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ENTREVISTA
 
Adolfo Jorge Bianchi Silvestre: De radical a peronista y “traidor a la Patria”

Adolfo Jorge Bianchi Silvestre con 90 años de edad, habiendo cumplido un rol protagónico en el escenario político del siglo pasado, cuenta con el distanciamentoi necesario para que la anécdota, se convierta en una versión singular de la historia, por momentos íntima, del peronismo.

Fue radical y se incorporó al peronismo vez ocurrido el histórico suceso del 17 de Octubre de 1945. Fue embajador, ministro, diputado provincial y nacional. Padeció la cárcel y el exilio, situaciones que no hicieran más que reafirmar sus convicciones.

Un hombre de plena confianza y permanente consulta de Domingo Mercante, Eva Perón y Juan Perón. Con orgullo se jacta de haber sido declarado, junto a Perón y otros, traidor a la Patria por la Revolución Libertadora que derrocara al Peronismo en 1955.

Nuestra relación periodística con su hija, la diputada del Partido Justicialista, Marcela Bianchi Silvestre, nos sirvió para poder entrevistar a su padre. Fue una fría tarde de agosto la que gentilmente aceptó conversar con nosotros, café medio, en un bar ubicado frente a su domicilio, a metros España y Columbres de Lomas de Zamora.

 

“El primer local peronista, que abren no era Unidad Básica, y lo armo yo”

¿Cuál era el marco histórico de los albores de los años ´40?

…Entonces, íbamos a la barra, con la simple pretensión de escuchar a estos tipos (oradores del cambio político radical) y valía la pena perderse la noche. Ese fue el movimiento en la Capital y el otro se hizo en la provincia de Buenos Aires. Este fue el Movimiento Revisionista que encabezó Balbin (Ricardo) cuando era muchachito. Nosotros estábamos en los dos lados, pero ¿que pasó?: ya estábamos peleando con los dirigentes radicales de aquel momento porque como ahora, no querían largar, eran siempre ellos. Cuando se moría alguno, ponían al hijo o al pariente. Entonces, nosotros, que veníamos de atrás, muchachos jóvenes nos cansamos. Aprovechando el Movimiento Revisionista de Balbín, se hizo en toda la provincia un Movimiento grande y de ahí nace, cuando aparece Perón, la Unión Cívica Radical Junta Renovadora. Ahí nos enganchamos.

¿Balbín participó de la Junta Renovadora?

No. El Movimiento Revisionista tenía como cabezas a Balbín, Alejandro Leloir, de Laprida -un bacanazo - y Salvador Cetrá, de 25 cuando. Pero cuando llega Perón, Leloir y Cetrá se vienen al peronismo y nos arrastran a todos nosotros y Balbín se queda. Esto lo hemos discutido 25 mil veces y nunca nos pudimos poner de acuerdo. Nosotros “pendejos” al lado de ellos. Pasaba que Balbín, pasándose al Movimiento Peronista, era un tipo que tenía algo que perder. Perón todos los días largaba algo, y todos los días, no sabíamos dónde íbamos a terminar de parar.

¿Y como fue su incorporación al peronismo?

Una vez que estaba dentro uno se decía ¿pero donde me metí?. Perón un día sacaba una cosa y al siguiente salía con otra. Y así montó todo el Movimiento. Tuvimos la suerte que Perón era un genio.

Balbín no quiere venir. Yo lo justifico porque él tenía mucho para perder. Ya era una figura, El y Moisés Lebhenson. La historia se escribe de una manera extraordinaria. La gente no dice la verdad. Macanea mucho. Se dan por sentadas, cosas que no existieron nunca. Pasa de boca en boca y bueno...

¿Y cuál es esa movida radical de cambio?

Cuando Balbín no quiere venir al peronismo y sí lo hacen Cetrá. Detrás de ellos entramos nosotros; por ejemplo, Jorge Pellerano, Adrogué; Antonio Bianculli, de Avellaneda. Nosotros estábamos peleados con el radicalismo y aprovechamos para formar la Junta Renovadora. Presidente era Hortensio Quijano. No nos fue mal, porque le encajamos a Quijano en la fórmula presidencial del ´46, que fue Perón-Quijano .

¿Y en Lomas cómo se organizaban?

Y pusimos el primer Comité Peronista, pero no Unidad Básica; era en realidad la Unión Cívica Radical Junta Renovadora “Juan Domingo Perón”, en la calle Alvear 32, que era la casa del lechero Leone, que me alquiló el primer local. El como nosotros era también radical. Y vean que casualidad, salgo electo diputado provincial el mismo día que Perón presidente, el 24 de febrero de 1946.

¿En que orden estaba en la lista?

Dos por la provincia. El primero era Cesar Bresa, quien era el segundo de Bianculli; el tercero fue Ratti, de Lobos. Yo lo puse a Ratti en tercer lugar con el argumento siguiente. Dije: “en Lobos hay cuatro mil votos”, había a que ganar. Fuimos a la elección con la boleta de la Junta Renovadora. Por eso les dije a los muchachos: “en Lobos hay cuatro mil votos y si ponemos a este pibe, ganamos”. Era un chico jovencito, hijo Ratti. Yo había hablado con el viejo, y más que con él, con doña María, la mujer de Ratti, porque era ella la que mandaba en realidad.

Mandaba en el pueblo, allí no mandaban ni el padre ni el hijo. “En Lobos -les dije- no existe la Unión Cívica Radical y Ratti presidente. Están los ratistas” -como había Barcelonistas. (por Barceló en Avellaneda), había Castristas (por Manuel Castro en Lomas de Zamora), donde Castro se llevaba todo- . La gente no era conservadora era Castrista,Barcelonista. Allí eran Ratistas. Lo metí y salimos los tres.

¿Alguna huella de Perón por esos tiempos previos, en la zona?

Inauguramos el local que mencioné y a los quince o veinte días lo trigo a Perón por primera vez a Lomas de Zamora. Lo llevo a un acto al que creí que no iba a venir, pero me dijo yo “quiero ir”. Todavía era coronel. Era el más inteligente de todos los que estaban ahí, en el gobierno de la revolución del ´43.

En la avenida Rosales, en Escalada, los ferroviarios (la Unión Ferroviaria) tenían un local, donde iría a toda gente de los talleres, era un cine. Hicieron una asamblea y lo invitaron a Perón. Estaba en la Secretaría de Trabajo, pero claro, no sabían si Perón iba a ir. Yo estaba en la intendencia de Lomas de Zamora, donde fui Secretario durante tres meses -en la época que el interventor de la provincia Buenos Aires era el doctor Juan Atilio Bramuglia.

El nombro al padrino del hijo, Augusto Suigo (radical de la Junta Renovadora, con quien habíamos hecho el lío de la separación radical) comisionado municipal, y a mí- . Perón pidió a la municipalidad información sobre ese acto y yo personalmente le llevé los antecedentes, al departamento que tenía en la calle Posadas al 1400 en la Capital Federal. Cuando le expliqué todo me dijo: “yo quiero ir”.

Los Soler cuentan que en Lomas tuvieron la primera Unidad Básica y se reunían alrededor de un árbol que todavía está en la casa...

Bueno si. Fue en la calle Carlos Pellegrini al setenta y tantos, que Soler tuvo una Unidad Básica ahí, pero después. Yo estuve muchas veces en esa Unidad Básica.

¿Dónde lo encuentra el 17 de octubre del ´45?.

En la Municipalidad, siendo Secretario. Recibí toda la columna de descamisados que pasaba por acá, estando en la municipalidad. Siempre lo dije (aludiendo al 17 de Octubre). Lo cuento en un libro de Perina. Discutí mucho con Cipriano Reyes, quien fue amigo mío, muy buen muchacho; tenía sus cosas, sus reviros, era muy macaneador, macaneaba siempre a favor de él. Una vez le dije “vos estás macaneando”, porque él publicó un libro titulado “El 17 de Octubre lo hice yo”. Eran macanas.

¿Y quien lo hizo?

El 17 de octubre no lo hizo nadie. Ni Reyes, ni la CGT, ni un carajo. Apareció Cipriano Reyes en esos momentos, un poco antes, ya no era gremialista, ni era un carajo, vivía de la caza y de la pesca. Gremialista habían sido los dos hermanos en la carne, del frigorífico de Berisso. Una vez se armó una podrida grande en una asamblea con muchos comunistas y otra gente…eran gremios muy pesados. Se armó un tiroteo de la gran puta donde mueren dos hermanos de Cipriano Reyes. ¡La que se armó!. Entonces Perón tuvo que ir al velorio. Va a Berisso. Estaba Cipriano y Perón lo tiene al lado... lo abraza. Con eso levantó políticamente y se enganchó en la lucha a favor de Perón. Pero Cipriano nunca fue peronista.

¿Y la lista para las elecciones del ´46?

Porque Cipriano... miren… la cosa es así: a Perón lo eligen Presidente de la República el 24 de febrero del ´46; cuando Reyes tenía la lista completa y donde era candidato. Se mandó una de cowboy ...de la noche a la mañana pasó a ser un personaje, y creyó que tenía el sol agarrado con la mano. Cipriano se mandó una frase de la gran puta unos días ante un grupo en la confitería a del Jockey Club de la Capital, en Callao -nosotros teníamos el Comité Central a media cuadra, donde hoy está el Hotel República- y a los diez minutos ya lo sabía Perón que estaba en el tercer piso. La frase fue: “¡qué Perón ni que Perón. El Movimiento ha superado al hombre”, como diciendo que Perón era una ruedita más del Movimiento y no era el conductor. La historia curso.

“El título que más me enorgullecees el de traidor a la Patria”

¿Podemos recorrer sus cargos… diputado provincial primero...?

Si. Del año 1946 a 1948. Ahí comienza mi carrera oficial dentro del peronismo, porque había tenido antecedentes en el radicalismo. Alcancé, siendo muy joven, a ser secretario del Comité Marcos Grigera, que presidía el doctor Garona, y fui presidente del Juventud. Nosotros estuvimos, siendo radicales, desde el año 1931. Ese año, el 5 de abril, hacen la elecciones en la provincia creyendo que las iba a ganar el gobierno, y resulta que la ganan los radicales. La ganan la fórmula Pueyrredón-Guido; y las anularon porque no les gustó.

Por entonces hubo 14 años de fraude y la dirigencia no estaba a la altura de las circunstancias. Se cansaron y terminaron por aceptar el fraude, porque eso les permitía ingresar una cantidad de diputados, unos 40 en todo el país, por la minoría. Se sentían cómodos. Ahí explotamos los muchachos jóvenes y se armó el despelote de la Junta Renovadora.

¿Sabían que fui director del Diario La Unión dos años?. A La Unión la intervinieron en el año 1950. Los dueños eran Gritta y David Wosco y un comerciante de la calle Laprida, Luis Vigo. Los tres eran amigos míos. Vinieron a mi casa. Yo por entonces era diputado nacional. Venían desesperados por lo que les pasaba. Y yo la veo a Evita. Andaba muy bien con ella. Para mí era una hermana. Me quería con locura. Y yo a ella. Le dije pasa esto.

¿De que se trataba?

Evita ya le tenía bronca a LA UNION porque le habían llevado una postal de ella con la camiseta de Boca y las tetas al aire. Seguramente obra de los obreros del taller, y claro que otra cosa eran los directivos. Alguien había hecho circular aquello y les tomó bronca.

Pero el lío era por lo del “año del Libertador General San Martín”, por la omisión de publicar en cada edición ésa disposición. Por lo que se decide clausurarlo.

Entonces le dije a Evita: “mire son amigos míos”. “Lindos amigos tenés vos” me contestó, y agregó: “hace lo que quieras”. Pido por el levantamiento del asunto y me dicen que no, que no se puede levantar la clausura. “No podemos clausurar hoy y levantar mañana. Cámbienle el nombre por una temporadita, hasta que pase la bronca; y la otra condición para levantar la clausura es que vos te hagas cargo”. Fue as que durante dos años salió como El Regional. Fui en realidad, director de El Regional, no de La Unión.

¿Algún cargo que lo enorgullezca?

El cargo que me enorgullece es el de “traidor a la Patria.” Cuando se produjo la Revolución Libertadora del ´55, a Perón le arman el juicio “Perón y otros por traición a la Patria”. Y uno de los otros, era yo. Tengo muchos títulos: embajador, ministro, diputado provincial, diputado nacional. Pero ninguno de esos me gusta. A mi me gusta el de “traidor Patria”.

Después de ser diputado, fui embajador hasta 1955 en Méjico. Fui Ministro de Gobierno de Oscar Bidegaín en 1973. Dejé de ser ministro ccuando coparon el Regimiento 602 y mataron a un coronel y la familia. Y fui Gobernador de la Provincia durante 72 horas. Nadie lo sabe. Cuando renunció Bidegain en el 73, el vice era Victorio Calabró. No se podían ver. Calabró era presidente del Senado y no le sacaba una ley ni por joda. Además manejaba la parte gremial desde el Senado. Nosotros estábamos en minoría. Cuando se produce ese asunto de City Bell, me da la renuncia a mí. Yo tenía que mandarla a la Legislatura. Lorenzo Miguel y me dice “No Adolfo, porque la llevás, la van a aprobar en dos minutos y lo tenés a Calabró acá”. “¿Y que querés que haga?” le digo. “Mandásela al Ministerio del Interior. Dame tiempo a hablar con Perón y explicarle”, me dice. Lorenzo quería, y yo también que no agarrara Calabró el gobierno. Queríamos que el Poder Ejecutivo Nacional interviniera. Pero ¿qué sucedió?. Mientras estábamos se produjo que Balbín se amiga con Perón. Todo junto. Fue cuando se apareció en Gaspar Campos y saltó el cerco (de la casa), yo qué sé que carajo hizo. Y en una mañana habla de la Provincia de Buenos Aires, estando Benito Llambí (que era ministro del Interior) con la renuncia de Bidegaín mano... Recuerdo que el Diario El Día de La Plata me saca un artículo de la gran puta, hablando de la ignorancia del Ejecutivo, y que se yo cuanto por haber mandado la renuncia al ministro del Interior en lugar de hacerlo con la Legislatura. Pensaban que no sabíamos. Y Balbín le dice a Perón “no” ; mientras que Perón decía “vamos a intervenir”, Balbín insiste “general, no interrumpa el proceso constitucional. Para que están sino los vices”. Perón quería andar bien con Balbín porque en ese momento lo necesitaba y le hace caso. Al otro día, la Legislatura aprobó todo y 72 horas después vino Calabró.

Una de las cosas por las cuales Lorenzo no quería que Calabró fuera gobernador, era porque los dos eran metalúrgicos. Era la interna Unión Obrera Metalúrgica. Y Lorenzo no quería que se le agrandara ninguno de abajo.

En ese tiempo los hombres fuertes eran Lorenzo y Luis Guerrero; el día anterior a la proclamación, la fórmula era Tomás de Anchorena de General Belgrano y Guerrero. Y Perón la da vuelta la noche anterior en el Restaurante Nino. No le gustó nada a Anchorena.

Bueno, después de las 72 horas que dije, gran reunión en el Salón Dorado; lectura de la renuncia de Bidegain; la toma del poder por parte de Calabró y estábamos todos ahí. Cuando termina, me dan las gracias los servicios prestados. Yo podía haberme rajado y los dejaba porque rajaron todos. El único que me quedé fui yo. Sube Lorenzo Miguel le da un abrazo a Calabró. No dije nada.

Yo, ese día, tenía que irme a Mar del Plata. Le había pedido permiso a Calabró; le digo: mira tengo que ir a Mar del Plata “¿puedo usar el avión de la gobernación?”. El lo autoriza. El avión estaba preparado antes de pedirle permiso. Me voy al aeropuerto y me lo encuentro a Lorenzo que había ido con un helicóptero de la Policía Federal; y le digo “che, que abrazo le diste a Calabró; estuviste jodiendo tres días seguidos tratando de ganar tiempo...” y me dice “¿que querés que haga?, ya había perido” . Lorenzo era intocable; un personaje.

Si queremos hablar de otros personajes ¿ empezaría con Bidegáin?.

Mi amistad con él nació cuando los dos fuimos diputados nacionales. Estuvimos cuatro años juntos. Eramos muy amigos, no solo de la política. Compañeros de banca…y del otro lado lo teníamos al padre Filippo, un cura que era otro personaje de leyenda.

Fui muy amigo de Ricardo Guardo. Fui muy amigo de Arturo Jauretche. Con él tengo muchas anécdotas. De los cuatro años de exilio hice una amistad con él. Alquilamos juntos un departamento. Ibamos a conferencias juntos. En el Uruguay, había un clima muy malo hacia el peronismo, tanto o más malo que el que había en Buenos Aires.

¿Por qué?

Porque Perón no se había manejado bien en las relaciones con Uruguay. A raíz de que le dió mucha cabida a los exiliados opositores en aquel momento. Las relaciones se pusieron tensas. Perón no cometió un error sino que lo hizo porque quiso. Los uruguayos que venían a Buenos Aires necesitaban pasaporte, y el pasaporte no te lo daban tampoco. Era simbólico eso. No había un uruguayo de clase media que no tenga pariente o un amigo en Buenos Aires. Durante cuatro o cinco años no lo podían ver. Tenían que ir al Paraguay y dar la vuelta.

Por eso, cuando llegamos, la hostilidad era tremenda. Y para colmo la Revolución Libertadora lo designa a Alfredo Palacios embajador Uruguay. Este acepta ser embajador de los militares. Cosa rara. Pero había tanta bronca contra Perón.

El tipo nos hizo la vida imposible. Yo tuve un problema. Casi el 90% de los que habíamos entrado, lo hicimos de contrabando, de manera que nadie sabía que existíamos. El 10% habíamos entrado legalmente. Yo no, porque había tenido un accidente de aviación. Me había ido con una avioneta del Club La Matanza que estaba en el Puente 12; era un pajarito. Ibamos el que manejaba (un polic a) y yo. El acelerador del avión era un alambre. Cuando llegamos tuvimos que aterrizar en el campo, y nos dimos vuelta. No nos hicimos nada, pero tropezamos el alambrado de un potrero …y a la mierda...intervino la policía.

Entonces tuve que pedir asilo político. Era un día domingo. No hay nada peor que caer preso un día domingo.

Estamos hablando después de la Revolución Libertadora. Y cuando salió el proceso a “Juan Perón y otros por traición a la Patria”, se empiezan a pasar la pelota; el subcomisario dice: “bueno, hablen al ministro a la casa…” . “No” dice el comisario “me van a mandar al diablo”. “No”, le repite el subcomisario “hable, porque le esta dando una noticia importante, de lo contrario mañana le va decir –porque no le avisamos antes, y lo va a tener loco”. Lo convenció. Al rato paso y el tipo hablando con el ministro, doctor Caamaño -era del Partido Colorado- Después fue amigo mío. La cuestión es que el tipo lo llama al Ministro de Interior y le explica. El ministro le dice (al jefe de policía “Hágale el prontuario, y métale todos los datos, que constituya domicilio dentro de la ciudad de Montevideo. Sáquele fotografías y lárguelo, para que se presente mañana en el ministerio del Interior”.

Al día siguiente me presento. Así me dan asilo político: “Artículo primero (del Decreto) concédase asilo político al ciudadano Adolfo Silvestre. Artículo segundo, tómese por cárcel la ciudad de Montevideo”.

No podía salir de ahí. El artículo tercero me obligaba a fijar el domicilio y el artículo cuarto era una bomba, decía “deberá presentarse dos veces por día, a las 10 y a las 17, en el Departamento de Policía para firmar la planilla de presencia en la ciudad”. Tenía que ir todos los días. Al principio éramos dos. Después se fue agrandando la lista de la planilla.

Al poco tiempo cuando los sargentos me veían venir, me tiraban la lapicera para que firmara donde lo indicaba mi nombre.

¿Y su familia se adecuó?

Yo tengo esposa (María Angélica Zaei) y dos hijos. En aquella época cuando me fui al exilio, tenía a mi hijo (se llama exactamente como yo, costumbre de los italianos de la baja Italia) que actualmente es abogado y tenía cuatro años. Y mi señora estaba embarazada de Marcelita, ahora es diputada nacional.

Era verano. Alquilaba un departamento, o casa, en Carrasco o Pocitos. Entonces venían todos. Durante el invierno mi mujer viajaba cada quince o veinte días. Y ahí nace Marcelita, en Buenos Aires. Yo a mi hija menor la conocí cuando tenía veintiocho días. Unos días antes del parto, viajó mi mujer a Buenos Aires para que naciera en Argentina.

Cuando mi mujer llegó con los chicos, yo estaba esperando la llegada del vapor de la Carrera con Arturo Jauretche. Fuímos a Carrasco. En frente nuestro, el chalet lo ocupaba el presidente de la Suprema Corte de Justicia de Uruguay, De Gregorio de apellido.

Y el tipo, como Carrasco está a veinticinco minutos de Montevideo, los días en el verano viajaba hasta esa casa. En invierno vivía en Montevideo. Nosotros habíamos alquilado entre tres amigos platos, cubiertos, para doce personas. Después a la noche teníamos cuarenta tipos. Puchero de gallina a la mesa y lo venían a hacer el que cuidaba todas esas casas durante el invierno. Hacía las compras y se encurdeleaba. Era el “capanga” Antonio Leiva. Se había encariñado conmigo. Enfrente habíaa unos galpones de una empresa constructora donde tenían material de madera de encofrado y vivía en una casucha que había hecho con esa madera. Y cuando nos teníamos que venir dijo: “No que se van a ir”, y le explicamos que no teníamos de que vivir y nos dijo “quédense acá yo le hago una prefabricada al fondo”. Como también cuidaba la casa de De Gregorio, le dijo a la señora que yo quería hablarle, y le pedimos si podría prestar algunos cubiertos. “Si” me dijo. Resulta que Palacios nuestro embajador, lo venía a visitar porque quería llevarse a su secretario a Buenos Aires. Todos los domingos venía a joderlo. Es así que a nuestro “capanga” le pedimos que rondara por el jardín, para saber cuando llegaba Palacios, y poder saber de que hablaban.

Las cosas del secreto, no se hablan en una habitación, sino en el jardín. Palacios habló muy mal de nosotros. Nos tenía una bronca de la gran puta. Le dijo a la mujer “señora esos son ladrones, acá no están por política”, y ella no le dijo que nos prestaba los cubiertos, pero sí que éramos buenas personas. Palacios cometió el error de decir que lo de los fusilamientos del 56 y algo más, eran macanas. La opinión del Uruguay se dio vuelta en 24 horas. Al día siguiente éramos Gardel. Cuando fusilaron a Valle, a Cogorno; a Irigoyen, y a los otros, la gente que antes nos escapaba, nos buscaba para charlar en los cafés con nosotros.

¿Hay quien dice que peronista se nace y quien, que peronista hace: Adolfo Jorge Bianchi Silvestre se hizo peronista?

Yo venía del radicalismo, más, venía del yrigoyenismo. Era Yrigoyenista. Yo había leído mucho de Hipólito Yrigoyen de chico. Me acuerdo el Colegio Nacional en Buenos Aires, el primario en la Escuela Normal de Banfield y el secundario en el Nacional Buenos Aires, en el Nacional, en Bolivar y Moreno. Ese era el colegio de Juvenilla, de Miguel Cané.

¿De ah salieron los Montoneros, por lo menos algunos que después fueron dirigentes?

Claro, claro. Era un colegio muy superior a cualquier otro. Inclusive se entraba a la Facultad sin dar examen. Algo que llevaba uno o dos años de preparación. Ibamos tres amigos de aquí de Lomas: Iturrioz, Codegoni y yo, y pasábamos dos veces por día frente a la casa de Yrigoyen. El vivía a pocas cuadras de Constitución. La casa la demolieron, era Brasil 1039, cuando se hizo la ampliación de la avenida 9 de Julio. Nunca lo pude ver.

¿Siendo yrigoyenista era más fácil hacerse peronista?

Claro. Porque la línea política nacional pasa por Alem, Yrigoyen y Perón

¿Era una incipiente continuidad?

Es un poco extraña. Porque cuando nace el Movimiento Peronista, en realidad empieza una labor importante de Perón en la revolución y luego va a Trabajo y Previsión. Farrell era Presidente de la Nación.

Perón empieza a hacer su obra importante con los gremios. Ya se veía claro que había un hombre talentoso, no eran macanas. Los milicos generalmente no tienen mucho vuelo, salvo él.

¿Y como aparece Evita en la vida de Perón y la suya?

Con el Ingeniero Julio Quinteiro, que vivía en Alem al 800 de Banfield, y que fue ministro de Sanguinetti, interventor en la provincia Aires. Lo conocía un poco a Perón, porque era capitán de la Marina retirado. Un buen día me dice “vamos a ver a Perón al departamento Posadas, porque todas las mañanas atiende un rato ahí”. Y le digo “nos van a sacar disparando”, pero fuimos.

Esa fue la primera vez cuando lo conozco personalmente. Me enganchó con el grupo de asistentes que Perón: el capitán Russo, el mayor Estrada...

Y aparece Evita. Fue cuando se produce el terremoto de San Juan. Entonces tiene lugar una reunión muy importante de todos los artistas de Buenos Aires en el Luna Park. Se conforma una comisión para colaborar en la reconstrucción de San Juan. Perón los invita a viajar a todos. Ahí apareció Evita.

Disculpe la interrupción ¿Y la historia sobre Libertad Lamarque?

Por primera vez se inventa el asunto de la cachetada de Libertad

Lamarque, que nunca existió y fue un macanazo. Lo que pasó es que estaba la plana mayor de los artistas de primera línea sentados frente al escenario y Perón iba a decir un discurso. En un momento determinado Libertad Lamarque se levanta del asiento y se va al baño o no se donde, y Evita se sienta cuando ve el lugar vacío; viene Libertad y le dice “rajá de acá este es mi asiento” y eso fue todo lo que pasó.

Ah en el Luna Park Perón conoce a Evita. Hay muchas versiones. Muchas son mentiras. La gran mentira de Roberto Galán, por ejemplo.

¿Y quien se la presenta al general, entonces?

A Eva Perón se la presenta el coronel Imbert; en aquel momento de la misma camada de Perón y él lo había puesto como jefe del Correo. La invita a éste asunto de San Juan. Van todos. Cuando vuelven la invita tomar contacto con él y empieza a salir con Perón. Hay entonces un episodio que pudo cambiar el mundo y la política argentina de todos los tiempos.

Un episodio importante

Un episodio insignificante, porque es increíble, como una cualquiera, de menor calidad, pueda gravitar tanto en la vida de un pueblo.

Mientras Perón está noviando con Eva, la invita una noche a cenar. Perón no quería mostrarse sólo con una mujer, y la llevaron a La Cabaña. Va Mercante (después gobernador de Buenos Aires) y un segundo de Perón. Vale la pena acotar que todo el Movimiento Peronista giró en torno a Perón, Evita y Mercante. Mercante va con una chica, Isabel Hirsch, que da la casualidad era profesora de un colegio de los Soler (los de la calle Pellegrini, donde luego funcionaría la Unidad Básica, que comenté, del padre de los Soler). Están cenando Perón, Evita, Mercante, Rita Hirsch, que era secretaria y algo más de Mercante-. Así comenzó todo.

Además en el Ejército le habían tirado la bronca (a Perón). Nunca la tragaron a Evita. Lo invitaron a Perón a que la largara y se encontraron con un tipo que dijo que “No. Me caso y me caso”…

Esa noche, que les cuento, la primera vez que salieron -eso me lo contó Evita, no lo sé de quinta mano- Evita se puso lo mejor que tenía que no era mucho, y un sombrero que en ese tiempo se usaba. Yo no se como era, porque nunca lo vi. Le pregunté si era muy llamativo: “Y según como lo mires”, me dijo. Cuando llega Evita, Perón le hace un chiste sobre el sombrero y a Evita no le gusta nada. “No dije nada, me la banqué” me cuenta, y continúa el relato: “a la mitad de la comida me vuelven a joder con el sombrero” y me dice (Evita), “mirá, faltó un milésimo de minuto para que me levantara de la mesa, los mandara todo al carajo, largara todo y me fuera”. Si eso hubiera pasado no hubiera existido Eva Perón.

Volvamos a su relación con Perón...

Bueno. Perón. Yo tuve la suerte de andar un poquito alrededor de Perón. Anduve muy cerca de Eva Perón; trabajé seis años con ella. Cerca del coronel Mercante, cuando yo era diputado provincial y él gobernador. Quiere decir que tuve relación con los tres, por separado. En el peronismo de aquella época eso no existía. Había un grupo que amigo de Evita. Había un grupo que era amigo de Perón. Había otro grupo que era amigo de Mercante. Salvo los “grandes bonetes”, que eran amigos de los tres. No el concepto que tenemos de un amigo. Sino compartir cosas. Perón no ten a amigos. Además no los quería. ¡Atenti pebete!. No se conoce a nadie que diga, yo fu a tomar un café con Perón. ¿Ustedes escucharon a algún tipo que haya dicho fui al cine con Perón? El único amigo, según se quiera ver, que fue al Luna Park con Perón fue el mayor Oscar Aloé, que después fue gobernador. Quien además fue quien contaba los porotos en el regimiento donde estaba Perón. Nadie puede decir que fue a andar en bicicleta, a ver un partido de futbol con Perón. Nadie. Y es cierto. No tenía a nadie. Ni los quería. El tenía sí amigos políticos. Inclusive entre sus camaradas. Se respetaban. Pero no había ese concepto de lo que nosotros llamamos amistoso.

Esto lo discutí muchas veces, con compañeros diputados, senadores, que se decían amigos y les decía “no lo digas”; yo tenía la costumbre de desenmascararlos a todos. En estas cartas (que muestra) dice “amigo”. Si yo me la pillara que Perón era amigo mío sería un boludo.

Perón ten a costumbre, si vos le escribías una carta y le decía “General...” , era de contestar “doctor fulano de tal…” Si le ponías “Compañero...” el te escribía Compañero…”. Si vos le escribís “Querido General..., él te escribía mi querido amigo...”; te la devolvía. Perón era un talento. No se puede discutir. Pero cuando te daba una tarea determinada, cuando estaba en el gobierno, vos la hacías exactamente como te la había indicado. Salía algo mal porque se había equivocado él y te mandaba a la mierda. No te decía nada, pero todas las “ventajitas” que tenías antes, para entrar o salir, ya no las tenías más. El que te equivocaste fuiste vos. Nunca se equivocaba. Te equivocabas vos, aunque hiciste todo lo que te dijo él.

Perón quería todo o nada

¿Vandor?

El “lobo” Vandor un día me dijo: “Tenés razón Adolfo, ¡viva Perón! pero que viva en España, acá que se deje de joder.

Yo había denunciado ese complot. (refiriéndose a la posibilidad de los neo peronistas). Perón me manda esta carta (la muestra) y me dice lo que hay que hacer. Es fantástica. Está (nos muestra otra) que manda Pavón Pereyra (el historiador de Perón). La cosa es así. En Mendoza no querían ir a la elección y yo le dije a Perón por carta “a Mendoza se puede ir y se puede ganar”.

Porque hay una cosa que tener en cuenta, todo Mendoza estaba a favor de Serú García, candidato a gobernador y que era de Vandor. La campaña que hacían decía en todo Mendoza “Perón quiere a Serú García”. Toda esa campaña era que Perón invitaba a votar por Serú Garcí. Fui quince días antes por todo Mendoza, y cuando volví, le dije a Isbael Perón, que estaba en Buenos Aires “se puede ganar” .

Le empiezo a explicar que yo quería a ir (estaban López Rega, Campano, de Tres Arroyos, Pedro Eladio Vazquez, y ella) y paso a explicar.

Le digo “mire es muy sencillo, en Mendoza está instalado el mensaje de que Perón quiere a Serú García; si nosotros vamos a Mendoza a demostrar que Perón no quiere a Serú García vamos a ganar, pero hay que demostrarlo, y hay una sola forma de que la gente nos crea. Si va Campano, si va Lopecito. (por Lopez Rega), Vandor nos va a meter dentro de una zanja y vamos a morir ahogados. Si vamos a hacer campaña en contra, no nos va a creer nadie. La única que puede convencer al pueblo de Mendoza que Perón quiere otra cosa es la mujer: Usted tiene que venir. Hay diecinueve departamentos y cuarenta y cinco días. Vayamos dos días a cada departamento diciendo lo que quiere Perón, y ganamos”.

Antes de pedirme una conclusión me muestra una carta de Perón a ella, la práctica carta de Perón, que siempre dice lo mismo: “yo a quince mil kilómetros de distancia, ustedes ahí, yo acá…”, y todo eso, además decía “yo delego en vos toda la responsabilidad sobre éste comicio, actúa con tranquilidad. Yo te voy a avalar”. Ella sabía que si salía a mal la echaba a la mierda. Pero ganamos nosotros porque una campaña maravillosa, se acabaron los neo peronistas.

El candidato que llevamos en Mendoza era Corvalán Nanclares. Corvalán Nanclares- Martinez Vaca. En esta carta (que exhibe) dice: “los que han perdido deben apartarse y si no se van hay que hacer así...así ...así …” y al final concluye “si aún persisten en esto habrá que emplear la acción directa del Comando”. La acción directa del Comando en el peronismo era, traducido, el equivalente de cagarlos a patadas.

¿Eso les fue agradecido por Perón?

Perón nunca te agradecía nada. Siempre vos estabas a prueba. Podías hacer cualquier cosa, pero siempre le debías algo. Te voy a explicar: él quería hacer cinco cosas que te daba, por ejemplo, a mi me mandaba una carta y me decía una cosa, a otro le decía otra cosa distinta, y a vos otra.

Paladino, cuando era Delegado, se enojaba porque nosotros lo jodíamos con el grupo mío que teníamos en la Capital, porque Perón nos decía lo que teníamos que hacer y era muy distinto a lo que le había dicho a otro.

Un día estábamos comiendo en El Tropezón y Paladino se quejaba, y le digo “mirá, vos cumplí con lo tuyo y dejate de joder. Vamos mañana a las 12 de mediodía a la Plaza de Mayo, nos ponemos debajo de la Pirámide de la Plaza de Mayo, yo llevo todas las cartas que tengo de Perón y vos llevás todas las cartas que tenés; le voy a decir aCampano que traiga las suyas y también a las 62 Organizaciones. Vamos a leerlas todas y vas a ver como nos vamos a reir…”

¿Qué hacía Perón?

Vos siempre estabas en deuda. Porque él sabía con lo que podía contar. Como dije, te daba cinco cosas para hacer. Sabía que el asunto uno lo podías hacer, que el número dos lo podías hacer, que tres te iba a costar, pero que el cuatro y el cinco era imposible. ¿Pero porque te daba las cinco cosas? Porque vos le cumplías las dos primeras y dabas vueltas, mientras él no te decía nada, pero cuando querías reclamar algo, te decía: que me pide esto, si yo le pedí tal cosa y no me la hizo

.

“Evita era la revolución dentro del Movimiento”.

¿Y Evita?

Evita era lo contrario. Evita te mandaba a hacer un asunto mal y te bancaba. No te abandonaba a la suerte de Dios. Evita revolución dentro del Movimiento, Si no hubiera existido Evita, evidentemente, Perón hubiera cumplido con la parte doctrinaria, pero la parte revolucionaria, el motorcito, era Evita.

Hay una película argentina sobre Evita, que hizo Esther Goris. El director de esa película se llama Juan Carlos Desanzo. Esa película la iba a protagonizar Andrea del Boca pero no encajaba en la figura. Me contacté por medio de Marcelita (su hija Marcela Bianchi) porque quería saber algo de ella. Le conté todo lo que sé que es mucho. Tengo cien anécdotas de Evita. Entonces la sacaron a Andrea y se la dieron a Goris, que para mi fue un acierto. No sólo por Goris, sino porque Desanzo estuvo informado por un tipo como yo, al que no se la contaron sino que conocía el asunto de adentro. Y el tipo contó la verdad. En esa película hay dos secuencias en las que intervine.

Uno fue el episodio que me costó los cuatro años de exilio,. Para la mentalidad de aquella época, me tocó perder.

¿Qué pasó?

En el año ´51, el general Luciano Menendez hace una revolución que fracasa. A las once de la mañana, ya un episodio que se produjo en La Plata había terminado. Otro, en Córdoba se había terminado. Pero nosotros dictamos una ley que regía el comportamiento de los militares que se alzaran contra los gobiernos constitucionales. Era duro. Yo era secretario de la Comisión de Defensa Nacional, por eso tuve que firmar. A las once y media le llevamos a Perón esa ley, yo y tres personas más. La entregamos en la Secretar a General. Después no sé que pasó adentro, pero Desanzo, muestra en la película -de Perón hace Victor Laplace, y del Franklin Lucero, que era Ministro de Guerra, hace Pepe Novoa – el episodio. Perón sentado en su despacho y Lucero parado, entra violentamente (en la película) Evita. “¿Que vas a hacer Juan ahora?” Para los tipos como yo, que le conocíamos el lenguaje, sabíamos que Evita nunca le decía “Juan”. Le decía “coronel”, cuando era coronel, “Presidente”, pero jamás “Juan”, cuando le decía “Juan”, era porque había un quilombo de la gran puta. Eso ¿como lo supo Desanzo; quien se lo dijo?.Yo, que estaba no lo sabía. Perón le dice mirá Eva, éstas no son cosas tuyas. Estoy hablando con el general Lucero sobre ese asunto…” Y Evita le señala “Y vos que tenes que hablar con el general Lucero.?”. Perón adopta en la película esa costumbre de indecisión, y Evita le dice. ¿Dónde está la valentía de ese tipo que fue capaz de casarse con una puta?. Eso no yo no lo sé, lo cuento como lo presentan en la película. “Te repito no son cosas tuyas, dejame solo”. le dice Perón y Evita le agrega desde la puerta “mirá Juan los muchachos te trajeron la ley, fusilalos”

¿Tiene otra anécdota?

Cuando una huelga ferroviaria. A media tarde desaparece Evita del depacho. Nadie sabía donde había ido. Abandonó todo. Lo agarró a Fierrito, al que tenía de chofer (un muchacho que se llamaba Fierro y vino a Temperley) y salió. La asamblea por la huelga ferroviaria era en Temperley. Mi hermano vive en Mármol y era comisario en Temperley por ese momento, cuando recibe un llamado del jefe de policía, que era el coronel Adolfo Marsillac, preguntándole si se sabía algo de Eva Perón, teniendo en cuenta que estaba la asamblea ah . Mi hermano contesta que no, y le piden que esté atento, y con la custodia necesaria. Eva había salido sola y no se sabe donde está. Mi hermano se va con la comisaría entera (toda la dotación) a la estación de Temperley.

Me llama por teléfono. Yo tenía una inmobiliaria en la calle Hipólito Yirigoyen. Me pregunta. Le digo “no sé nada”. Y me voy con él Temperley, A los diez minutos, aparece. Me acerco y le digo que quiero presentarle a mi hermano. Ella le dice “sabía que Adolfo tenía una hermano comisario, pero no tenía el gusto de conocerlo”; le explicamos que hablamos con Marsillac, y ella que le dice “no...no...no... comisario, saque toda la gente de acá; yo no quiero custodia para nada, que desaparezcan todos los policías de aquí, no quiero custodia por eso vive sola” . “Pero señora, para mi es un compromiso, es una orden directa del jefe de policía”, le dice mi hermano. “Comisario, dígale al Jefe de no necesito nada. Que se quede tranquilo”; mi hermano intenta insistir y ella dice: “mire, comisario, yo quiero que desaparezcan todos de aquí, porque no quiero que estos hijos de puta crean que miedo”. Mi hermano apartó un poco a la tropa. Empieza la asamblea, como siempre, entonces, en los extremos, luego otro y otro. Evita se tragó los tres discursos, y cuando habló ella, les dijo: “Díganme, ustedes saben lo que van a hacer... lo pensaron bien... ustedes le van a hacer una huelga a Juan Perón... ustedes saben lo que hay hecho por Perón por el sector del campo obrero, y para ustedes en su sindicato”. Los revoltosos vuelven a agitar y ella sigue “miren cuando a Perón lo saquen del gobierno, lo van a degollar, no le quepa la menor duda a ninguno, que lo van a degollar, a mi me van a degollar, y (a cada uno de los tres que habían hablado, les dice también) a vos, también te van a degollar”. Ella era un personaje naturaleza.

¿Y la yapa?

Veinte mil veces cuando encontraba algo dudoso le decía “Señora eso hay que corregirlo porque no puede ser, porque esto más adelante” ¿cómo?... más adelante... Adolfo... después de nosotros el diluvio.

Y, el exilio en Madrid?

En el 1955 terminó y agarramos el exilio. Estuve cuatro años en el exilio. Desde 1955 hasta la llegada de Frondizi en el 58. En esa época estuvimos muchos en el Uruguay. Estuve varias veces en Puerta de Hierro, pasé por Madrid varias veces.

Era curioso. Un día estaba paseando por Madrid, Perón me dice “Acompáñeme, venga para acá”. Habíamos ido a una panadería y él compró unas tortas que le gustaban mucho. Iba seguido a esa panadería. Me llevó a la agencia de Aerolíneas Argentinas, en Madrid. Antes de entrar me dijo “aquí los muchachos de Aerolíneas me quieren mucho”. Fuimos diez minutos. Salíó y me dice “sabe que pasa, los muchachos me preparan una lista de todos los argentinos que pasan por Madrid, revisando esa lista, me doy cuenta que muchos viejos amigos me han olvidado” .

¿Por que dice que tuvo varios exilios?

El primero fue en la época de Uriburu, tenía algo más de 16, y fui a parar a Martín García.

¿Por qué?

Fue “sin comerla ni beberla”, en el año 1932. Alvear era presidente de la Juventud Radical, y el radicalismo estaba en la abstención; se hace una convención nacional en Santa Fe. Fui con don Fabián Onzari, diputado nacional por Avellaneda, y con don Carlos Sánchez, el famoso rengo Sánchez, dirigente de Adrogué. Carlos Sánchez era uno de los tres o cuatro amigos que tenía Hipólito Irigoyen. El tenía de amigo a Elpidio Gonzalez y algún otro, los demás eran caudillos, políticos, pero amigos, amigos eran esos. Vamos a la Convensión y allá se declara la abstención revolucionaria, proclamada por Alvear. Había una barra grande en la calle y empezaron a los tiros en Santa Fe. Estaba Agustín P. Justo en el gobierno. Viene la redada, nos llevan y nos meten en un barco que estaba en el puerto de Santa Fe, que se llamaba “General José Gervasio Artigas”, era un barco mediano. Sale el barco y nos llevan a Martín García. Eramos como 400, casi todos dirigentes. Nos meten en una Escuela de Mecánica de la Armada, que estaba cerrada. Habíamos dos menores, el hijo del ingeniero Boatti, un viejo dirigentes muy importante, y yo. Al día siguiente, habíamos llegado a eso de la tarde, llega un telegrama del Ministerio del Interior, cuya cabeza era Leopoldo Velez, que dice que a los dos menores hay que largarlos. Nos trajeron en un remolcador a las seis de la tarde.

¿Y el exilio que viene?

Después vino el exilio éste, después de la caída de Perón. Desde octubre hasta la llegada de Frondizi en el 58. Fui a Montevideo.

No podíamos salir de Montevideo, donde estuve cuatro años. Después tuve otro exilio, cuando el Plan Conintes. El Plan hecho Frondizi para movilizarnos por la policía cada vez que fuera necesario, dado los tantos líos que le hicieron a Frondizi. Muchos estaban en Montevideo. Le hablé a Alfredo Roque Vítolo, Ministro del Interior de Frondizi, que era ntimo amigo mío, como lo fue Frondizi. Entonces me dijo “¿por qué disparás?”.. .”Mirá yo estoy muy cansado -le dije- Tengo experiencias suficientes. Se que cuando tenés que rajar. De lejos se puede conversar. De cerca te cagan a patadas y después te piden disculpas, cuando te largan”. “Te digo digo una cosa, venite”, me anuncia. Al otro día me vine y no pasó nada. Cuando vimos me dijo: “vos estás en una lista, en una carpeta en el despacho del doctor Frondizi, entre las personas que no hay que molestar”. No supe si era cierto, porque los políticos vos sabés como macanean. Eso ocurrió en el año 1959.

Yo era muy amigo de Frondizi, lo conocí en el ´32, cuando yo 17 años. Lo conocí en la séptima sección electoral, un día de elecciones internas en el radicalismo. Todavía no había aparecido Perón. El tenía 21 y era abogado, y había sido medalla de oro en Facultad. Era un talento. Si lo hubiéramos dejado gobernar las cosas como él quería, hubiera sido otro el país. Lo jodieron 32 planteos militares. Cada 15 días estaban las charreteras arriba del escritorio. Lo cansaron. Desgraciadamente tuvo sus problemas. Una sola, hija Elenita también abogada. También medalla de oro en la como el padre. Falleció a los 30 años y Frondizi la pasó muy mal. A mi me dijo un día, allá por el treinta y tantos, estando Jauretche, lo cargábamos porque no quería venir a los cafés “No te confundas, estudiando para ser presidente de la República”. Veinticinco después, lo fue.

Una vez, estando en Mar del Plata, me dijo: “a mí me sacaron del gobierno, porque ese mismo año, pese a tantos planteos con los que no me pudieron echar, dos o tres meses antes perdí dos grandes amigos que si hubieran vivido, no me sacan del gobierno, y que fueron Juan XXIII y John Fitzgerald Kennedy.

Agosto de 2003

 
Por Daniel Parcero
danielparcero@hotmail.com
 
Presentación

Fuimos al rescate de un puñado de personas quienes, desde temprana juventud y desde estos rincones de la zona sur del conurbano, por donde nos desempeñamos profesionalmente, abrazaron la militancia política de la cual, de una u otro no se apartaran hasta nuestros días, y cuyos apellidos dejado ser noticia, habiéndose incorporado a la historia.

Una historia que se escribió con su protagonismo y que siempre los recuerda.

Este es nuestro homenaje a su perseverancia en la construcción del destino nacional, y como aporte a las nuevas generaciones.

Dedicatoria

A la memoria del infatigable militante sindical, compañero Avelino Fernández, quien falleciera días después que acordáramos la entrevista, que por ese lamentable motivo no pudo concretarse .

“Abrazar causas nobles es abrazar hombres”

Prólogo

Vivir como militantes

Por Fernando “Chino” Navarro - Diputado Provincial - Frente para la Victoria

¿Qué tienen de común en común 15 personas cuyas historias que rescata Daniel Parcero en éste libro? : Su condición de militantes.

Desde experiencias, concepciones, prácticas e ideales diferentes, el relato nos permite acercarnos a la militancia política contemporánea desde la voz de protagonistas destacados, y en todos los casos, Daniel Parcero y sus colaboradores, consiguen que los testimonios no estén contaminados por la convivencia o la necesidad de la “corrección política”. Cuentan sus historias como las vivieron, con la sinceridad que fueron registrando y reconstruyendo sus recuerdos.

Hay algo más que los separa y a la vez los une: el peronismo. Con mayor o menor conciencia de ello, la adhesión o el rechazo al peronismo es lo que define buena parte de su historia política.

Luego de los hechos que desembocaron en la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, hablar de crisis de representatividad de los dirigentes políticos, y del recelo que en gran parte de la población despierta la actividad política, parece un lugar común.

La lectura de estos testimonios seguramente puede servirnos para dejar de lado las dos versiones estereotipadas que suelen predominar acerca de la política: seguramente no es el noble apostolado que pretenden transmitirnos algunos discursos, pero tampoco la más deleznable de las actividades humanas.

En todos ellos podemos reconocer un ideal, una identidad política que presupone un deseo, una concepción de cómo debe organizarse la convivencia social, y a su vez, el relato de practicas, vivencias, luchas a través de las cuales podemos advertir en que medida los desafíos que les van planteando la militancia “rescribe” el sueño inicial, reformula de esa idea general que los acercó a la militancia, en tareas que no siempre tienen que ver estrictamente con ella pero que, vestidas con las ropas de la necesidad que les apura la lucha por el poder, son vividas y relatadas con pasión. Así pasaremos revista a disidencias internas, acuerdos superestructurales, juntado de fichas, confesiones de gorilismo o ideas que hoy pueden sonar disparatadas -como planear la muerte de un adversario- pero que en fragor de la lucha fueron vividas hasta con neutralidad.

Esas historias nos dejan de manifiesto vocaciones políticas que se foguearon en la lucha por el poder, que se prueban en la trinchera, que no temen a meterse en el barro, pero que , a su vez, no padecen un fenómeno que comenzó a gestarse en la etapa democrática iniciada en 1983, y como consecuencia del proceso iniciado en 1976: son militantes que luchan por el poder, pero que no viven los cargos como una obsesión, que no entienden a la política como una profesión, que no necesitan estar permanentemente adscriptos a alguna nómina presupuestaria para seguir adelante.

El peronismo, la fusiladora, el luche y vuelve, las luchas gremiales, los dilemas de la izquierda y de las restantes fuerzas de identidad nacional, el dolor por los crímenes, los proyectos inconclusos, desfilan en la voz de personas que tienen algo más en común: a pesar de todo lo vivido, no se dan por cumplidos, de una u otra manera siguen adelante, no dejan de vivir como militantes.

Con alguno de ellos, como Adolfo Bianchi Silvestre, o Héctor Portero, he tenido el placer de conversar personalmente y me llena de gratitud encontrar en la palabra escrita relatos que alguna vez pude oír de su voz, y que quedaron grabados en los rincones que mi memoria tiene reservados para los mementos gratos.

Vivimos un contexto excepcional. Por encima de las diferencias políticas, está claro que Argentina como Nación, procura dejar atrás un cuarto de siglo de hegemonía neoliberal para reencontrarse con la necesidad de reconstruir una convivencia basada en el trabajo, la solidaridad, el crecimiento económico, la reafirmación de la dignidad nacional y la integración regional de cara al resto del mundo. A algunos de los que brindan testimonio en el libro, como Carlos Kunkel, la presente coyuntura los encuentra en lugares de lucha clave en la tarea de reconstruir el movimiento nacional para alumbrar un país que merezca la pena de ser vivido.

No me cabe duda que éste libro servirá. Servirá para conocer, servirá para forjar una visión más realista, para revisar el pasado, aprender aciertos y errores, los fracasos, la represión o la muerte, siguen en pie, para que las llevemos adelante con el entusiasmo, la mística, el compromiso que requiere la lucha por la verdadera felicidad, esa que podemos compartir como pueblo.

 

Introducción

Por José Narosky

Cinco prestigiosos periodistas: Daniel Parcero, Carlos Parodíz Ricardo Carossino, Adriana Zerrizuela y Cristina Pérez, se unen, en Militancia... para dar a luz un libro .diferente.

Lo conforman una serie de reportajes a hombres de distinta extracción política, de diferentes principios, pero a los que los une un denominador común: la ingratitud.

Y esta puede expresarse de mil maneras. Incluso con silencios.

Pero hay otro nexo, ya no en los entrevistados, sino en los autores reportajes.

Hay en éstos singularidad en las preguntas y conocimiento. Son periodistas, no hacen de periodistas; indagan desde el conocimiento previo. Trabajan desde su vocación, profesionalmente.

Considero que hay libros negativos, neutros y positivos. Los que requieren demasiadas explicaciones. Bajas pasiones, morbosidad violencia gratuita.

Los neutros se equiparan a los negativos. Porque gastar ese f ugaz sonido que es la vida, leyendo lo intrascendente, lo transforma en dañino.

Pero Militancia... es tan positivo como útil. Porque sus autores son como maestros, que nos enseñan cosas desconocidas u olvidadas. Pero sin tomarnos examen.

Mencionamos que varios de los personajes, sujetos pasivos de las entrevistas, dicen -a veces sin especificarlo con claridad- que ayudaron a ascender a hombres, que después los apedrearon desde su altura.

En general los protagonistas de Militancia... son seres maduros, algunos de ellos ya ancianos.

Este libro vital, objetivo, clarificador es una especie de susurro.

Y los susurros suelen ser más audibles que las estridencias.

Sin decirlo Militancia.... nos muestra que los ancianos también tienen presente. Que es duro subir la cuesta. Y que también es duro bajarla. Muchos no perdonan a los ancianos su vejez. Y algunos de ellos, que lucharon mucho por avanzar, hoy deben luchar, por no retroceder.

Pero nos queda como lectores de esta obra donde, entre otros prima la autenticidad, la grata sensación que si bien siguen naciendo opresores, también siguen naciendo idealistas. Que pueden disentir con las “ideas” de otros hombres. Pero nunca con los hombres.

Porque jamás se sienten enemigos. Solo adversarios.

Es que los más seguros de sus ideas, más respetan las ajenas.

Son hombres que han luchado tenazmente desde diferentes posiciones, buscando el bien. Y esa obstinación inmuniza contra los fracasos.

En definitiva agregaríamos que quien tiene ideas es fuerte. Pero quien tiene ideales, es invencible, aunque la crueldad del tiempo transforme protagonistas en espectadores.

Considero que la aparición de Militancia.... enriquece el panorama literario argentino, en un área donde campea la parcialidad y la falta de equidad. En este libro prevalece precisamente lo opuesto, la objetividad.

Les auguro a los autores de esta valiosa obra, el mejor de los destinos: brindar una luz, para ayudar a nuestro querido país, a encontrar su camino.

Los reportajes

  • Juan José Paolucci
  • Adolfo Jorge Bianchi Silvestre
  • Ludovico Vitta
  • Juan Manuel Ugorri
  • Alfredo Genovesi
  • Carlos Alberto Abuín
  • Avelino Fernandez
  • Alfredo Lettis
  • Hector Portero
  • Jorge Prospero Infantino
  • Irma Santa Cruz
  • Julio Raffo
  • Julio Gonzalez
  • Julio “Cuqui” Yessi
  • Carlos Kunkel