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Aguirre, trabaja
en Lomas de Zamora, y vive en La Matanza. Allí se desempeñó por
años como obrero de la construcción, y sus valores lo llevaron a ser
elegido entre sus compañeros de obra como delegado. Desde allí dio la
pelea por recuperar su sindicato caído en manos de un grupo de dirigentes ganados
por las prácticas desleales y corruptivas, convertidos en verdaderos gansters
del oeste del conurbano. Traficaban la vida de los obreros por dinero sucio con perversos
empresarios de la construcción, convalidando el trabajo en negro y la inseguridad
en las obras.
Todo terminó
hace meses, cuando el trabajo militante de Aguirre y otros compañeros, desde
la "Agrupación San Cayetano de trabajadores con y sin trabajo", a
pesar de las amenazas y persecuciones ejercidas desde la conducción local de
la UOCRA, en un proceso traumático lograron, a través de la Lista Violeta,
recuperar su organización de base y expulsar "a los traidores".
>Lealtades y traiciones
El sindicalismo
es uno de los roles sociales más íntimamente vinculado a la solidaridad
y que más requiere de lealtades.
Se llega a la
actividad sindical, legítimamente, por dos vías: Por una necesidad de
rebelarse frente a las injusticias sufridas en la relación laboral asumiendo
el liderazgo de los pares, o por autoreivindicación de la identidad cuando
la cuota de sacrificios aportados no se equipara a la de los beneficios percibidos.
Se llega por reacción. El trabajo dignifica y en él, el trabajador templa
la solidaridad y la lealtad, donde no hay ventaja para la traición. Pero cuando
éste mete la cola, por el hilo más delgado se corta.
Aguirre siguió
en la obra, pero sus compañeros "una vez llegados a la representación
sindical, alejándose de los obradores, rápidamente fueron ganados por
la voracidad de empresarios inescrupulosos, y alambraron la seccional convirtiéndolo
en su conchavo", dice a Lo-más Regional, mientras acompaña a sus
compañeros en una nueva jornada de movilización por la recuperación
salarial del sector frente a la Delegación del Ministerio de Trabajo.
Sus propios
compañeros habían cruzado la barrera "serán las autoridades
legales, pero carecen de toda legitimidad", afirmó cuando hoy los ve sindicalistas
corrompidos "mercenarios de la explotación, mercaderes de la muerte".
La legalidad en la que se amparan, desalojó la legitimidad con la que asumieran
sus cargos.
Nuevamente las
denuncias, nuevamente las amenazas y las persecuciones hasta ser dejado fuera de su
lugar de trabajo.
Libreta de desempleo
en mano, primero Aguirre se garantizó el trabajo; su lealtad y solidaridad
encontró en la reciprocidad de sus pares la posibilidad de reencontrarse con
la dignidad y contar con el sustento diario para mantener a los suyos, retomando el
camino de la militancia, y en ella la denuncia, acortando los caminos, y los tiempos,
ganados por la traición.
"Ahora
todo está en manos de la justicia" concluyó
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