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ENTREVISTA
 
Juan Manuel Ugorri: Un testigo de la Patria fusilada

Juan Manuel Urgorri, entrerriano de La Paz, transitó la paradoja. Era aspirante de primer año en la Escuela Mecánica del Ejército Teniente Coronel Fray Luís Beltrán . Tenía 16 años y fue testigo de cuatro fusilamientos efectuados allí , ejecutados por otros menores que integraron los pelotones.

Esta es parte de la memoria de los argentinos de la poco y nada se habla, siendo un capítulo de nuestra historia sobre el que no ha existido juicio ni castigo, permitiéndose con tal impunidad la reedición de nuevas páginas de horror llevadas a cabo con mayor perversidad.

Conocimos a Ugorri con motivo de la presentación del libro “El presidente duerme” de Daniel Mion, acto que fuera realizado salón del Gabinete de Estudios Municipales y Regionales que presidía entonces el dirigente justicialista lomense Juan Viñales, y en oportunidad que nuestro entrevistado fuera parte del panel. Una vez finalizado el encuentro entrevistamos a Ugorri en la redacción del Diario LA UNION.

 

¿Que pasó en junio del ´56 y dónde estaba?

En junio de 1956 yo era aspirante de primer año de la Escuela Mecánica del Ejército Teniente Coronel Fray Luis Beltrán, ubcada en la Capital Federal, en la calle Pozos 1919 entre Pozos y 15 de noviembre, en la zona que, actualmente, ocupa el Hospital Garrahan.

¿De que días de junio estamos hablando?

Si nos referimos a los fusilamientos, estamos hablando, precisamente, del 9 de junio. Era un sábado y me tocaba hacer “imaginaria”, que en vida militar es el que cuida el dormitorio o algún lugar do descansan. Como había problemas (institucionales), se hacía de a dos, porque éramos de primer año y recién nos iniciábamos. Me toca con un chico de San Juan, por orden de abecedario, de apellido Valderrama. Nos acostamos a dormir y alrededor de las diez primero se escuchó un disparo -habitual porque en un cuartel siempre se escapa- pero luego otros, aislados; alguna ráfaga de ametralladora y eso nos hizo notar que algo anormal pasaba.

¿Qué sabían de lo que estaba ocurriendo?

Nada. Aparece un teniente de apellido Tierno, que era instructor de la compañía vecina, ordenándonos que levantáramos la compañía. Nos dan un fusil, una carga de balas para cada Mauser y la orden de que nos mantuviéramos levantados, pero en la oscuridad y sin salir a ninguna parte.

Habremos estado así alrededor de una a dos horas, hasta que se hizo una formación en la Plaza de Armas -para nosotros el patio del colegio- donde los del los oficiales informaron que hubo una insurrección que se había dominado; para nosotros allí terminó el día y nos fuimos a dormir.

¿El siguiente fue el día especial?

A la mañana, cuando nos levantamos, en esa Plaza de Armas varias personas detenidas, cada una con un centinela que los cuidaba, y ellos estaban sentados, sobre una manta (frazada). El más conocido un suboficial de apellido Gareca, encargado del depósito de intendencia. Los estaban interrogando y juzgando. Luego, por la tarde trascendió que habría fusilamientos. Inclusive a nosotros, con el dato confirmado se nos leyó la Orden del Día, donde si bien no se nombraba quienes, se daban ordenes de ejecución.

¿Sentimientos...?

Nuestra pesadumbre era grande porque no sabíamos a quienes fusilar. Si teníamos conocimiento de un cierto orden jerárquico que era: el suboficial Gareca; el suboficial Paulini; el sargento Quiroga; y el cabo primero Rodriguez; luego seguirían dos de cuarto año que eran aspirantes a quienes podrían pasar por las armas (luego no ocurrió). Cometieron el acto bárbaro de formar los pelotones de ejecución con chicos. Todos chicos de 17 años que, después, tuvieron que ser tratados. Es natural. Nadie podría, cuerdamente, hacerles disparar a personas con las que han convivido.

¿Por qué cree que les dieron orden de integrar pelotones y a los aspirantes?

Porque lo hicieron, nunca lo supimos. El teniente primero que comandó esos pelotones, quien podría haber tenido en ese momento 25 años, tuvo que dar la orden de tirar y no sólo eso, dar el tiro de gracia a los cuatro que estaban allí . Creo que eso no se lo borra nadie de la cabeza durante su vida. Después, en segundo año, me fui del colegio.

¿Conocieron pormenores de la sublevación?

Si. Nos fuimos enterando como el suboficial Gareca toma el puesto uno, que era el de entrada. El salía de franco, con su habitual sobretodo negro. Era un morocho de bigotes. Un tipazo, sobre todo para nosotros que éramos chicos. Salió a la puerta y, por supuesto, uno tiene confianza con la persona con la que está conviviendo todos los días. Se quedó charlando con el centinela y observan gente que llegaba por la calle Pedro Echagüe. El centinela observa el grupo de personas que se acercaba y le dice “mi suboficial voy a avisarle al jefe de guardia que vienen civiles”; en ése momento Gareca con la 45 en la mano, le dice: “quedate quietitoto”. Ese fue todo su acto de violencia.

Y el otro puesto, el número cinco, en ese momento, era la entrada y salida de vehículos hacia la calle 15 de Noviembre. El sargento Quiroga, ésa noche que peleaba Lausse en Estados Unidos, los encuentra escuchando la transmisión; había un sargento ayudante a cargo, muy fanfarrón en sus actitudes y a quien Quiroga pregunta si las ametralladoras que estaban en la pared estaban cargadas, lo confirma. Quiroga tomó una mirándola con la confianza propia del que frecuenta un lugar y le dice “¿mirá si te tomo el puesto ahora?, a lo que otro responde “pará, no te hagas el loco” . Quiroga concluye: “no, en serio. Quedate quieto. Te tomo el puesto”. Quiroga llevó al suboficial y los cuatro relevos, y los encerró. Esos fueron los actos de violencia que realizó esa gente.

¿Ustedes supieron qué oficiales dieron la orden de fusilar Colegio?

El director del colegio era el coronel Pizarro Jones. Simplemente leyeron la Orden del Día, con la firma del Gobierno Provisional (Aramburu-Rojas), donde se ordenaba la ejecución de los sublevados.

Cuando escuchamos a la noche la descarga cerrada, no sabíamos si eran 16 tiros, 20, 40. Fue de noche, alrededor de las nueve o diez. Después empezamos a escuchar los tiros de gracia. Los dos aspirantes no fueron ejecutados.

¿Que participación ha tenido en el relato de “El presidente duerme ?

El compañero Daniel Mión cuando estaba escribiendo “El presidente duerme” (en referencia a la respuesta que recibió la madre de un oficial que fue a pedir que no lo fusilaran, y que obtuvo por respuesta que no se lo podía interrumpir al señor presidente (era más importante que siguiera durmiendo a que se salvara una vida) me pidió que revisara el capítulo que correspondía a la Escuela Mecánica del Ejército Teniente Coronel Luís Beltrán.

¿Cual es su reflexión?

Que debe honrarse memoria de estos hombres. Han sido mártires de la Patria; para mí, comparables al general Dorrego. Siempre que puedo, pido por favor que no confundan esta sangre. Fueron demasiado importantes para la historia de la Patria, pero para la historia en serio ...

Junio de 2003

 
Por Daniel Parcero
danielparcero@hotmail.com
 
Presentación

Fuimos al rescate de un puñado de personas quienes, desde temprana juventud y desde estos rincones de la zona sur del conurbano, por donde nos desempeñamos profesionalmente, abrazaron la militancia política de la cual, de una u otro no se apartaran hasta nuestros días, y cuyos apellidos dejado ser noticia, habiéndose incorporado a la historia.

Una historia que se escribió con su protagonismo y que siempre los recuerda.

Este es nuestro homenaje a su perseverancia en la construcción del destino nacional, y como aporte a las nuevas generaciones.

Dedicatoria

A la memoria del infatigable militante sindical, compañero Avelino Fernández, quien falleciera días después que acordáramos la entrevista, que por ese lamentable motivo no pudo concretarse .

“Abrazar causas nobles es abrazar hombres”

Prólogo

Vivir como militantes

Por Fernando “Chino” Navarro - Diputado Provincial - Frente para la Victoria

¿Qué tienen de común en común 15 personas cuyas historias que rescata Daniel Parcero en éste libro? : Su condición de militantes.

Desde experiencias, concepciones, prácticas e ideales diferentes, el relato nos permite acercarnos a la militancia política contemporánea desde la voz de protagonistas destacados, y en todos los casos, Daniel Parcero y sus colaboradores, consiguen que los testimonios no estén contaminados por la convivencia o la necesidad de la “corrección política”. Cuentan sus historias como las vivieron, con la sinceridad que fueron registrando y reconstruyendo sus recuerdos.

Hay algo más que los separa y a la vez los une: el peronismo. Con mayor o menor conciencia de ello, la adhesión o el rechazo al peronismo es lo que define buena parte de su historia política.

Luego de los hechos que desembocaron en la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, hablar de crisis de representatividad de los dirigentes políticos, y del recelo que en gran parte de la población despierta la actividad política, parece un lugar común.

La lectura de estos testimonios seguramente puede servirnos para dejar de lado las dos versiones estereotipadas que suelen predominar acerca de la política: seguramente no es el noble apostolado que pretenden transmitirnos algunos discursos, pero tampoco la más deleznable de las actividades humanas.

En todos ellos podemos reconocer un ideal, una identidad política que presupone un deseo, una concepción de cómo debe organizarse la convivencia social, y a su vez, el relato de practicas, vivencias, luchas a través de las cuales podemos advertir en que medida los desafíos que les van planteando la militancia “rescribe” el sueño inicial, reformula de esa idea general que los acercó a la militancia, en tareas que no siempre tienen que ver estrictamente con ella pero que, vestidas con las ropas de la necesidad que les apura la lucha por el poder, son vividas y relatadas con pasión. Así pasaremos revista a disidencias internas, acuerdos superestructurales, juntado de fichas, confesiones de gorilismo o ideas que hoy pueden sonar disparatadas -como planear la muerte de un adversario- pero que en fragor de la lucha fueron vividas hasta con neutralidad.

Esas historias nos dejan de manifiesto vocaciones políticas que se foguearon en la lucha por el poder, que se prueban en la trinchera, que no temen a meterse en el barro, pero que , a su vez, no padecen un fenómeno que comenzó a gestarse en la etapa democrática iniciada en 1983, y como consecuencia del proceso iniciado en 1976: son militantes que luchan por el poder, pero que no viven los cargos como una obsesión, que no entienden a la política como una profesión, que no necesitan estar permanentemente adscriptos a alguna nómina presupuestaria para seguir adelante.

El peronismo, la fusiladora, el luche y vuelve, las luchas gremiales, los dilemas de la izquierda y de las restantes fuerzas de identidad nacional, el dolor por los crímenes, los proyectos inconclusos, desfilan en la voz de personas que tienen algo más en común: a pesar de todo lo vivido, no se dan por cumplidos, de una u otra manera siguen adelante, no dejan de vivir como militantes.

Con alguno de ellos, como Adolfo Bianchi Silvestre, o Héctor Portero, he tenido el placer de conversar personalmente y me llena de gratitud encontrar en la palabra escrita relatos que alguna vez pude oír de su voz, y que quedaron grabados en los rincones que mi memoria tiene reservados para los mementos gratos.

Vivimos un contexto excepcional. Por encima de las diferencias políticas, está claro que Argentina como Nación, procura dejar atrás un cuarto de siglo de hegemonía neoliberal para reencontrarse con la necesidad de reconstruir una convivencia basada en el trabajo, la solidaridad, el crecimiento económico, la reafirmación de la dignidad nacional y la integración regional de cara al resto del mundo. A algunos de los que brindan testimonio en el libro, como Carlos Kunkel, la presente coyuntura los encuentra en lugares de lucha clave en la tarea de reconstruir el movimiento nacional para alumbrar un país que merezca la pena de ser vivido.

No me cabe duda que éste libro servirá. Servirá para conocer, servirá para forjar una visión más realista, para revisar el pasado, aprender aciertos y errores, los fracasos, la represión o la muerte, siguen en pie, para que las llevemos adelante con el entusiasmo, la mística, el compromiso que requiere la lucha por la verdadera felicidad, esa que podemos compartir como pueblo.

Los reportajes

  • Juan José Paolucci
  • Adolfo Jorge Bianchi Silvestre
  • Ludovico Vitta
  • Juan Manuel Ugorri
  • Alfredo Genovesi
  • Carlos Alberto Abuín
  • Avelino Fernandez
  • Alfredo Lettis
  • Hector Portero
  • Jorge Prospero Infantino
  • Irma Santa Cruz
  • Julio Raffo
  • Julio Gonzalez
  • Julio “Cuqui” Yessi
  • Carlos Kunkel