¿Cuando
comienza su militancia y en que ámbito?
Mi
militancia comienza en la universidad. Fue en
la Facultad y Letras en el año 54. Cuando
se produce la caída de Perón,
nucleamientos que existían por entonces
eran los humanistas, de tendencia antiperonista
y de orientación católica, y los
reformistas, de la Reforma del 18, y donde militaban
los radicales, socialistas y comunistas; ambos
grupos representaban la mayoría universitaria;
no tenían una organización propia,
por lo menos en nuestra facultad. En Derecho
sí, porque allí orientaba al peronismo
Radavés, huevito, del grupo
Tacuara, una expresión netamente
de derecha. Producido el golpe, el movimiento
estudiantil toma las facultades, en nuestro
caso en representación de los humanistas
y reformistas. En Filosofía llega de
interventor José Luís Romero y
más tarde Risieri Frondizi como rector.
Ahí es cuando comenzamos a levantar el
lema de que el estudiante es la Universidad,
y la lucha por el gobierno tripartito,
que si bien no era nueva, es recién en
ésta época en que comienza a materializarse.
¿Solo
estudiaba o además trabajaba?
Trabajaba
y estudiaba. Entré en la facultad sin
mayores conocimientos políticos. Es así
que colaboré vendiendo Vocero
que era un órgano del Partido Comunista.
Cuando uno era novicio, los primeros que te
agarraban eran los comunistas, hasta que uno
va entrando en conocimiento y se define. Además
colaboraba con el Centro de Estudiantes que
tenía revista llamada Centro.
Esta publicación fue el semillero de
David Viñas, Noé Jitrick Gi, Jorge
Lafforghel, Ramón Alcalde, Ismael Viñas,
y no tenía una orientación política
específica, pero se podría definir
como una expresión cultural de centroizquierda.
¿Dónde
trabajabas?
Trabajaba
en la Flota Argentina de Navegación de
Ultramar; una empresa de la Compañia
de Navegación Dodero, que
luego se estatizó. Tenía los talleres
de mantenimiento en Avellaneda. Mi padre que
venía de trabajar en Astra, encontró
trabajo en ésta empresa, para viajar
en un buque petrolero que iba a ser reparado
en Estados Unidos, y que luego seguiría
rumbo a Curazao para traer nafta, algo que en
ése tiempo escaseaba el país.
En ese interín del viaje, el barco tiene
un accidente y mi padre muere. Ese trabajo nos
es ofrecido a la familia para dos de sus integrantes,
y es así como me incorporan a mí
y a mi hermano a TA.RE.NA, en Avellaneda. En
mi caso fue como aprendiz tornero. Aquella empresa,
en los años sesenta se fusiona con la
Flota Mercante del Estado, y se forma la Empresa
Líneas Marítimas Argentinas.
Lo
cierto es que por ése entonces hice mis
primeros pininos.
Nosotros
pertenecíamos al Sindicato de Obreros
de la Compañía Dodero,
un sindicato por empresa, y que se oponía
a la Federación Obrera de la República
Argentina, que era anarquista. Antes del peronismo,
todos los talleres navales estaban en manos
del anarquismo, Perón les fue sacando
ventaja en algunas partes, como por ejemplo
en Dodero, hasta crear el Sindicato
Argentino de Obreros Navales, con Ricardo De
Luca al frente. De ésta manera les sacó
a los anarquistas la representación en
la rama naval.
Cuando
cae Perón, el anarquismo vuelve a ocupar
sus espacios en los sindicatos por empresa.
Aparentemente el anarquismo, a pesar de sus
posturas antimilitaristas, algo colaboró
con los militares que derrocaron a Perón,
y como fruto de esa colaboración recuperaron
algunas organizaciones sindicales.
Ellos
comenzaron a pedir las 6 horas de jornada laboral,
y parece que ésa si fue una promesa que
los militares les habían dado y no estaban
dispuestos a cumplirla, y comenzaron a hacer
paros.
Viendo
esta realidad, para 1956, es que en el ámbito
de la facultad, propongo al Centro de Estudiantes
comenzar a formar comisiones estudiantiles,
siendo que además ya existían
experiencias de otras facultades, y fue cuando
me eligen representante.
De
esta manera nos pusimos en contacto con los
compañeros anarquistas del taller de
Dodero, y se acordó hacer un acto público
conjunto. Fue en el Aula Magna de Filosofía
y Letras, y luego hubo otro en Parque Rivadavia,
y otro en Constitución.
Cuando
se producen elecciones en la Facultad, el reformismo
y el humanismo se presentan divididos, ganando
el reformismo, y entrando el humanismo por la
minoría. Ahí voy como delegado
a la FUBA, acompañando a Carlos Dueck.
Nos reuníamos en un sótano de
la calle Las Heras, junto a los otros centros
estudiantiles. Ahí me hice amigo de Pepe
Nun, Alberto Ciria, González Gartland,
Gustavo Soler -que luego se casó con
la hija de Illía- Eran asambleas interminables
con los centro de Derecho y la Línea
Recta de Ingenierìa.
¿En
ningún momento optó por una inclinación
político partidaria?
Algunos
nos afiliamos a la UCRI, esperanzados en Arturo
Frondizi, pero fui parte activa del movimiento
estudiantil que lo enfrentó cuando ya
siendo presidente no asume los compromisos contraídos
con la rama de Ismael Viñas, y otros.
Veníamos luchando por la enseñanza
laica y libre, y viene Frondizi con el decreto
modificatorio de la ley. Los sueños estudiantiles
de que Frondizi se convirtiera en la agiornización
o izquierdización del radicalismo se
diluyen. Además deja de lado lo escrito
en su libro Política y Petróleo
y se inclina por la privatización y la
incorporación de capitales privados,
y después de eso veíamos la profundización
de un plan privatizador global de las empresas
del Estado.
Desde
el ámbito estudiantil, todo el reformismo
se puso en contra, y también los sectores
del peronismo, inclusive hasta de la derecha
católica. Nos sentimos traicionados.
Fue
cuando se organizó la más importante
movilización estudiantil de repudio contra
el gobierno; la cabeza de la movilización,
frente a la Casa de Gobierno, sostenía
un muñeco de Frondizi, allí estaban
el propio hermano, Risieri, todos los decanos,
el estudiantado; las columnas llegaban hasta
el Congreso. La Iglesia jamás pudo contrarrestar
ésa multitudinaria expresión social.
¿Cómo
te inicias sindicalmente?
Cuando
cae Perón se interviene la CGT, y nos
hacen reunir los empleados estatales. Nos habla
el Capitán de Navio Vangelderen, a la
sazón interventor militar. Nos habló
del sacrificio que debíamos hacer los
trabajadores, y que se yo cuantas cosas más,
hasta que pido la palabra y argumento que según
entendíamos, ellos se hicieron cargo
del gobierno por supuestos autoritarios defectos
del peronismo, que había articulado sindicatos
de arriba para abajo, pero resulta que ahora
el argumento es que debemos sacrificarnos nosotros,
en vez de comenzar a recortar beneficios desde
arriba...Allí los compañeros me
aplaudieron bastante, y cuando volvimos a la
empresa los muchachos me pidieron que fuera
delegado.
Ah
fui a consultarlo con mis compañeros
de estudios, porque si me metía en el
sindicalismo, no podría seguir estudiando.
La verdad es que me alentaron, y acepté
ser primero delegado y luego sería un
francotirador frente a los sindicalistas que
venían de la mano de las intervenciones
a tomar los sindicatos.
En
lo que respecta a los gremios marítimos,
entre los que se encontraba la Asociación
de Empleados de la Marina Mercante, donde yo
sería afiliado y más tarde delegado,
se crea la Asociación Marítima
Argentina, avalada por Perón para contrarrestar
a la Confederación General de Gremios
Marítimos, de orientación anarquista
y antiperonista. Al caer el gobierno, entra
en manos de la Comisión Asesora Liquidadora
de la AMA.
Es
ahí que comienzo a vislumbrar que si
el antiperonismo a ultranza ganaba los sindicatos,
viendo ya de que manera se comportaban algunos
compañeros, estábamos listos.
Yo no tenía fobia antiperonista, además
venía fogueado de las asambleas estudiantiles,
así que cuando se hacían asambleas
gremiales se hacía difícil que
me caminaran con argumentaciones falsas, a las
que yo respondía. Nunca me callé
la boca, y en ese sentido era un francotirador.
Podía
gustarles o no lo que decía, pero yo
era delegado y comisión interna. Un día
viene Fernández Schnorr, un médico
socialista que tenía al hermano trabajando
en los talleres Dodero, y nos apura con el armado
de las listas. Lo hace en una reunión
de la Comisión Interna; ahí nomás
lo paro en seco, y le pongo los puntos: Nosotros
no somos el oficialismo y no tenemos porque
poner compañeros en esa lista,
le digo. Y nos vuelve a apurar: Vamos
que casi ya no queda tiempo. Y yo le contesto
A ver si yo le armo otra lista.
La cosa queda tensa. Ahí nomás
me reuní con los compañeros que
habían quedado afuera, algo quemados
por su participación en la AMA, como
por ejemplo, Juan Denino, Vito, Giamcaspro,
y otros.
Así
acordamos formar otra lista. Algunos creyeron
que me había hecho peronista, y me costó
explicares que había que aliarse con
quien fuera siempre que viniera de abajo y fuera
honesto, con tal de sacarnos a estos de adentro.
Salimos
segundos, pero movimos todo el avispero. De
ahí en más los muchachos de flota
comenzaron a prestarme atención y, al
poco tiempo formamos el Movimiento de Acción
Renovadora Lista Verde de la Asociación
Argentina de la Marina Mercante.
En
el Sindicato se renovaban autoridades por mitades
cada dos años. Para la renovación
parcial me fueron a buscar, conociendo mi insistencia
en cuanto a que los máximos representantes
de la organización fueran rentados por
el gremio, para de esa manera no tener que depender
del humor de los directivos de las empresas,
y siempre pudieran estar en la organización
permanentemente defendiendo los intereses de
los compañeros y del sector. Ahí
entré como prosecretario, a condición
por supuesto, de que mi cargo no fuera rentado,
si en el caso del presidente, y del secretario
general como máximos exponentes de la
conducción. Luego llegué a ser
secretario general; más tarde renuncia
el presidente en época de la CGT de los
Argentinos, y quedé como titular del
gremio.
Durante
el gobierno de Onganía, a fines del 68,
se cita al Congreso Normalizador de la CGT.
Vandor cuestionaba la designación de
los delegados de los sindicatos intervenidos,
porque de salir victorioso ése sector,
el gobierno no reconocería sus autoridades.
Esto provoca distanciamientos y el Congreso
nace dividido. De ello nacerían dos representaciones
obreras, y en una de ellas, la denominada CGT
de los Argentinos, liderada por Raymundo Ongaro,
me cuenta entre su directiva.
¿Cómo
llegás ahí ?.
En
la condición que te cuento es que llegamos
a esa convocatoria. Eramos dos delegados, Raúl
Alonso y yo. Podría decir que llegamos
a poncho. Mucho no sabíamos
de las posiciones que había, o de los
posicionamientos que luego quedaron a la luz,
aunque sí teníamos claro, que
estaríamos no apoyando a los colaboracionistas.
Políticamente tampoco estábamos
alineados, porque siempre sostuve que el sindicalismo
debe mantener su independencia de todo lo partidario.
Nuestra
postura era que los gremios intervenidos no
tengan un doble castigo, siendo desconocidos
por los del gobierno, y tampoco por los pares.
Si bien, en un principio, se acepta el ingreso
de los congresales, lo idea de algunos era que
no formen parte de la lista que iba a postularse.
Ah
comienza a perfilarse, desde otro sector, la
candidatura de Raymundo Ongaro. Se pasa a un
cuarto intermedio y, lo que podríamos
definir como los sectores más progresistas
arman una lista que encabeza Ongaro, y donde
me colocan como primer vocal titular. El otro
sector decide retirarse con la intención
de dejarnos en minoría, pero la votación
se hace igual y resulta apoyada por aclamación.
Ellos al retirarse ocupan la sede histórica
de la calle Azopardo, y nosotros nos vamos a
Paseo Colón, a la sede de los Gráficos.
En
la CGT de los Argentinos estuve a cargo de la
Comisión Estudiantil, de la Comisión
Económica, y junto a Ricardo De Luca,
en la Comisión de Bases que agrupaba
a los referentes más aguerridos de los
trabajadores, a veces no fielmente representados
por sus dirigentes sindicales.
¿Hasta
cuando permanecés en la CGTA.?
Eduardo
Arrausi, secretario general de Viajantes, que
vivía en Bernal y yo de Marina Mercante,
fuimos expulsados de la CGT de los Argentinos
1971. Me entero de esto por los diarios. Había
sido como resultadote de una asamblea realizada
en el interior del país, estando Ongaro
y De Luca presos junto a otros dirigentes de
primera línea. Habiendo sido copada por
un sector extremista, es que supongo, que se
decide separar a nuestras respectivas organizaciones
de la dirección. Poco a poco ésta
CGT se fue diluyendo.
También
es bueno aclarar que a los comienzos de la CGT
.A. con Perón estaba todo bien; nosotros
recibíamos indicaciones desde Madrid
con cartas que traía el propio De Luca
en este sentido, pero luego venían otras
en que se nos indicaba el acercamiento con el
otro sector. La verdad que esto a mí
no me gustaba nada y hasta se lo dije en una
oportunidad al propio Ongaro. Después
ocurrió el asesinato de Timoteo Vandor,
y automáticamente sobrevino la detención
de toda la directiva, como cuento anteriormente.
Cuando
nuestros gremios quedan afuera, nosotros decidimos
ingresar a la CGT de la calle Azopardo.
Desde
entonces, fuí reelecto en el gremio en
varios períodos hasta que faltando dos
años para cumplir un nuevo mandato, soy
detenido en el 76.
¿Como
fue eso?
Junto
a Eduardo Arrausi propusimos crear una Comisión
Nacional Intersindical, con la idea de continuar
existiendo como una corriente sindical independiente
de los partidos políticos. El Movimiento
de Unidad Sindical, Canillitas, la Sociedad
Argentinas de Actores, el Sindicato Unico de
Publicidad, el Sindicato de Músicos,
la Asociación de Periodista de Buenos
Aires, la Federación de Judiciales, Sanidad
de Santa Fe, Córdoba y Capital, se adhieren
a la idea. De esta manera se crea el Movimiento
Nacional Intersindical y la Comisión
Intersindical que pasa a liderar Agustín
Tosco.
Apoyamos
dentro mismo de la CGT todas aquellas reivindicaciones
sectoriales que la central obrera había
dejado de lado. Apoyamos El Cordobazo, el Mendozazo,
y hasta participamos del Congreso en que fuera
elegido José Ignacio Rucci secretario
general, aunque no estuvimos de acuerdo con
su designación. Desde la barras nos tiraron
bulones y de todo, hasta que nos tuvimos que
ir. Nosotros habíamos pedido que el Congreso
sesionara bajo la advocación de Eva Perón,
cosa que se aprobó; pero además
de Agustín Tosco, quien estaba preso
en el Buque Cárcel Coracero, lo que fue
desaprobado con abucheos, arrojándonos
de tofo.
Poco
a poco me fui convirtiendo en un hombre de lucha
permanente contra las diversas formas de colaboracionismo,
en defensa permanente de las empresas del Estado,
como así también de la pesca.
Por entonces importantes sectores de la comunidad
rionegrina, en especial de Río Gallegos,
pedían la aprobación de un convenio
de pesca con la República de Polonia,
que nos proporcionaba conveniencias mutuas.
Nosotros,
a través de nuestras publicaciones dirigidas
al pueblo, pero también a las Fuerzas
Armadas y a las autoridades nacionales, le poníamos
en aviso a los altos mandos de la Armada sobre
lo que se venía con las privatizaciones.
En mano a mano les he dicho Parece que
ustedes no quieren darse cuenta de quien es
Krieger Vassena. Qué creen?, que solo
los viene a visitar para tomarse un vermouth
y saludarnos en las fiestas patrias y que le
hagan la venia?. No, viene para liquidar todo.
Si en la Marina no se retoma la senda de Savio,
de Mosconi, si se quedan con el Almirante Storni
en el recuerdo, pero no hacen nada en los hechos
todo esto se liquida, porque vienen para eso.
¿Que
sucede cuando viene el golpe del 76?
En
ese entonces estaba en la Federación
Argentina Marítima, en la que llegué
a ser secretario de prensa, tesorero y secretario
general adjunto; también en la CGT a
través de la Intersindical y en la Confederación
Argentina del Transporte, donde fui secretario
de prensa, y general adjunto. Podría
decirse que en todos los ámbitos del
sindicalismo importantes, relacionados a las
empresas del Estado, ah estuve dando la pelea
por la irrestricta defensa de los trabajadores,
contra cualquier intento privatizador, de desmantelamiento
y liquidación del patrimonio nacional.
Nosotros
nos reuníamos en el almirantazgo, durante
los gobiernos de Cámpora, Perón
e Isabelita. Eramos cinco gremios marítimos
los que nos reuníamos cuando era necesario
con el Almirante Massera, designado por el propio
Perón. Nos escucharon en parte, porque
de esas deliberaciones se consiguió que
se modificara la Ley de Sociedades Anónimas
que cionsiderábamos negativa, y se llegó
a introducir que el aporte accionario fuera
un 100 por ciento estatal, cuando existía
un 25 % que era para el sector privado. Se sacaron
los deventures, que era una manera de dejar
la conducción de la empresa al dominio
de los deventuristas, que por lo general siempre
se trata de representantes de empresas extranjeras
que nos prestar plata, las que en vez de darnos
un pagaré nos entregan deventures y si
no les devolvemos el dinero se quedan con más
derechos que todos los demás.
El
24 de marzo debí dirigirme a la CGT,
desde mi casa de Florencio Varela, porque temprano
recibo un llamado de que había una reunión
en el Ministerio de Trabajo, relacionada a la
posibilidad de un golpe de Estado. Previamente
voy a mi Sindicato y aviso a mis compañeros
la novedad. Una vez en el Ministerio, junto
a todos los secretarios allí reunidos,
Lorenzo Miguel, titular de la UOM y de las 62
Organizaciones, comienza a ir y venir en negociaciones
con las Fuerzas Armadas y el Gobierno para que
supuestamente no se perpetrara el golpe. Mi
disgusto era que estuviésemos reunidos
en un ámbito que Estado, como era el
Ministerio y no en la casa de los trabajadores
que era la CGT, donde podríamos debatir
sobre nuestras posturas, y en todo caso esas
negociaciones. Consideraba además que
en vez de tanto diálogo, debíamos
dar a conocer un documento en defensa incondicional
del gobierno y del Estado de Derecho, y ver
que medidas tomaríamos frente a cualquier
intento golpista, con total independencia del
Estado,
En
un momento apareció Roberto Disandro,
el periodista decano de la Casa Gobierno y me
entrevista. Expresé el pensamiento que
acabo de describir y cuando terminé de
hablar, se me vinieron los burócratas
al humo. Parece que entre los compromisos contraídos
entre los sindicatos más grandes y las
62, estaba el no hablar con la prensa. Algo
que no había sido debatido ni acordado
por nosotros y otros gremios que no éramos
parte de las seis dos. Ah no tenía
más nada que hacer, y me retiré
primero a mi sindicato y luego a mi casa.
Tres
díaas más tarde recibo un telegrama
de la Corporación de Empresas Nacionales,
por el que me intimaban a que en un plazo de
48 horas me presentara a trabajar o sería
separado de mi puesto de trabajo. Consulto con
algunos compañeros, y algunos habían
recibido el Telegrama y otros no. Pedimos una
reunión con los interventores de ELMA
y de la Flota Fluvial, y en esa oportunidad
le expusimos que teníamos fueros sindicales,
que nuestros sueldos no lo pagaban las empresas
sino que lo hacía el Sindicato; y que
no teníamos problema en volver al trabajo,
pero que esta sea una ley pareja para todos
los dirigentes sindicales rentados con licencia
gremial.
Dos
días despué4s nos presentamos
a trabajar, pero dos oficiales de la Policía
Federal nos vinieron a buscar al compañero
Alvarez Prado y a mí, en nuestra condición
de secretarios general y gremial, respectivamente;
nos llevaron en un Torino de la Flota Fluvial.
Cuando llegamos a la seccional 1° , el oficial
de guardia no nos quiere mantener presos, pero
recibe un llamado y ahí nomás
quedamos detenidos e incomunicados.
El
2 de abril nos llevan en un Falcon sin identificación
alguna, esposados a Coordinación Federal.
Se trató de un auténtico secuestro.
Estuvimos allí por doce días,
en los tubos, incomunicados, hasta que salió
el decreto del Poder Ejecutivo por el que quedábamos
a disposición del mismo. Permanecemos
en una leonera hasta que luego nos
llevan a Devoto y más tarde a La Plata,
hasta el 5 de julio del 77. Mi compañero
Jerónimo Alvarez Prado permaneció
detenido menos tiempo que yo, lo que nos hace
suponer que existió algún tipo
de condena, en ausencia nuestra, por supuesto.
Cuando
salimos ya no teníamos trabajo, sin que
se nos otorgase indemnización alguna.
Se habían cagado en los fueros gremiales,
y tampoco tuvimos cabida en nuestro Sindicato
debido a la modificación de los mismos,
dada la ingerencia de las intervenciones militares
en la AEMM.
Quiero
dejar en claro, que los compañeros que
hoy dirigen Asociación de la Marina Mercante,
nada tienen que ver con lo sucedido con nuestra
exclusión de la misma.