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Es cierto que "la provincia de Buenos Aires
no es un hotel que se alquila por una elección"
y tampoco se trata del patrimonio político
de ningún dirigente. Tan cierto como
que tampoco los millones de excluídos
son leprosos, y mucho menos que se merezcan
una existencia asistencialista en vez de la
generación de políticas inclusivas.
Pero
la incoherencia discursiva de Chiche Duhalde
es coherente. "Tenemos que dejar el pasado
para los historiadores y la justicia" reiteró
una vez más, y en ésta ocasión
en un acto en homenaje a la Abandera de los
Humildes, quién no trató a los
millones de excluídos producto de la
década infame con la falsa caridad de
las Damas de Beneficencia, sino que desde la
contención social reforzando las políticas
de inclusión social generadas desde la
conducción política de quien fuera
capaz de reinstalar el proyecto nacional inconcluso,
en un verdadero proceso revolucionario, y donde
la distribución de la riqueza ubicó
en justos términos la cuota de sacrificios
y beneficios de cada argentino. Pero hubo debilidades,
precisamente a partir de la desaparición
física de Evita, y nuevamente el curso
ascendente de nuestra historia fue interrumpido,
y en manos de quien recayó la "responsabilidad"
de escribir la historia y administrar justicia,
fue la de los vencederos que reinstalaron el
futuro en tragedia.
Si
el pueblo argentino hubiera renegado a su pasado,
difícilmente Chiche Duhalde hubiera llegado
a ocupar el palco instalado en el predio de
las hermanas franciscanas en Florencio Varela,
y la memoria de Evita hubiera seguido siendo
mansillada.
La
historia fáctica la escriben los vencedores,
y la justicia fáctica impone los términos
de la memoria colectiva.
Entre
la intolerancia de la rebeldía y la intolerancia
del autoritarismo, nuestro pueblo supo ser rebelde
frente al autoritarismo, y supo volver a resurgir.
Entre la moral del amo, optó por la moral
del esclavo dando su vida por la libertad y
la recuperación de sus derechos.
El
pez por la boca muere, y afirmar ahora, veinte
años después de gestión
"reparadora" del conurbano y aplicación
sistemática de políticas asistencialistas
que "vamos a reconstruir Varela y toda
la Provincia de Buenos Aires", da la idea
de la llegada de una turista a un hotel, en
medio de una campaña electoral, en uno
de los distritos más rezagados del conurbano
caracterizado como ciudad dormitorio. Un distrito
donde una de las vías de acceso al casco
céntrico, sobre donde la vicegobernadora
tiene su lujosa residencia, es francamente intrasitable,
donde las cloacas y el agua corriente constituyen
una quimera para sus habitantes, y estamos hablando
apenas de "un botón", para
muestra...
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