Martes 2 de Agosto de 2005  
Edición número 23 - Año 1
   
Opinión

Televisión por cable: ¿monumental estafa? - por Ciro Annicchiarico

Hay que recordar que desde que la televisión comercial inundó el mundo, y en nuestro país fuertemente a partir de la década de los años sesentas del siglo pasado, el argumento fundamentador de los cortes publicitarios fue siempre la necesidad de sostener el coste de producción y de remuneración del personal y de los artistas, conductores, etc. "Gracias a la publicidad es que podemos estar con usted..." solía ser el latiguillo repetido hasta el hartazgo por conductores, animadores y locutores de todo tipo.

Recuerdo las broncas de esos cortes abruptos en medio de las series o películas, justo en la escena o cuando la situación se presentaba más atrapante. -Uhhh! Gritábamos todos. El estado, dueño de las primeras emisoras, necesitaba producir ingresos para solventar los importantes gastos que generaba este nuevo recurso de comunicación, cuya importancia como medio de difusión se advirtió rápidamente. Las empresas privadas de televisión mantuvieron el mismo esquema: señales gratuitas de televisión a cambio de aceptar la publicidad comercial como medio de financiamiento de los costos empresarios y de obtención de ganancias.

Cuando hace unos veinte años, fines de los ochentas y principios de la fatídica época de los noventas, se empezó a difundir masivamente el sistema de televisión por cable, el argumento de venta, o marketting, fue proponer que este producto ofrecía al televidente la posibilidad de disfrutar de una amplia variedad de canales temáticos y de cine sin cortes publicitarios. Algo que parecía un lujo impensable una década antes. El nuevo servicio que llegaba ahora por cable directo al living de cada usuario, se solventaba no en base a los anuncios publicitarios sino del pago del cliente. Los canales de aire tienen la ventaja de que su recepción es gratuita, por eso el televidente tenía que aceptar la publicidad como medio de soporte económico de ese servicio. La televisión por cable vino a proponer un servicio sin cortes para el cliente que acepte pagar un canon mensual que sumará para el mantenimiento de ese servicio empresario y la correspondiente ganancia para quienes emprenden dicha actividad comercial.

Empezó siendo así, un canon mensual relativamente razonable a cambio de televisión y películas sin avisos publicitarios ni irritantes cortes comerciales mutiladores del proceso creador del director de la obra. Pero eso duró poco. Ni bien el servicio comenzó a masificarse y a generar una suerte de dependencia en base a la programación brindada, comenzaron a aparecer, de a poco, los avisos comerciales. Primero entre programa y programa, entre película y película, después con interrupciones en la programación y las películas, y ahora ya es evidente que el formato de la televisión por cable se aprecia casi completamente igual al de la televisión por aire: permanentes cortes publicitarios, cada vez más extensas tandas comerciales, de toda índole, entre programa y programa o entre película y película, que llegan hasta los quince o veinte minutos, y también dentro de la proyección de una película, inclusive varias veces durante su emisión. Al encender hoy el televisor en un canal de cable, eligiendo al azar cualquier canal, existe una altísima probabilidad de encontrarse con el desarrollo de algún comercial publicitario, en una proporción que habría que estudiar para poner en evidencia su uso abusivo.

A la vez, por ese insumo de tiempo cada vez mayor los ingresos económicos de las empresas de comunicación por cable son, en consecuencia, también cada vez mayores. Todos sabemos los valores siderales que tienen los segundos y los minutos de aire que brindan estas empresas de comunicación. Las ganancias que deben tener por poner a disposición de otras empresas poderosas un medio tecnológico de difusión masivo, para hacer sus propagandas comerciales, son inimaginables.

Pues bien, no pretendo cuestionar aquí eso, lo cual no quiere decir que no tenga un costado cuestionable, pero sí plantearme un interrogante que me ha sobrevenido: si el argumento de venta de la televisión por cable era proponerle al cliente hacerse cargo de los gastos mediante un canon mensual, a cambio de no tener que padecer la publicidad, por qué motivo han incumplido esa cláusula contractual produciendo cortes en la programación, obligándonos a los que aceptamos ese contrato a ver cada vez más comerciales, y cobrándonos al mismo tiempo la cuota? No nos están cobrando dos veces lo mismo? Resulta que estamos pagando aproximadamente sesenta pesos (unos U$S 20,00 aproximadamente) todos los meses para que nos pasen publicidad comercial?

Si se han modificado las pautas contractuales, por la razón que fuere, no correspondería que lo propongan transparentemente y busquen el acuerdo del cliente, contar con su consentimiento y voluntad en primer lugar? Y evaluar, en segundo lugar, que si por alguna razón debe volver a aceptarse la inclusión de publicidad comercial entre la programación, a cargo del cliente estén solamente los gastos que sí implican un costo diferenciable para la empresa de comunicación, que son los relativos a la instalación (tendido de cables, conversores, instalación interna, etc.), y luego la recepción de las señales sea sin cargos adicionales?

Y si ahora apareciera un nuevo y poderoso medio que ofreciera un nuevo servicio de señales? Sin ningún tipo de publicidad ni corte alguno, pero eso sí, dada la "excelencia" de ese nuevo servicio su costo podría llegar a ser de ciento cincuenta pesos (U$S 50,ºº). Seguramente un montón de desprevenidos con guita iniciarían la rueda, los cuales dentro de cinco o diez años, más los incautos que se irían sumando, estarían gozando de ese servicio premium premiun seguramente más caro y además con publicidad y cortes...

Cuáles son las normas que regulan el servicio de TV por cable? Quién las controla? No estamos siendo víctimas de una monumental estafa más?

Ciro Annicchiarico

 

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