Lunes 22 de Agosto de 2005  
Edición número 26 - Año 1
   
Plan Federal II

La inversión en obra pública ¿es un gasto o es una inversión?

Especial para Lo-más Regional
Lic. Andres Domínguez
Vicepresidente de la Cámara de la Construcción

¿Hacer un hospital o una escuela es un gasto? El que así crea, tiene una arcaica idea de lo que es la economía y particularmente, de una política económica. ¿Alguien se preguntó cuánto cuesta un argentino que no tiene salud en Argentina, que no va a la escuela? Evidentemente no.

Los presupuestos cero, equilibrios falsos en presupuesto equilibrado, son necesarios pero no resulta suficiente si no se aplica una política económica acorde a los intereses de la población. Luego de esta buena aclaración entremos en la materia.

El hecho que las viviendas a licitar, que son 300.000, es mas que importante pues si a esto se le suman las 130.000 en ejecución, estamos en presencia del plan mas colosal que con tres años de duración se haya hecho en la historia Argentina.

Esto se lleva a cabo con materiales y mano de obra Argentina, se hace con argentinos y se hace crecer una industria, madre de Industrias : LA CONSTRUCCIÓN, que genera más de un millón de puestos de trabajo en forma directa e indirecta. Para estos créditos, ya no necesitaran acreditar ingresos inexistentes. Para obtener un crédito, los jóvenes próximos a casarse contarán con elementos a favor ya que su garantía será el bien a construir y, si tiene algún ahorro, servirá para mejorar ese bien.

Todo empleo en blanco le genera techo propio a mas de 2 millones de personas en los tres años del plan Federal I y II, y esto resulta de multiplicar por cinco habitantes (ocupantes) promedio por vivienda. No se trata de construir viviendas simplemente; se trata de urbanizar, educar, planificar la salud en cada emprendimiento. Generar en el beneficiario el sentido de pertenencia, que se sienta poseedor legal de un bien económico, su vivienda, que ha pagado y que, a su vez, le ha generado trabajo, lo cual resulta un derecho inajenable.
Teniendo en cuenta todo esto, quienes hoy trabajan en contra de estos planes aduciendo que "no se puede", deberían explicar por qué. Esta afirmación es bastante inexplicable desde el punto de vista humano, aunque si desde la miseria humana.

Claro, cuando una persona pobre tenga techo y trabajo exigirá mas pues ya conoce lo que es vivir mejor, entonces la bolsa de alimentos ya no creará dependencia clientelística, sobre todo si los hijos de ese ciudadano se educan y comienzan a comer en su casa junto a sus padres y hermanos. Ya no se los podrá manipular; el individuo encontrará otra alegría frente a la vida y habrá menos recurrencia a la droga. Sus padres ya no estarán en una cola esperando los 150 pesos y sus hijos verán que ser un hombre de trabajo es una dicha. Sin duda, seguirán faltando cosas para vivir mejor, pero será a partir de necesidades básicas satisfechas, para arriba y no desde la miseria. Debemos comenzar una obra pública que sirve; es la mejor distribución de la riqueza que un gobierno puede administrar; es el mejor remedio anticíclico en la economía de un país.
Hay quienes se dicen amigos del país y del gobierno y viven haciendo lo posible por ahuyentar inversiones y provocar caos, meten paros salvajes como en el Garrahan, donde buscaron el conflicto por el permanente conflicto. Lo quieren tanto que individuos, sin profesión conocida y hoy algunos diputados/as, otros candidatos aparecen en los medios defendiendo lo indefendible. Cabría muy bien el refrán andaluz: "tanto quería el diablo a su hijo que le saco los ojos".

Los gobiernos deben gobernar, ser orientadores de las coberturas de las necesidades del país e incentivar a quienes pueden satisfacerlo, protegiendo los altos interés de la Nación, obedeciendo a un plan estratégico de corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, las viviendas del Plan Federal II, también son para la clase media, esa empobrecida y vapuleada clase media, que no hace piquetes, que trabaja silenciosa y que hace crecer el país pese a algunos gobiernos. Por eso es muy importante que los partidos políticos - tan necesarios para la democracia - se aggiornen; no pongan a cualquiera en las listas, seguros de que entran igual colgados de los pantalones o de las polleras de los líderes. Que pongan lo mejor; a hombres y mujeres sin extremos ideológicos; necesitamos una democracia participativa. Esto deben entenderlo claro: los líderes necesitan gente que la ayude a gobernar; no inútiles o fracasados que fueran responsables de esta situación, que vivimos y nada aportarían. Es hora de los honestos, que los hay en todas las dirigencias, pero que se necesitan más hoy que poner hombres y mujeres útiles no utilizables. Los que pregonaron la anarquía, el desorden social como medio de vida nuevo, no podrían ser ordenadores sociales, ya que su orden es subvertir los valores. No caben a esta hora ideologías que cayeron en el mundo, repudiados por su desprecio al ser humano.

Si este gobierno da trabajo; es su obligación. Si restablece la dignidad, seguro, es su obligación. Si respeta la seguridad jurídica; es su obligación. Lo que pasa es que hubo tantos que no lo hicieron (que la memoria nos dure) que hasta parece extraño. Los Argentinos venimos pidiendo, no que nos den una mano, sino que nos saquen la mano de encima y que al menos - aun para los más escépticos- se está cumpliendo. Ahora hay que ir por más y eso se logra acompañando con lo mejor, sin timoratos ni mediocres.

 

 

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