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ENTREVISTA
 
Alfredo Lettis: Un “francotirador” sindical independiente, en contra del colaboracionismo y en defensa de las empresas del Estado

En 1954 a los 21 años ingresa en la Facultad Filosofía y Letras luego de abandonar la carrera de medicina, al considerar que siendo daltónico, sería una complicación profesional. Trabajando paralelamente en los talleres de la empresa marítima “Dodero”, una vez derrocado el gobierno peronista, representa al “Movimiento Humanista y Reformista” de la facultad, integrando la Comisión Obrero Estudiantil, para luego ser nombrado delegado a la FUBA.

Su designación en la empresa como delegado sindical, actividad a la que se dedicaría de lleno, lo hace dejar los estudios, llegando a ser promovido como pro secretario de la Asociación Argentina de la Marina Mercante, accediendo a través de una lista de orientación reformista, y alcanzando tiempo después la secretar a general.

En carácter de congresal concurre al Congreso Normalizador “Amado Olmos” de la CGT, convocado en 1968, alineándose junto a Raymundo Ongaro y siendo electo vocal titular de la CGT de los Argentinos.

Una vez diluida aquella experiencia, es cofundador de la Comisión Nacional Intersindical, junto a Agustín Tosco. Ocupará la secretaría general adjunta de la Federación Argentina Marítima y de la Coordinadora Nacional del Transporte. Cumpliendo éstas tres últimas funciones lo encuentra el golpe militar de 1976. Será detenido en su propio puesto de trabajo, cesanteado sin percibir indemnización alguna, y separado de su organización gremial.

En la Estación Zeballos del ramal vía circuito del TMR, en Varela, sobre el andén, desde hace años se encuentra el quiosco diarios de Cholo e Irma. Hasta allí llega cada mañana Alfredo desde su domicilio ubicado a escasos metros del lugar, para “pispear” las noticias y efectuar vivos comentarios en voz alta, sobre aquellas que le disgustan.

Ese fue el lugar elegido, bien a mano, para levantar su improvisada tribuna contra la pérdida de derechos y la entrega del patrimonio del Estado.

La década menemista lo tuvo como actor central en aquél escenario de la explanada ferroviaria. El ya lo había preanunciado “Desde antes de mi paso por la CGT de los Argentinos”; lo hará durante y también después, según afirma con vehemencia: “Después de Perón se venían por todo, yo se los decía sin ser peronista”.

Algunos usuarios del deficitario servicio privatizado de trenes lo ven como alguien que no tiene nada que hacer; otros gesticulan una sonrisa; para mi es estar en presencia de un hombre que desde hace décadas, sobrellevando las ingratitudes, no se ha apartado del pensamiento nacional.

Al escucharlo con atención, cuando comencé a frecuentar la estación lo imaginé un ex militante estudiantil de los que se acercaran a central obrera de Paseo Colón, por aquellas épocas, y no estuve demasiado equivocado.

Me acerqué y lo redescubrí: seguía siendo sindicalista independiente, y es así porque de la representación gremial fue separado por la ilegitimidad del autoritarismo y el colaboracionismo, contra el que sigue luchando, al tiempo que sigue dando pelea contra la entrega del patrimonio nacional.

Lo hace ante quien quiera escucharlo cada mañana, ante quienes aguardan en la incertidumbre ser transportados hasta sus trabajos por una formación ferroviaria que rara vez llega a horario, si llega.

Lettis, el vecino agitador, de vestir sencillo, y verba clara, tenía razón, desde hace cincuenta años antes: “venían por todo”. Pero su pregón no es en vano, sabe, como muchos, que la única pelea que se pierde, es aquella que no se da.

 

¿Cuando comienza su militancia y en que ámbito?

Mi militancia comienza en la universidad. Fue en la Facultad y Letras en el año 54. Cuando se produce la caída de Perón, nucleamientos que existían por entonces eran los humanistas, de tendencia antiperonista y de orientación católica, y los reformistas, de la Reforma del 18, y donde militaban los radicales, socialistas y comunistas; ambos grupos representaban la mayoría universitaria; no tenían una organización propia, por lo menos en nuestra facultad. En Derecho sí, porque allí orientaba al peronismo Radavés, “huevito”, del grupo “Tacuara”, una expresión netamente de derecha. Producido el golpe, el movimiento estudiantil toma las facultades, en nuestro caso en representación de los humanistas y reformistas. En Filosofía llega de interventor José Luís Romero y más tarde Risieri Frondizi como rector. Ahí es cuando comenzamos a levantar el lema de que “el estudiante es la Universidad”, y la lucha “por el gobierno tripartito”, que si bien no era nueva, es recién en ésta época en que comienza a materializarse.

¿Solo estudiaba o además trabajaba?

Trabajaba y estudiaba. Entré en la facultad sin mayores conocimientos políticos. Es así que colaboré vendiendo “Vocero” que era un órgano del Partido Comunista. Cuando uno era novicio, los primeros que te agarraban eran los comunistas, hasta que uno va entrando en conocimiento y se define. Además colaboraba con el Centro de Estudiantes que tenía revista llamada “Centro”. Esta publicación fue el semillero de David Viñas, Noé Jitrick Gi, Jorge Lafforghel, Ramón Alcalde, Ismael Viñas, y no tenía una orientación política específica, pero se podría definir como una expresión cultural de centroizquierda.

¿Dónde trabajabas?

Trabajaba en la Flota Argentina de Navegación de Ultramar; una empresa de la Compañia de Navegación “Dodero”, que luego se estatizó. Tenía los talleres de mantenimiento en Avellaneda. Mi padre que venía de trabajar en Astra, encontró trabajo en ésta empresa, para viajar en un buque petrolero que iba a ser reparado en Estados Unidos, y que luego seguiría rumbo a Curazao para traer nafta, algo que en ése tiempo escaseaba el país. En ese interín del viaje, el barco tiene un accidente y mi padre muere. Ese trabajo nos es ofrecido a la familia para dos de sus integrantes, y es así como me incorporan a mí y a mi hermano a TA.RE.NA, en Avellaneda. En mi caso fue como aprendiz tornero. Aquella empresa, en los años sesenta se fusiona con la Flota Mercante del Estado, y se forma la Empresa Líneas Marítimas Argentinas.

Lo cierto es que por ése entonces hice mis primeros “pininos”.

Nosotros pertenecíamos al Sindicato de Obreros de la Compañía “Dodero”, un sindicato por empresa, y que se oponía a la Federación Obrera de la República Argentina, que era anarquista. Antes del peronismo, todos los talleres navales estaban en manos del anarquismo, Perón les fue sacando ventaja en algunas partes, como por ejemplo en “Dodero”, hasta crear el Sindicato Argentino de Obreros Navales, con Ricardo De Luca al frente. De ésta manera les sacó a los anarquistas la representación en la rama naval.

Cuando cae Perón, el anarquismo vuelve a ocupar sus espacios en los sindicatos por empresa. Aparentemente el anarquismo, a pesar de sus posturas antimilitaristas, algo colaboró con los militares que derrocaron a Perón, y como fruto de esa colaboración recuperaron algunas organizaciones sindicales.

Ellos comenzaron a pedir las 6 horas de jornada laboral, y parece que ésa si fue una promesa que los militares les habían dado y no estaban dispuestos a cumplirla, y comenzaron a hacer paros.

Viendo esta realidad, para 1956, es que en el ámbito de la facultad, propongo al Centro de Estudiantes comenzar a formar comisiones estudiantiles, siendo que además ya existían experiencias de otras facultades, y fue cuando me eligen representante.

De esta manera nos pusimos en contacto con los compañeros anarquistas del taller de Dodero, y se acordó hacer un acto público conjunto. Fue en el Aula Magna de Filosofía y Letras, y luego hubo otro en Parque Rivadavia, y otro en Constitución.

Cuando se producen elecciones en la Facultad, el reformismo y el humanismo se presentan divididos, ganando el reformismo, y entrando el humanismo por la minoría. Ahí voy como delegado a la FUBA, acompañando a Carlos Dueck. Nos reuníamos en un sótano de la calle Las Heras, junto a los otros centros estudiantiles. Ahí me hice amigo de “Pepe” Nun, Alberto Ciria, González Gartland, Gustavo Soler -que luego se casó con la hija de Illía- Eran asambleas interminables con los centro de Derecho y la “Línea Recta” de Ingenierìa.

¿En ningún momento optó por una inclinación político partidaria?

Algunos nos afiliamos a la UCRI, esperanzados en Arturo Frondizi, pero fui parte activa del movimiento estudiantil que lo enfrentó cuando ya siendo presidente no asume los compromisos contraídos con la rama de Ismael Viñas, y otros. Veníamos luchando por la enseñanza laica y libre, y viene Frondizi con el decreto modificatorio de la ley. Los sueños estudiantiles de que Frondizi se convirtiera en la agiornización o izquierdización del radicalismo se diluyen. Además deja de lado lo escrito en su libro “Política y Petróleo” y se inclina por la privatización y la incorporación de capitales privados, y después de eso veíamos la profundización de un plan privatizador global de las empresas del Estado.

Desde el ámbito estudiantil, todo el reformismo se puso en contra, y también los sectores del peronismo, inclusive hasta de la derecha católica. Nos sentimos traicionados.

Fue cuando se organizó la más importante movilización estudiantil de repudio contra el gobierno; la cabeza de la movilización, frente a la Casa de Gobierno, sostenía un muñeco de Frondizi, allí estaban el propio hermano, Risieri, todos los decanos, el estudiantado; las columnas llegaban hasta el Congreso. La Iglesia jamás pudo contrarrestar ésa multitudinaria expresión social.

¿Cómo te inicias sindicalmente?

Cuando cae Perón se interviene la CGT, y nos hacen reunir los empleados estatales. Nos habla el Capitán de Navio Vangelderen, a la sazón interventor militar. Nos habló del sacrificio que debíamos hacer los trabajadores, y que se yo cuantas cosas más, hasta que pido la palabra y argumento que según entendíamos, ellos se hicieron cargo del gobierno por supuestos autoritarios defectos del peronismo, que había articulado sindicatos de arriba para abajo, pero resulta que ahora el argumento es que debemos sacrificarnos nosotros, en vez de comenzar a recortar beneficios desde arriba...Allí los compañeros me aplaudieron bastante, y cuando volvimos a la empresa los muchachos me pidieron que fuera delegado.

Ah fui a consultarlo con mis compañeros de estudios, porque si me metía en el sindicalismo, no podría seguir estudiando. La verdad es que me alentaron, y acepté ser primero delegado y luego sería un francotirador frente a los sindicalistas que venían de la mano de las intervenciones a tomar los sindicatos.

En lo que respecta a los gremios marítimos, entre los que se encontraba la Asociación de Empleados de la Marina Mercante, donde yo sería afiliado y más tarde delegado, se crea la Asociación Marítima Argentina, avalada por Perón para contrarrestar a la Confederación General de Gremios Marítimos, de orientación anarquista y antiperonista. Al caer el gobierno, entra en manos de la Comisión Asesora Liquidadora de la AMA.

Es ahí que comienzo a vislumbrar que si el antiperonismo a ultranza ganaba los sindicatos, viendo ya de que manera se comportaban algunos compañeros, estábamos listos. Yo no tenía fobia antiperonista, además venía fogueado de las asambleas estudiantiles, así que cuando se hacían asambleas gremiales se hacía difícil que me caminaran con argumentaciones falsas, a las que yo respondía. Nunca me callé la boca, y en ese sentido era un francotirador.

Podía gustarles o no lo que decía, pero yo era delegado y comisión interna. Un día viene Fernández Schnorr, un médico socialista que tenía al hermano trabajando en los talleres Dodero, y nos apura con el armado de las listas. Lo hace en una reunión de la Comisión Interna; ahí nomás lo paro en seco, y le pongo los puntos: “Nosotros no somos el oficialismo y no tenemos porque poner compañeros en esa lista”, le digo. Y nos vuelve a apurar: “Vamos que casi ya no queda tiempo”. Y yo le contesto “A ver si yo le armo otra lista”. La cosa queda tensa. Ahí nomás me reuní con los compañeros que habían quedado afuera, algo “quemados por su participación en la AMA, como por ejemplo, Juan Denino, Vito, Giamcaspro, y otros.

Así acordamos formar otra lista. Algunos creyeron que me había hecho peronista, y me costó explicares que había que aliarse con quien fuera siempre que viniera de abajo y fuera honesto, con tal de sacarnos a estos de adentro.

Salimos segundos, pero movimos todo el avispero. De ahí en más los muchachos de flota comenzaron a prestarme atención y, al poco tiempo formamos el Movimiento de Acción Renovadora “Lista Verde” de la Asociación Argentina de la Marina Mercante.

En el Sindicato se renovaban autoridades por mitades cada dos años. Para la renovación parcial me fueron a buscar, conociendo mi insistencia en cuanto a que los máximos representantes de la organización fueran rentados por el gremio, para de esa manera no tener que depender del humor de los directivos de las empresas, y siempre pudieran estar en la organización permanentemente defendiendo los intereses de los compañeros y del sector. Ahí entré como prosecretario, a condición por supuesto, de que mi cargo no fuera rentado, si en el caso del presidente, y del secretario general como máximos exponentes de la conducción. Luego llegué a ser secretario general; más tarde renuncia el presidente en época de la CGT de los Argentinos, y quedé como titular del gremio.

Durante el gobierno de Onganía, a fines del 68, se cita al Congreso Normalizador de la CGT. Vandor cuestionaba la designación de los delegados de los sindicatos intervenidos, porque de salir victorioso ése sector, el gobierno no reconocería sus autoridades. Esto provoca distanciamientos y el Congreso nace dividido. De ello nacerían dos representaciones obreras, y en una de ellas, la denominada CGT de los Argentinos, liderada por Raymundo Ongaro, me cuenta entre su directiva.

¿Cómo llegás ahí ?.

En la condición que te cuento es que llegamos a esa convocatoria. Eramos dos delegados, Raúl Alonso y yo. Podría decir que llegamos “a poncho”. Mucho no sabíamos de las posiciones que había, o de los posicionamientos que luego quedaron a la luz, aunque sí teníamos claro, que estaríamos no apoyando a los colaboracionistas. Políticamente tampoco estábamos alineados, porque siempre sostuve que el sindicalismo debe mantener su independencia de todo lo partidario.

Nuestra postura era que los gremios intervenidos no tengan un doble castigo, siendo desconocidos por los del gobierno, y tampoco por los pares. Si bien, en un principio, se acepta el ingreso de los congresales, lo idea de algunos era que no formen parte de la lista que iba a postularse.

Ah comienza a perfilarse, desde otro sector, la candidatura de Raymundo Ongaro. Se pasa a un cuarto intermedio y, lo que podríamos definir como los sectores más progresistas arman una lista que encabeza Ongaro, y donde me colocan como primer vocal titular. El otro sector decide retirarse con la intención de dejarnos en minoría, pero la votación se hace igual y resulta apoyada por aclamación. Ellos al retirarse ocupan la sede histórica de la calle Azopardo, y nosotros nos vamos a Paseo Colón, a la sede de los Gráficos.

En la CGT de los Argentinos estuve a cargo de la Comisión Estudiantil, de la Comisión Económica, y junto a Ricardo De Luca, en la Comisión de Bases que agrupaba a los referentes más aguerridos de los trabajadores, a veces no fielmente representados por sus dirigentes sindicales.

¿Hasta cuando permanecés en la CGTA.?

Eduardo Arrausi, secretario general de Viajantes, que vivía en Bernal y yo de Marina Mercante, fuimos expulsados de la CGT de los Argentinos 1971. Me entero de esto por los diarios. Había sido como resultadote de una asamblea realizada en el interior del país, estando Ongaro y De Luca presos junto a otros dirigentes de primera línea. Habiendo sido copada por un sector extremista, es que supongo, que se decide separar a nuestras respectivas organizaciones de la dirección. Poco a poco ésta CGT se fue diluyendo.

También es bueno aclarar que a los comienzos de la CGT .A. con Perón estaba todo bien; nosotros recibíamos indicaciones desde Madrid con cartas que traía el propio De Luca en este sentido, pero luego venían otras en que se nos indicaba el acercamiento con el otro sector. La verdad que esto a mí no me gustaba nada y hasta se lo dije en una oportunidad al propio Ongaro. Después ocurrió el asesinato de Timoteo Vandor, y automáticamente sobrevino la detención de toda la directiva, como cuento anteriormente.

Cuando nuestros gremios quedan afuera, nosotros decidimos ingresar a la CGT de la calle Azopardo.

Desde entonces, fuí reelecto en el gremio en varios períodos hasta que faltando dos años para cumplir un nuevo mandato, soy detenido en el 76.

¿Como fue eso?

Junto a Eduardo Arrausi propusimos crear una Comisión Nacional Intersindical, con la idea de continuar existiendo como una corriente sindical independiente de los partidos políticos. El Movimiento de Unidad Sindical, Canillitas, la Sociedad Argentinas de Actores, el Sindicato Unico de Publicidad, el Sindicato de Músicos, la Asociación de Periodista de Buenos Aires, la Federación de Judiciales, Sanidad de Santa Fe, Córdoba y Capital, se adhieren a la idea. De esta manera se crea el Movimiento Nacional Intersindical y la Comisión Intersindical que pasa a liderar Agustín Tosco.

Apoyamos dentro mismo de la CGT todas aquellas reivindicaciones sectoriales que la central obrera había dejado de lado. Apoyamos El Cordobazo, el Mendozazo, y hasta participamos del Congreso en que fuera elegido José Ignacio Rucci secretario general, aunque no estuvimos de acuerdo con su designación. Desde la barras nos tiraron bulones y de todo, hasta que nos tuvimos que ir. Nosotros habíamos pedido que el Congreso sesionara bajo la advocación de Eva Perón, cosa que se aprobó; pero además de Agustín Tosco, quien estaba preso en el Buque Cárcel Coracero, lo que fue desaprobado con abucheos, arrojándonos de tofo.

Poco a poco me fui convirtiendo en un hombre de lucha permanente contra las diversas formas de colaboracionismo, en defensa permanente de las empresas del Estado, como así también de la pesca. Por entonces importantes sectores de la comunidad rionegrina, en especial de Río Gallegos, pedían la aprobación de un convenio de pesca con la República de Polonia, que nos proporcionaba conveniencias mutuas.

Nosotros, a través de nuestras publicaciones dirigidas al pueblo, pero también a las Fuerzas Armadas y a las autoridades nacionales, le poníamos en aviso a los altos mandos de la Armada sobre lo que se venía con las privatizaciones. En mano a mano les he dicho “Parece que ustedes no quieren darse cuenta de quien es Krieger Vassena. Qué creen?, que solo los viene a visitar para tomarse un vermouth y saludarnos en las fiestas patrias y que le hagan la venia?. No, viene para liquidar todo. Si en la Marina no se retoma la senda de Savio, de Mosconi, si se quedan con el Almirante Storni en el recuerdo, pero no hacen nada en los hechos todo esto se liquida, porque vienen para eso”.

¿Que sucede cuando viene el golpe del 76?

En ese entonces estaba en la Federación Argentina Marítima, en la que llegué a ser secretario de prensa, tesorero y secretario general adjunto; también en la CGT a través de la Intersindical y en la Confederación Argentina del Transporte, donde fui secretario de prensa, y general adjunto. Podría decirse que en todos los ámbitos del sindicalismo importantes, relacionados a las empresas del Estado, ah estuve dando la pelea por la irrestricta defensa de los trabajadores, contra cualquier intento privatizador, de desmantelamiento y liquidación del patrimonio nacional.

Nosotros nos reuníamos en el almirantazgo, durante los gobiernos de Cámpora, Perón e Isabelita. Eramos cinco gremios marítimos los que nos reuníamos cuando era necesario con el Almirante Massera, designado por el propio Perón. Nos escucharon en parte, porque de esas deliberaciones se consiguió que se modificara la Ley de Sociedades Anónimas que cionsiderábamos negativa, y se llegó a introducir que el aporte accionario fuera un 100 por ciento estatal, cuando existía un 25 % que era para el sector privado. Se sacaron los deventures, que era una manera de dejar la conducción de la empresa al dominio de los deventuristas, que por lo general siempre se trata de representantes de empresas extranjeras que nos prestar plata, las que en vez de darnos un pagaré nos entregan deventures y si no les devolvemos el dinero se quedan con más derechos que todos los demás.

El 24 de marzo debí dirigirme a la CGT, desde mi casa de Florencio Varela, porque temprano recibo un llamado de que había una reunión en el Ministerio de Trabajo, relacionada a la posibilidad de un golpe de Estado. Previamente voy a mi Sindicato y aviso a mis compañeros la novedad. Una vez en el Ministerio, junto a todos los secretarios allí reunidos, Lorenzo Miguel, titular de la UOM y de las 62 Organizaciones, comienza a ir y venir en negociaciones con las Fuerzas Armadas y el Gobierno para que supuestamente no se perpetrara el golpe. Mi disgusto era que estuviésemos reunidos en un ámbito que Estado, como era el Ministerio y no en la casa de los trabajadores que era la CGT, donde podríamos debatir sobre nuestras posturas, y en todo caso esas negociaciones. Consideraba además que en vez de tanto diálogo, debíamos dar a conocer un documento en defensa incondicional del gobierno y del Estado de Derecho, y ver que medidas tomaríamos frente a cualquier intento golpista, con total independencia del Estado,

En un momento apareció Roberto Disandro, el periodista decano de la Casa Gobierno y me entrevista. Expresé el pensamiento que acabo de describir y cuando terminé de hablar, se me vinieron los burócratas al humo. Parece que entre los compromisos contraídos entre los sindicatos más grandes y las 62, estaba el no hablar con la prensa. Algo que no había sido debatido ni acordado por nosotros y otros gremios que no éramos parte de “las seis dos”. Ah no tenía más nada que hacer, y me retiré primero a mi sindicato y luego a mi casa.

Tres díaas más tarde recibo un telegrama de la Corporación de Empresas Nacionales, por el que me intimaban a que en un plazo de 48 horas me presentara a trabajar o sería separado de mi puesto de trabajo. Consulto con algunos compañeros, y algunos habían recibido el Telegrama y otros no. Pedimos una reunión con los interventores de ELMA y de la Flota Fluvial, y en esa oportunidad le expusimos que teníamos fueros sindicales, que nuestros sueldos no lo pagaban las empresas sino que lo hacía el Sindicato; y que no teníamos problema en volver al trabajo, pero que esta sea una ley pareja para todos los dirigentes sindicales rentados con licencia gremial.

Dos días despué4s nos presentamos a trabajar, pero dos oficiales de la Policía Federal nos vinieron a buscar al compañero Alvarez Prado y a mí, en nuestra condición de secretarios general y gremial, respectivamente; nos llevaron en un Torino de la Flota Fluvial. Cuando llegamos a la seccional 1° , el oficial de guardia no nos quiere mantener presos, pero recibe un llamado y ahí nomás quedamos detenidos e incomunicados.

El 2 de abril nos llevan en un Falcon sin identificación alguna, esposados a Coordinación Federal. Se trató de un auténtico secuestro. Estuvimos allí por doce días, en los tubos, incomunicados, hasta que salió el decreto del Poder Ejecutivo por el que quedábamos a disposición del mismo. Permanecemos en una “leonera” hasta que luego nos llevan a Devoto y más tarde a La Plata, hasta el 5 de julio del 77. Mi compañero Jerónimo Alvarez Prado permaneció detenido menos tiempo que yo, lo que nos hace suponer que existió algún tipo de condena, en ausencia nuestra, por supuesto.

Cuando salimos ya no teníamos trabajo, sin que se nos otorgase indemnización alguna. Se habían cagado en los fueros gremiales, y tampoco tuvimos cabida en nuestro Sindicato debido a la modificación de los mismos, dada la ingerencia de las intervenciones militares en la AEMM.

Quiero dejar en claro, que los compañeros que hoy dirigen Asociación de la Marina Mercante, nada tienen que ver con lo sucedido con nuestra exclusión de la misma.

Enero de 2005

 
Por Daniel Parcero
danielparcero@hotmail.com
 
Presentación

Fuimos al rescate de un puñado de personas quienes, desde temprana juventud y desde estos rincones de la zona sur del conurbano, por donde nos desempeñamos profesionalmente, abrazaron la militancia política de la cual, de una u otro no se apartaran hasta nuestros días, y cuyos apellidos dejado ser noticia, habiéndose incorporado a la historia.

Una historia que se escribió con su protagonismo y que siempre los recuerda.

Este es nuestro homenaje a su perseverancia en la construcción del destino nacional, y como aporte a las nuevas generaciones.

Dedicatoria

A la memoria del infatigable militante sindical, compañero Avelino Fernández, quien falleciera días después que acordáramos la entrevista, que por ese lamentable motivo no pudo concretarse .

“Abrazar causas nobles es abrazar hombres”

Prólogo

Vivir como militantes

Por Fernando “Chino” Navarro - Diputado Provincial - Frente para la Victoria

¿Qué tienen de común en común 15 personas cuyas historias que rescata Daniel Parcero en éste libro? : Su condición de militantes.

Desde experiencias, concepciones, prácticas e ideales diferentes, el relato nos permite acercarnos a la militancia política contemporánea desde la voz de protagonistas destacados, y en todos los casos, Daniel Parcero y sus colaboradores, consiguen que los testimonios no estén contaminados por la convivencia o la necesidad de la “corrección política”. Cuentan sus historias como las vivieron, con la sinceridad que fueron registrando y reconstruyendo sus recuerdos.

Hay algo más que los separa y a la vez los une: el peronismo. Con mayor o menor conciencia de ello, la adhesión o el rechazo al peronismo es lo que define buena parte de su historia política.

Luego de los hechos que desembocaron en la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, hablar de crisis de representatividad de los dirigentes políticos, y del recelo que en gran parte de la población despierta la actividad política, parece un lugar común.

La lectura de estos testimonios seguramente puede servirnos para dejar de lado las dos versiones estereotipadas que suelen predominar acerca de la política: seguramente no es el noble apostolado que pretenden transmitirnos algunos discursos, pero tampoco la más deleznable de las actividades humanas.

En todos ellos podemos reconocer un ideal, una identidad política que presupone un deseo, una concepción de cómo debe organizarse la convivencia social, y a su vez, el relato de practicas, vivencias, luchas a través de las cuales podemos advertir en que medida los desafíos que les van planteando la militancia “rescribe” el sueño inicial, reformula de esa idea general que los acercó a la militancia, en tareas que no siempre tienen que ver estrictamente con ella pero que, vestidas con las ropas de la necesidad que les apura la lucha por el poder, son vividas y relatadas con pasión. Así pasaremos revista a disidencias internas, acuerdos superestructurales, juntado de fichas, confesiones de gorilismo o ideas que hoy pueden sonar disparatadas -como planear la muerte de un adversario- pero que en fragor de la lucha fueron vividas hasta con neutralidad.

Esas historias nos dejan de manifiesto vocaciones políticas que se foguearon en la lucha por el poder, que se prueban en la trinchera, que no temen a meterse en el barro, pero que , a su vez, no padecen un fenómeno que comenzó a gestarse en la etapa democrática iniciada en 1983, y como consecuencia del proceso iniciado en 1976: son militantes que luchan por el poder, pero que no viven los cargos como una obsesión, que no entienden a la política como una profesión, que no necesitan estar permanentemente adscriptos a alguna nómina presupuestaria para seguir adelante.

El peronismo, la fusiladora, el luche y vuelve, las luchas gremiales, los dilemas de la izquierda y de las restantes fuerzas de identidad nacional, el dolor por los crímenes, los proyectos inconclusos, desfilan en la voz de personas que tienen algo más en común: a pesar de todo lo vivido, no se dan por cumplidos, de una u otra manera siguen adelante, no dejan de vivir como militantes.

Con alguno de ellos, como Adolfo Bianchi Silvestre, o Héctor Portero, he tenido el placer de conversar personalmente y me llena de gratitud encontrar en la palabra escrita relatos que alguna vez pude oír de su voz, y que quedaron grabados en los rincones que mi memoria tiene reservados para los mementos gratos.

Vivimos un contexto excepcional. Por encima de las diferencias políticas, está claro que Argentina como Nación, procura dejar atrás un cuarto de siglo de hegemonía neoliberal para reencontrarse con la necesidad de reconstruir una convivencia basada en el trabajo, la solidaridad, el crecimiento económico, la reafirmación de la dignidad nacional y la integración regional de cara al resto del mundo. A algunos de los que brindan testimonio en el libro, como Carlos Kunkel, la presente coyuntura los encuentra en lugares de lucha clave en la tarea de reconstruir el movimiento nacional para alumbrar un país que merezca la pena de ser vivido.

No me cabe duda que éste libro servirá. Servirá para conocer, servirá para forjar una visión más realista, para revisar el pasado, aprender aciertos y errores, los fracasos, la represión o la muerte, siguen en pie, para que las llevemos adelante con el entusiasmo, la mística, el compromiso que requiere la lucha por la verdadera felicidad, esa que podemos compartir como pueblo.

Los reportajes

  • Juan José Paolucci
  • Adolfo Jorge Bianchi Silvestre
  • Ludovico Vitta
  • Juan Manuel Ugorri
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