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La disputa
entre fumadores y no fumadores debiera resolverse en beneficio de la salud de todos
y esto solo es posible mediante un acuerdo social que genere áreas libres de
humo de cigarrillo.
Por Osvaldo
Nicolás Pimpignano *
No se trata
de algo nuevo. Al compartir espacios cerrados, fumadores y no fumadores se enfrentan
en una guerra en los que unos están desarmados y los otros armados con humo.
Los no fumadores se quejan de las molestias causadas por los fumadores, irritación
en la vista, la garganta, tos y un olor que consideran desagradable producido por
el humo. En tanto los fumadores, se molestan por la prohibición de fumar. Aseguran
ser discriminados, por no poder hacer lo que quieren, que es fumar en cualquier lugar.
Sin embargo,
esta disputa banal deja de lado algo mucho más importante: el humo de tabaco
en ambientes cerrados molesta, enferma y mata. Es sobre esta verdad, científicamente
demostrada, y que a las grandes tabacaleras le están costando cifras muchas
veces millonarias en concepto de indemnizaciones, que se debería construirse
un acuerdo social que permita generar ambientes libres de humo de cigarrillo.
De manera que
es urgente generar estos espacios, la efímera y simbólica creación
"de áreas para fumar y no fumar" han demostrado su inutilidad; el
humo tiene la capacidad de burlar las supuestas fronteras entre lo permitido y lo
prohibido.
Pero si esta
información científica sobre las consecuencias de fumar no se difunde
profusamente estaremos desperdiciando un tiempo valioso que es aprovechado por el
tabaco para seguir matando.
El humo de cigarrillo
contiene cianuro, arsénico, monóxido de carbono, hidrocarburos, alquitrán
y cadmio, entre otras sustancias nocivas para la salud.
Pero además
entre sus más de 4 mil ingredientes, 50 de ellos son cancerígenos.
En Argentina
mueren 40 mil personas anualmente por enfermedades causadas por el hábito de
fumar. Se trata de la primera causa evitable de muerte. De ellos, 6 mil son fumadores
pasivos. Así los asegura el Ministerio de Salud y Ambiente. Por eso, esa cartera
inició una campaña a tono con la tendencia mundial de restringir al
mínimo los espacios para fumadores.
Si se adoptara
una política que privilegie los ambientes libres de humo, no sólo todos
respiraríamos mejor, sino que estaríamos promoviendo la salud, y en
consecuencia, salvando vidas, ya que este tipo de espacios logran retardar el inicio
de la adicción, modificar la conducta social y, así, disminuir la aceptación
social del tabaco. Tambien reduciría en un 30% el consumo de cigarrillos entre
los fumadores, mejoraría la productividad al reducir el ausentismo por enfermedades
relacionadas al tabaquismo y, protegería la salud de los no fumadores.
Por último,
no son pocas las voces que se alzan contra los espacios libres de humo argumentando
que las empresas perderán dinero al prohibir fumar. En el supuesto que el lucro
fuera una razón para promover la muerte por intermedio del tabaco, el efecto
es el contrario, las empresas pierden dinero permitiendo fumar.
Las estadísticas
reflejan que el fumar les cuesta dinero a las empresas: tanto los fumadores como los
no fumadores faltan más al trabajo como consecuencia de los daños que
ocasiona el cigarrillo.
Respirar aire
libre de tabaco y prevenir las enfermedades que éste produce es un derecho
de la población que no fuma, y que es mayoría y debe no sólo
defenderse sino también preservarse. Favorecer ambientes libres de humo en
el hogar, en el trabajo y en los lugares cerrados en general facilita el proceso de
disminución del consumo de cigarrillos y protege la salud de los no fumadores.
Este es el acuerdo
social que debemos impulsar, para que todos los argentinos podamos tener una vida
más larga y saludable. Y para que no nos hagan fumar, pasiva y forzadamente,
nuestro futuro.
* Periodista
de Investigación
Miembro de AAPA y RdCalc
inradial@arnet.com.ar
Los tres mitos del fumador
Uno de los mitos que circulan por la sociedad es que la prohibición de fumar
viola los derechos de los fumadores. Es innegable que los fumadores tienen derecho
a comprar y usar un producto legal como son los cigarrillos. ¿Pero acaso los
no fumadores no tienen derecho a respirar aire limpio y puro? Está claro que
los fumadores tienen derecho a fumar, pero no a forzar a los no fumadores a fumar
y a enfermarse.
El segundo de
los mitos dice que el problema del humo ambiental se resuelve con un sistema de ventilación
y con áreas designadas para los no fumadores. Pero lo cierto es que no se han
credo sistemas de ventilación que sean capaces de eliminar del aire los contaminantes
del humo del cigarrillo. La separación física de fumadores y no fumadores
no protege a estos últimos del humo, aún cuando estén en habitaciones
separadas. Por lo tanto, es poco útil abrir ventanas, encender aparatos de
aire acondicionado o ventiladores.
Hay, todavía,
un tercer mito: "No hacen falta leyes para reglamentar los ambientes libres de
humo; son preferibles las normas voluntarias de autorregulación". Sin
embargo, es sabido que no existe un mecanismo para hacerlas cumplir ni forma de vigilar
su realización.
Consecuencias
comprobadas
Los adultos
no fumadores, al ser expuestos al humo en un ambiente cerrado, tienen un 30% más
de riesgo de padecer un infarto de miocardio que aquellos que no lo son. Entre un
20% y un 30% más de riesgo de contraer cáncer de pulmón. También
los niños menores de 6 meses cuyos padres fuman tienen entre 2 y 5 veces mayor
riesgo de padecer muerte súbita, más conocida como "muerte blanca"
del lactante. También, entre un 20% y un 40% más de riesgo de asma,
el doble de agudizaciones asmáticas, mayor riesgo de otitis, neumonías
y catarros de las vías aéreas.
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