si vos le escribís Querido General...,
él te escribía mi querido amigo...;
te la devolvía. Perón era un talento.
No se puede discutir. Pero cuando te daba una
tarea determinada, cuando estaba en el gobierno,
vos la hacías exactamente como te la
había indicado. Salía algo mal
porque se había equivocado él
y te mandaba a la mierda. No te decía
nada, pero todas las ventajitas
que tenías antes, para entrar o salir,
ya no las tenías más. El que te
equivocaste fuiste vos. Nunca se equivocaba.
Te equivocabas vos, aunque hiciste todo lo que
te dijo él.
Perón
quería todo o nada
¿Vandor?
El
lobo Vandor un día me dijo:
Tenés razón Adolfo, ¡viva
Perón! pero que viva en España,
acá que se deje de joder.
Yo
había denunciado ese complot. (refiriéndose
a la posibilidad de los neo peronistas). Perón
me manda esta carta (la muestra) y me dice lo
que hay que hacer. Es fantástica. Está
(nos muestra otra) que manda Pavón Pereyra
(el historiador de Perón). La cosa es
así. En Mendoza no querían ir
a la elección y yo le dije a Perón
por carta a Mendoza se puede ir y se puede
ganar.
Porque
hay una cosa que tener en cuenta, todo Mendoza
estaba a favor de Serú García,
candidato a gobernador y que era de Vandor.
La campaña que hacían decía
en todo Mendoza Perón quiere a
Serú García. Toda esa campaña
era que Perón invitaba a votar por Serú
Garcí. Fui quince días antes por
todo Mendoza, y cuando volví, le dije
a Isbael Perón, que estaba en Buenos
Aires se puede ganar .
Le
empiezo a explicar que yo quería a ir
(estaban López Rega, Campano, de Tres
Arroyos, Pedro Eladio Vazquez, y ella) y paso
a explicar.
Le
digo mire es muy sencillo, en Mendoza
está instalado el mensaje de que Perón
quiere a Serú García; si nosotros
vamos a Mendoza a demostrar que Perón
no quiere a Serú García vamos
a ganar, pero hay que demostrarlo, y hay una
sola forma de que la gente nos crea. Si va Campano,
si va Lopecito. (por Lopez Rega), Vandor nos
va a meter dentro de una zanja y vamos a morir
ahogados. Si vamos a hacer campaña en
contra, no nos va a creer nadie. La única
que puede convencer al pueblo de Mendoza que
Perón quiere otra cosa es la mujer: Usted
tiene que venir. Hay diecinueve departamentos
y cuarenta y cinco días. Vayamos dos
días a cada departamento diciendo lo
que quiere Perón, y ganamos.
Antes
de pedirme una conclusión me muestra
una carta de Perón a ella, la práctica
carta de Perón, que siempre dice lo mismo:
yo a quince mil kilómetros de distancia,
ustedes ahí, yo acá
,
y todo eso, además decía yo
delego en vos toda la responsabilidad sobre
éste comicio, actúa con tranquilidad.
Yo te voy a avalar. Ella sabía
que si salía a mal la echaba a la mierda.
Pero ganamos nosotros porque una campaña
maravillosa, se acabaron los neo peronistas.
El
candidato que llevamos en Mendoza era Corvalán
Nanclares. Corvalán Nanclares- Martinez
Vaca. En esta carta (que exhibe) dice: los
que han perdido deben apartarse y si no se van
hay que hacer así...así ...así
y al final concluye si aún
persisten en esto habrá que emplear la
acción directa del Comando. La
acción directa del Comando en el peronismo
era, traducido, el equivalente de cagarlos a
patadas.
¿Eso
les fue agradecido por Perón?
Perón
nunca te agradecía nada. Siempre vos
estabas a prueba. Podías hacer cualquier
cosa, pero siempre le debías algo. Te
voy a explicar: él quería hacer
cinco cosas que te daba, por ejemplo, a mi me
mandaba una carta y me decía una cosa,
a otro le decía otra cosa distinta, y
a vos otra.
Paladino,
cuando era Delegado, se enojaba porque nosotros
lo jodíamos con el grupo mío que
teníamos en la Capital, porque Perón
nos decía lo que teníamos que
hacer y era muy distinto a lo que le había
dicho a otro.
Un
día estábamos comiendo en El Tropezón
y Paladino se quejaba, y le digo mirá,
vos cumplí con lo tuyo y dejate de joder.
Vamos mañana a las 12 de mediodía
a la Plaza de Mayo, nos ponemos debajo de la
Pirámide de la Plaza de Mayo, yo llevo
todas las cartas que tengo de Perón y
vos llevás todas las cartas que tenés;
le voy a decir aCampano que traiga las suyas
y también a las 62 Organizaciones. Vamos
a leerlas todas y vas a ver como nos vamos a
reir
¿Qué
hacía Perón?
Vos
siempre estabas en deuda. Porque él sabía
con lo que podía contar. Como dije, te
daba cinco cosas para hacer. Sabía que
el asunto uno lo podías hacer, que el
número dos lo podías hacer, que
tres te iba a costar, pero que el cuatro y el
cinco era imposible. ¿Pero porque te
daba las cinco cosas? Porque vos le cumplías
las dos primeras y dabas vueltas, mientras él
no te decía nada, pero cuando querías
reclamar algo, te decía: que me pide
esto, si yo le pedí tal cosa y no me
la hizo
.
Evita
era la revolución dentro del Movimiento.
¿Y
Evita?
Evita
era lo contrario. Evita te mandaba a hacer un
asunto mal y te bancaba. No te abandonaba a
la suerte de Dios. Evita revolución dentro
del Movimiento, Si no hubiera existido Evita,
evidentemente, Perón hubiera cumplido
con la parte doctrinaria, pero la parte revolucionaria,
el motorcito, era Evita.
Hay
una película argentina sobre Evita, que
hizo Esther Goris. El director de esa película
se llama Juan Carlos Desanzo. Esa película
la iba a protagonizar Andrea del Boca pero no
encajaba en la figura. Me contacté por
medio de Marcelita (su hija Marcela Bianchi)
porque quería saber algo de ella. Le
conté todo lo que sé que es mucho.
Tengo cien anécdotas de Evita. Entonces
la sacaron a Andrea y se la dieron a Goris,
que para mi fue un acierto. No sólo por
Goris, sino porque Desanzo estuvo informado
por un tipo como yo, al que no se la contaron
sino que conocía el asunto de adentro.
Y el tipo contó la verdad. En esa película
hay dos secuencias en las que intervine.
Uno
fue el episodio que me costó los cuatro
años de exilio,. Para la mentalidad de
aquella época, me tocó perder.
¿Qué
pasó?
En
el año ´51, el general Luciano
Menendez hace una revolución que fracasa.
A las once de la mañana, ya un episodio
que se produjo en La Plata había terminado.
Otro, en Córdoba se había terminado.
Pero nosotros dictamos una ley que regía
el comportamiento de los militares que se alzaran
contra los gobiernos constitucionales. Era duro.
Yo era secretario de la Comisión de Defensa
Nacional, por eso tuve que firmar. A las once
y media le llevamos a Perón esa ley,
yo y tres personas más. La entregamos
en la Secretar a General. Después no
sé que pasó adentro, pero Desanzo,
muestra en la película -de Perón
hace Victor Laplace, y del Franklin Lucero,
que era Ministro de Guerra, hace Pepe Novoa
el episodio. Perón sentado en
su despacho y Lucero parado, entra violentamente
(en la película) Evita. ¿Que
vas a hacer Juan ahora? Para los tipos
como yo, que le conocíamos el lenguaje,
sabíamos que Evita nunca le decía
Juan. Le decía coronel,
cuando era coronel, Presidente,
pero jamás Juan, cuando le
decía Juan, era porque había
un quilombo de la gran puta. Eso ¿como
lo supo Desanzo; quien se lo dijo?.Yo, que estaba
no lo sabía. Perón le dice mirá
Eva, éstas no son cosas tuyas. Estoy
hablando con el general Lucero sobre ese asunto
Y Evita le señala Y vos que tenes
que hablar con el general Lucero.?. Perón
adopta en la película esa costumbre de
indecisión, y Evita le dice. ¿Dónde
está la valentía de ese tipo que
fue capaz de casarse con una puta?. Eso no yo
no lo sé, lo cuento como lo presentan
en la película. Te repito no son
cosas tuyas, dejame solo. le dice Perón
y Evita le agrega desde la puerta mirá
Juan los muchachos te trajeron la ley, fusilalos
¿Tiene
otra anécdota?
Cuando
una huelga ferroviaria. A media tarde desaparece
Evita del depacho. Nadie sabía donde
había ido. Abandonó todo. Lo agarró
a Fierrito, al que tenía de chofer (un
muchacho que se llamaba Fierro y vino a Temperley)
y salió. La asamblea por la huelga ferroviaria
era en Temperley. Mi hermano vive en Mármol
y era comisario en Temperley por ese momento,
cuando recibe un llamado del jefe de policía,
que era el coronel Adolfo Marsillac, preguntándole
si se sabía algo de Eva Perón,
teniendo en cuenta que estaba la asamblea ah
. Mi hermano contesta que no, y le piden que
esté atento, y con la custodia necesaria.
Eva había salido sola y no se sabe donde
está. Mi hermano se va con la comisaría
entera (toda la dotación) a la estación
de Temperley.
Me
llama por teléfono. Yo tenía una
inmobiliaria en la calle Hipólito Yirigoyen.
Me pregunta. Le digo no sé nada.
Y me voy con él Temperley, A los diez
minutos, aparece. Me acerco y le digo que quiero
presentarle a mi hermano. Ella le dice sabía
que Adolfo tenía una hermano comisario,
pero no tenía el gusto de conocerlo;
le explicamos que hablamos con Marsillac, y
ella que le dice no...no...no... comisario,
saque toda la gente de acá; yo no quiero
custodia para nada, que desaparezcan todos los
policías de aquí, no quiero custodia
por eso vive sola . Pero señora,
para mi es un compromiso, es una orden directa
del jefe de policía, le dice mi
hermano. Comisario, dígale al Jefe
de no necesito nada. Que se quede tranquilo;
mi hermano intenta insistir y ella dice: mire,
comisario, yo quiero que desaparezcan todos
de aquí, porque no quiero que estos hijos
de puta crean que miedo. Mi hermano apartó
un poco a la tropa. Empieza la asamblea, como
siempre, entonces, en los extremos, luego otro
y otro. Evita se tragó los tres discursos,
y cuando habló ella, les dijo: Díganme,
ustedes saben lo que van a hacer... lo pensaron
bien... ustedes le van a hacer una huelga a
Juan Perón... ustedes saben lo que hay
hecho por Perón por el sector del campo
obrero, y para ustedes en su sindicato.
Los revoltosos vuelven a agitar y ella sigue
miren cuando a Perón lo saquen
del gobierno, lo van a degollar, no le quepa
la menor duda a ninguno, que lo van a degollar,
a mi me van a degollar, y (a cada uno de los
tres que habían hablado, les dice también)
a vos, también te van a degollar.
Ella era un personaje naturaleza.
¿Y
la yapa?
Veinte
mil veces cuando encontraba algo dudoso le decía
Señora eso hay que corregirlo porque
no puede ser, porque esto más adelante
¿cómo?... más adelante...
Adolfo... después de nosotros el diluvio.
Y,
el exilio en Madrid?
En
el 1955 terminó y agarramos el exilio.
Estuve cuatro años en el exilio. Desde
1955 hasta la llegada de Frondizi en el 58.
En esa época estuvimos muchos en el Uruguay.
Estuve varias veces en Puerta de Hierro, pasé
por Madrid varias veces.
Era
curioso. Un día estaba paseando por Madrid,
Perón me dice Acompáñeme,
venga para acá. Habíamos
ido a una panadería y él compró
unas tortas que le gustaban mucho. Iba seguido
a esa panadería. Me llevó a la
agencia de Aerolíneas Argentinas, en
Madrid. Antes de entrar me dijo aquí
los muchachos de Aerolíneas me quieren
mucho. Fuimos diez minutos. Salíó
y me dice sabe que pasa, los muchachos
me preparan una lista de todos los argentinos
que pasan por Madrid, revisando esa lista, me
doy cuenta que muchos viejos amigos me han olvidado
.
¿Por
que dice que tuvo varios exilios?
El
primero fue en la época de Uriburu, tenía
algo más de 16, y fui a parar a Martín
García.
¿Por
qué?
Fue
sin comerla ni beberla, en el año
1932. Alvear era presidente de la Juventud Radical,
y el radicalismo estaba en la abstención;
se hace una convención nacional en Santa
Fe. Fui con don Fabián Onzari, diputado
nacional por Avellaneda, y con don Carlos Sánchez,
el famoso rengo Sánchez, dirigente de
Adrogué. Carlos Sánchez era uno
de los tres o cuatro amigos que tenía
Hipólito Irigoyen. El tenía de
amigo a Elpidio Gonzalez y algún otro,
los demás eran caudillos, políticos,
pero amigos, amigos eran esos. Vamos a la Convensión
y allá se declara la abstención
revolucionaria, proclamada por Alvear. Había
una barra grande en la calle y empezaron a los
tiros en Santa Fe. Estaba Agustín P.
Justo en el gobierno. Viene la redada, nos llevan
y nos meten en un barco que estaba en el puerto
de Santa Fe, que se llamaba General José
Gervasio Artigas, era un barco mediano.
Sale el barco y nos llevan a Martín García.
Eramos como 400, casi todos dirigentes. Nos
meten en una Escuela de Mecánica de la
Armada, que estaba cerrada. Habíamos
dos menores, el hijo del ingeniero Boatti, un
viejo dirigentes muy importante, y yo. Al día
siguiente, habíamos llegado a eso de
la tarde, llega un telegrama del Ministerio
del Interior, cuya cabeza era Leopoldo Velez,
que dice que a los dos menores hay que largarlos.
Nos trajeron en un remolcador a las seis de
la tarde.
¿Y
el exilio que viene?
Después
vino el exilio éste, después de
la caída de Perón. Desde octubre
hasta la llegada de Frondizi en el 58. Fui a
Montevideo.
No
podíamos salir de Montevideo, donde estuve
cuatro años. Después tuve otro
exilio, cuando el Plan Conintes. El Plan hecho
Frondizi para movilizarnos por la policía
cada vez que fuera necesario, dado los tantos
líos que le hicieron a Frondizi. Muchos
estaban en Montevideo. Le hablé a Alfredo
Roque Vítolo, Ministro del Interior de
Frondizi, que era ntimo amigo mío, como
lo fue Frondizi. Entonces me dijo ¿por
qué disparás?.. .Mirá
yo estoy muy cansado -le dije- Tengo experiencias
suficientes. Se que cuando tenés que
rajar. De lejos se puede conversar. De cerca
te cagan a patadas y después te piden
disculpas, cuando te largan. Te
digo digo una cosa, venite, me anuncia.
Al otro día me vine y no pasó
nada. Cuando vimos me dijo: vos estás
en una lista, en una carpeta en el despacho
del doctor Frondizi, entre las personas que
no hay que molestar. No supe si era cierto,
porque los políticos vos sabés
como macanean. Eso ocurrió en el año
1959.
Yo
era muy amigo de Frondizi, lo conocí
en el ´32, cuando yo 17 años. Lo
conocí en la séptima sección
electoral, un día de elecciones internas
en el radicalismo. Todavía no había
aparecido Perón. El tenía 21 y
era abogado, y había sido medalla de
oro en Facultad. Era un talento. Si lo hubiéramos
dejado gobernar las cosas como él quería,
hubiera sido otro el país. Lo jodieron
32 planteos militares. Cada 15 días estaban
las charreteras arriba del escritorio. Lo cansaron.
Desgraciadamente tuvo sus problemas. Una sola,
hija Elenita también abogada. También
medalla de oro en la como el padre. Falleció
a los 30 años y Frondizi la pasó
muy mal. A mi me dijo un día, allá
por el treinta y tantos, estando Jauretche,
lo cargábamos porque no quería
venir a los cafés No te confundas,
estudiando para ser presidente de la República.
Veinticinco después, lo fue.
Una
vez, estando en Mar del Plata, me dijo: a
mí me sacaron del gobierno, porque ese
mismo año, pese a tantos planteos con
los que no me pudieron echar, dos o tres meses
antes perdí dos grandes amigos que si
hubieran vivido, no me sacan del gobierno, y
que fueron Juan XXIII y John Fitzgerald Kennedy.