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Por la Dra.
Elvira G. Trifiletti de Milone
Presidenta de la Liga de
Amas de Casa, Consumidores y Usuarios
Regional Lomas de Zamora
No podemos ignorar
que en nuestro país la falta de trabajo es una realidad grave, en aumento e
inocultable. Es este un delicado problema, de muy difícil solución.
A través del relevamiento periódico del mercado laboral comprobamos
que son muchas más de lo que podemos suponer, y de lo que las cifras de los
distintos organismos especializados nos indican, las personas, de ambos sexos, en
edad laboral las que se hallan, al momento actual, atravesando esta indigna situación,
especialmente en los sectores de mayor pobreza, cuyas necesidades básicas se
encuentran insatisfechas y asimismo entre los jóvenes que no logran acceder
a su primer empleo.
Ante la falta
de ocupación y la imposibilidad de encontrar una salida laboral las personas
pueden sentirse invadidas por la decepción y la inactividad, porque su derecho
a trabajar y a través de él alcanzar el bienestar propio y el de su
familia se encuentra vulnerado. Ello hará que baje su autoestima considerándose
abandonados por una sociedad que no les da cabida.
Es necesario
no sucumbir ante ese pensamiento, ya que no siempre es nuestra la responsabilidad
de encontrarnos desempleados, como tampoco ello es la confirmación de la propia
incapacidad para encontrar el sendero correcto.
Fortificando
diariamente nuestra estima con honestidad, descubriremos para qué actividad
poseemos talento, siempre existe; agudizar el ingenio y buscar la forma de superar
esa desagradable situación, sin esperar que la solución venga desde
afuera de nosotros mismos. Realizando un trabajo honesto y permanente, que lleve el
confort a nuestra familia, sin depender de ninguna dádiva, que seguro será
transitoria, creando una dependencia que, lentamente, hará disminuir nuestra
propia estima y la libertad del individuo. No podemos olvidar las ejemplares palabras
legadas por Juan Pablo II: ..."El trabajo humano es una clave, quizá la
clave esencial de toda cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente
desde el punto de vista del bien del hombre"
Observando el
globo terráqueo y conociendo la historia de los pueblos, vemos que muchos de
los países, hoy evolucionados, entre los que mencionamos, a manera de ejemplo
Japón, Italia, Taiwán, han crecido económicamente a través
de incentivar la educación y el desarrollo del trabajo colectivo, solidario
y comunitario, teniendo como meta el bien común y una conducta de superación
continua, a través del progreso de los microemprendimientos. Ello significa
la constitución de pequeños grupos, en ocasiones familiares, no mayores
de diez personas, cuyo cambio de actitud frente a la falta de empleo provoca que se
congreguen, con objetivos comunes y con el trabajo equitativo desarrollen una actividad.
El desarrollo
de los microemprendimientos representa una nueva filosofía de vida - muy distante
del asistencialismo que denigra y disminuye moralmente a las personas, dándoles
esta nueva forma, la oportunidad de ganarse su sustento y el de su núcleo familiar
a través de su derecho natural a trabajar.
Existe en el
mundo entero un caudal indiscutible de ejemplos de autogestión económica
ligada a realidades comunitarias de este sistema de cooperativismo, surgidas desde
la pobreza para hacer frente a numerosas dificultades a través de estos mecanismos.
En la Argentina,
debido a las épocas de crisis, el 80% de éstos emprendimientos se formaron
por necesidad. Así encontramos desarrollada y con éxito una amplia gama
de actividades, abarcando las huertas orgánicas, lombricultura, helicultura,
artesanías, servicios personales, confección de prendas de vestir, confección
de juguetes, fabricación de velas y jabones, cocina y repostería, reciclado
de ropa y botellas, entre otras, lo cual nos demuestra que con ganas y responsabilidad,
se puede desarrollar alguna actividad.
Estas microempresas,
autónomas, de trabajo solidario y comunitario, se van superando en su propia
tarea, incrementando con el esfuerzo de todos, continuamente su producción.
El funcionamiento
de los microemprendimientos se basa en el trabajo en equipo, donde cada uno de sus
integrantes asume el compromiso y la responsabilidad de las tareas, a través
de la capacitación continua, la creatividad y adaptación a los cambios.
De este modo se superan las crisis económicas.
Es fundamental
que todo microemprendimiento tenga un plan estratégico donde se establezcan
claramente los objetivos: ¿qué quiere lograr esta empresa y cómo?.
Capacitarse. Realizar un análisis de recursos necesarios para que al arriesgar
su esfuerzo, capital y trabajo, se logre el beneficio esperado.
Debe fomentarse
desde el estado la creación de microemprendimientos eliminando las trabas que
provocan las regulaciones necesarias para su inicio, sea éste una industria
o pequeño comercio, como así también deben simplificarse los
grandes y exagerados requisitos, costos fiscales excesivos y el complejo mecanismo
para la búsqueda de mercados de derivación externos.
Asimismo debe
el estado destinar fondos para la capacitación y asistencia técnica;
y financiar los proyectos productivos de los microemprendimierntos.
Igualmente, como ocurre en los países que nos demuestran su progreso y cuyo
ejemplo debemos imitar, no se debe coartar la libertad de trabajo de los emprendedores
creando leyes o decretos discriminatorios, imponiendo horarios y días obligatorios
de cierre o apertura a su actividad libre, que impidan desarrollar con eficacia los
emprendimientos, que si bien son pequeños en lo referente al número
de personas que los constituyen, no lo son en cuanto a sus anhelos de progreso.
Ello redundará
en la disminución del número de sujetos desempleados, ayudará
a su reinserción en el campo laboral, beneficiando de esta manera a las personas
individualmente facilitando su inclusión social, y el país verá
favorecido su desarrollo socio- económico y cultural, estimulando las oportunidades
laborales y mejorando así la calidad de vida de todos sus habitantes.
E mail: laclomasdezamora@yahoo.com.ar
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